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Margaret Thatcher: ¿Cuál es su legado?

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La falta de crítica y la reverencia abyecta observada en las declaraciones de personajes públicos y en los reportajes tipo obituarios de la prensa con ocasión de la muerte de la ex Primer Ministra, sólo tienen como propósito servir como propaganda para legitimar ante la conciencia colectiva las nefastas políticas públicas que ella impuso en su país y que también se aplicaron en muchos otros países.

Once años ejerció como Primera Ministra de Gran Bretaña (1979-1990). En dicho periodo acometió una verdadera cruzada para imponer políticas que cambiaron la estructura económica y social de ese país, las cuales generaron un nuevo escenario político caracterizado por la polarización de la sociedad británica.

Siempre cuando muere una figura pública, sus partidarios se esfuerzan por explotar las emociones del público y tratan de crear un culto, adjudicándole méritos excepcionales que puedan conducir a establecer una hagiografía alrededor de esa persona –no hace mucho con Chávez y ahora con Thatcher- por supuesto desde perspectivas distintas.

Es por eso que estos días hemos sido testigos de tributos desmesurados de los partidarios de la ex Primer Ministra, loas tan incomprensibles como la expresada por parte del presidente Obama: “el mundo ha perdido una gran campeona de la libertad” ¿Reflexionó bien sus palabras Barack Obama? Al parecer se olvidó que Margaret Thatcher apoyó el sistema de apartheid en Sudáfrica y llego a calificar a Nelson Mandela como “terrorista”. Es lógico preguntarse si estarán de acuerdo con esa apreciación las millones de personas de raza negra de EE.UU. y del continente africano. También habría que preguntar si el entusiasta y permanente apoyo al dictador Augusto Pinochet la convierten en “campeona de la libertad”. Además en su currículo se cuenta su admiración por otro dictador: el general Suharto de Indonesia, cuando expresó “es uno de los mejores y más apreciados de nuestros amigos”. No importó que ese “mejor amigo” usurpó el poder a través de un golpe de Estado con el apoyo de la CIA y llevó a cabo una política sistemática de eliminación de sus opositores políticos entre 1967 a 1998 (se estima que entre 80.000 a 150.000 personas fueron asesinadas posterior al golpe).

La falta de crítica y la reverencia abyecta observada en las declaraciones de personajes públicos y en los reportajes tipo obituarios de la prensa con ocasión de la muerte de la ex Primer Ministra, sólo tienen como propósito servir como propaganda para legitimar ante la conciencia colectiva las nefastas políticas públicas que ella impuso en su país y que también se aplicaron en muchos otros países.

Es común de un régimen totalitario demandar que sólo alabanzas se emitan cuando el “líder” muere, no permitiendo o tolerando críticas que cuestionen su desempeño en el cargo. En el caso concreto de Thatcher, uno de sus seguidores en Gran Bretaña ha llegado al extremo de estar compilando una lista de todos aquellos que se atreven a criticar su legado en los medios de comunicación, pretendiendo de esta manera atemorizar y estigmatizar a las personas que así lo quieran hacer. El objetivo es crear un mito sobre ella, una imagen a reverenciar.

En el marco de esa estrategia se engarzan las palabras de David Cameron, actual Primer Ministro conservador de Gran Bretaña: “Ella no solo lideró a nuestro país, sino que salvó a nuestro país”. Los datos duros indican lo contrario. Ella fue responsable de medidas que afectaron negativamente a millones de personas, no solo en su país, sino que en el resto del mundo. No hay que olvidar el rol importante que ella jugó en desencadenar la guerra del Golfo (1990) y su respaldo entusiasta a la invasión de Irak (2003), ejecutada por una coalición de países encabezada por EE.UU. y que el gobierno chileno de la época, junto a Francia, Bélgica, Alemania y otros se opusieron. Invasión que tuvo como único fin, puesto que nunca se encontraron las Armas de Destrucción Masivas (ADM) que se adujeron como una excusa para invadir Irak, el control que tienen actualmente las empresas norteamericanas e inglesas de los ricos yacimientos petrolíferos iraquíes, como también los kuwaitíes.

Al ser una figura pública que ejerció una gran influencia a nivel global se debe analizar en forma precisa y objetiva su legado, lo más lejos posible de la hagiografía que sus partidarios pretenden configurar. Al igual que Chávez en Venezuela y Pinochet en Chile, Margaret Thatcher fue una figura que generó un gran disenso y controversia. Como Pinochet dejó una sociedad más desigual y con una mayor concentración de la riqueza. Implementó las ideas económicas de Frederick Von Hayek con una convicción propia de un fundamentalista religioso, renuente a escuchar opiniones contrarias aún provenientes de su mismo partido. Se caracterizó por mostrar un desdén por los acuerdos y los consensos dentro y fuera de su partido. Impuso su doctrina de que “el Estado es el problema y no la solución”

Como los neoconservadores en el resto del mundo, estaba convencida que “menos gobierno es el mejor gobierno” y la única vía para asegurar la eficiencia y el crecimiento económico era entregando amplias facilidades al sector privado, ya que las actividades a cargo del sector público eran un peso improductivo para la producción de riqueza en la sociedad y que la única prioridad, del Estado, por ende, era reducir la inflación a través de una adecuada política fiscal, aún a costa de generar un mayor desempleo. Por lo tanto fue indiferente a los abusos que conllevaba un mercado desregulado que ella activamente promovió. Durante su gobierno el desempleo ascendió a 3,5 millones de personas, puesto que las políticas implementadas destruyeron una base importante del sector industrial a favor de un desregulado sector financiero.

En su gobierno se efectuaron recortes presupuestarios que afectaron principalmente a los desempleados y a los sectores más pobres, acrecentando la división del país y la anomia social. Las medidas introducidas y que muchos de sus admiradores consideran que fueron una medicina necesaria para mejorar la “enferma economía” de la década de los 70 y que, supuestamente, fomentaron el crecimiento económico, se desvirtúa con las cifras oficiales. La economía en Gran Bretaña creció, en promedio, en el periodo de su gobierno 2.4%, exactamente la misma magnitud de la década anterior. No hubo, entonces, el “milagro de productividad” que los apologistas del thatcherismo nos quieren hacer creer. De allí que no tenga asidero estadístico la aseveración hecha en el Mercurio que las medidas económicas neoliberales introducidas por Thatcher “revirtieron largos años de decadencia económica en Gran Bretaña”.

Economistas de diversas tendencias concuerdan hoy que la desregulación de las actividades financieras de la City (centro financiero de Londres), replicadas en el resto del mundo, son la causa basal para las posteriores crisis financieras, como la del 2008, que todavía afecta las economías de Europa y EE.UU.

Cuando Margaret Thatcher asumió el gobierno en 1979 prometió gobernar “reemplazando la discordia con armonía”, pero la armonía que estableció significó solo velar e impulsar los intereses de los grandes magnates británicos vinculados al sector financiero. En vez de armonizar agudizó la atomización social.

El thatcherismo, visión política que los analistas caracterizan por el énfasis que se le confiere a que el bienestar de las personas depende exclusivamente del esfuerzo personal y no del Estado, o sea, la autosuficiencia llevada al extremo y recitada como una verdad revelada para restarle todas las facultades regulatorias al Estado en pos del bien común, solo puede generar grandes desigualdades, como lo demuestra el hecho que cuando ella asumió el gobierno sólo 1 niño de 7 era pobre, lo que indicaba que Gran Bretaña había alcanzado una sociedad más igualitaria que en cualquier otro periodo, pero en los años de gobierno de Thatcher esta situación se revirtió: un tercio de los niños británicos estaban en una situación de pobreza, según las estadísticas oficiales. Para ella la desigualdad era inevitable, por tanto no puede sorprender a nadie que su lema fuese “No existe esa cosa llamada sociedad”.

Es por eso que su popularidad en Gran Bretaña estaba en los suelos en 1981 (25% de apoyo a su gestión), pero factores externos –la guerra de las Malvinas- acrecentaron su popularidad a 55%, según la encuesta Gallup, para disminuir posteriormente a 38%, a consecuencia de sus medidas de recortes presupuestarios. Pero en 1984 ella fue objeto de un atentado terrorista por parte del IRA, quienes pusieron una bomba en el hotel donde se hospedaba con motivo de la conferencia anual del Partido Conservador. La explosión causó daños considerables al edificio y 2 muertos. Naturalmente que una acción de ese tipo causó una gran repulsa de la opinión pública, generando a la vez una solidaridad a la persona a quien estaba dirigido el atentado, subiendo el apoyo a 50%. Sin embargo en 1985 el apoyo bajó a 30%.

Un nuevo conflicto, la larga huelga de los mineros del Carbón (1987), caracterizada por bloqueos de caminos y alteraciones de actividades económicas que generaron rechazo al accionar de los sindicatos mineros en gran parte de la población, Thatcher volvió a subir en las encuestas a 52%. Pero, en 1989 bajó a un 20% y terminó su periodo con un 29% (1990). En consecuencia, no fueron sus políticas económicas y sociales la causa de su popularidad, sino las confrontaciones con un “enemigo interno” –los mineros- y la guerra con Argentina (enemigo externo) las causales de su popularidad, no sus ideas neoconservadoras.

Es pertinente, como conclusión, mencionar lo que escribió un columnista del diario británico The Guardian: “La reivindicación de Thatcher no se puede dejar pasar sin cuestionamiento, puesto que no fue una ‘Gran Líder’ sino que la Primera Ministra que destruyó socialmente el país”.

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Foto: noaz /Licencia CC

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10 de abril

fe de errata: Por un lamentable error de transcripción se señalo en este artículo que la huelga de los mineros en Gran Bretaña aconteció en 1987. Dicha huelga se llevo a cabo en 1984.
Mis excusas. El autor

10 de abril

la mentira de El Mercurio- la vieja no mejoró nada y mató argentinos irlandeses inocentes… ademas de quitarle el trabajo y el pan a los mineros… y suma y sigue!

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