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El futuro de la Unión Europa: ¿el fin del eje franco-alemán?

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La victoria del partido socialista francés el domingo pasado es una doble forma de castigo al saliente Presidente Nicolás Sarkozy: por un lado, si bien sus decisiones en materia de política fiscal han apuntado a la austeridad y la reducción de la deuda externa, por otro lado, los franceses, a pesar de saber que un Presidente de derecha tenderá a rebajar el gasto para salir de la crisis, le han dado su voto a un socialista.

Así, el próximo Presidente francés tendrá la doble misión de cumplir con los valores y costumbres propios de un país acostumbrado a un Estado de Bienestar y de reducir la incertidumbre en el mercado de valores francés. En esta doble misión, existe un fuerte dilema para el nuevo Presidente: mantener las relaciones clásicas con Alemania, o generar un modelo propio, ya no basado en la austeridad, sino en el potenciamiento del desarrollo económico para salir de la crisis.

La crisis actual de la zona euro no es un producto de la Unión Europea (UE), sino consecuencia de problemas estructurales en el diseño histórico-institucional de este organismo supranacional, donde no existen verdaderos incentivos para transparentar las cuentas sobre gasto público de cada país al Banco Central Europeo (BCE) Teniendo esto claro, la tesis de la austeridad es una respuesta (una reacción) a una crisis estructural, pero no una solución. En manos de Francia está la posibilidad de solucionar la crisis estructural a través de un liderazgo nuevo basado en una mayor intervención y delegación de soberanía en la Comisión Europea desde los 27 países miembros, tesis que choca con la visión alemana de “laissez-faire” que centra en la política fiscal restrictiva todo su énfasis y preocupación. De esta forma, la llegada de Hollande puede generar un cambio en el eje franco-alemán, y por tanto, del futuro de la UE (diseñada para dar preponderancia y hegemonía a estos países en la toma de decisiones).

La crisis del euro es una crisis estructural de la UE, no el producto de una crisis foránea originada en un país que basa su economía en la desregulación de su mercado financiero.

La crisis del euro no es solo una crisis económica, es una crisis política, una crisis de valores y confianza entre los miembros de un regionalismo que en realidad deja el idealismo de lado y se enfatiza en la satisfacción de los intereses particulares de cada país. Los intentos de solución desarrollados en el Tratado de Lisboa el año 2008, a través de un Pacto de Estabilidad que restringe un endeudamiento de los países miembros de la UE superior a un 3% sobre el PIB, no fue respetado (lo que fue fomentado por Francia y Alemania para poder aumentar su rango de deuda y mantener sus industrias locales). Sumado a ello, el euro descansa bajo una tensión basada en una política fiscal no regulada y dependiente del criterio de cada país, y una política monetaria fija para todos los países aumenta los incentivos para falsear los datos relacionados a deuda interna y externa. Así, aquellos países que poseen Estados de Bienestar, pero no los medios para mantenerlos, inevitablemente deberán mantener (o aumentar, como el
caso griego) su gasto público para evitar conflictos internos y posibles crisis de gobernabilidad. El euro se vuelve, de esta forma, en un “elefante blanco”.

La crisis ha sido llevada bajo dos posiciones claramente delimitadas: la germana (no intervención, corregir la crisis mediante la restricción del gasto y conceder préstamos condicionados) y la francesa (intervención directa, haciendo lo posible para salvar al país en cuestión). Los medios europeos han destacado el liderazgo de Francia en el Consejo Europeo, y el rol más bien silencioso de Alemania. A pesar de ello, Francia no ha logrado imponer su visión, y han sido los alemanes quienes han logrado que su postura sea la que prevalezca. Se ha acusado, por ello, una ausencia de liderazgo en la UE, que Alemania no desea hacerse cargo de su rol director en el viejo continente. Este conflicto de visiones, a la larga, no hace sino agravar la crisis de solvencia y credibilidad de la zona euro.

Francia tiene la oportunidad histórica de replantear el eje franco-alemán y corregir los errores estructurales de la UE, proyecto que llevará a que inevitablemente entre en conflicto con los alemanes. Es hora de corregir los errores históricos, so pena de que la zona euro colapse bajo sus propios cimientos.

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Comentarios

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Flor

10 de mayo

Noto algo de esa inocencia del Estado clásico ¿en serio pretendemos creer en la tésis climatológica del capitalismo? que es una tormenta que pasará con el tiempo?
A estas alturas debemos comprender que los ciclos del capitalismo superan las estructuras que antes lo afirmaba y los canales institucionales o la buena o mala administración de las divisas son solo variables discursivas y especulación.

No existen argumentos suficientes ni económicos ni políticos que sustenten hoy en día la tésis de un liderazgo como forma de superar las crisis, la imagen del estado macroeconómico, del estado monolítico capaz de intervenir de forma eficiente, del Estado autómata autodeterminado, ESA es la crisis si quieres buscarla en algún lado.

Alemania puede haber leido muy bien esta situación, puesto que es la fantasía liberal, se explicaría mucho más porque ningún pais busca el liderazgo, saben que es una causa perdida.
Europa esta en una jaula, el capital ya se desvaneció y cambió de naturaleza.

11 de agosto

La UE nació con la idea de ser los EEUU de Europa, una superpotencia, pero el barro no puede unirse con el hierro, no poseen una lengua y cultura que los unifique, su crisis es estructural, y lo veremos en los siguientes 3 años…..

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