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EE.UU. y China: los desafíos que vienen

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Las elecciones en Estados Unidos y las definiciones del Congreso Chino estarán decidiendo cuáles serán esos líderes que van a dirigir el momento en donde estas dos potencias se encuentren en la cima de su poder. ¿Cómo será ese diálogo? ¿Podrán coayudar al mismo otras regiones del mundo?

En dos días más se realizará la elección presidencial en Estados Unidos. Y dos días después se inicia el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino, donde se elegirán los dirigentes que gobernarán dicho país, casi con certeza, por una década. ¿Coincidencia o son fechas que se buscaron una con otra, para poder tener claridad respecto de cuáles serán los líderes encargados de pensar el futuro de esas dos grandes potencias mundiales?

Las decisiones en Estados Unidos y China no son sólo un tema interno. Son un tema global ligado al devenir del siglo XXI . Y si alguien dice que en China ya está claro quién será el líder, falta mucho por conocer respecto de la estructura gubernamental en su conjunto y las tendencias que se asuman.

A lo largo de la historia siempre ha habido sociedades que se han encontrado en la cúspide de la hegemonía. Para los occidentales “el mundo” donde ello ocurría era Europa y luego, tras el fin del imperio español y del británico, la mirada se puso en Estados Unidos. Un itinerario donde la “transferencia” se producía bajo una misma cultura y una misma escala de valores . Existían la China y la India, pero ese era un mundo lejano y ajeno. Ya no, la globalización nos coloca en otro escenario.

Y allí se inscribe la forma como los chinos ven la llegada de su tiempo como hegemonía económica . Para ellos es reencontrarse con su historia, porque durante mil setecientos años China fue la primera potencia económica mundial, una condición –como lo señalan estudios recientes– perdida sólo a partir de la Revolución Industrial en 1750.

Para los chinos lo que viene es una vuelta a la normalidad. Para “los occidentales”, es un cambio enorme.

Pero hay más. La forma de “medir” el tiempo es diferente en la historia de países como China o la India, acostumbrados a pensar no en siglos, sino más bien en milenios.

Le pregunté en una ocasión al presidente Jiang Zemin desde cuándo existen 32 provincias en China, pensando que ello era de origen reciente tras el fin de los emperadores.

Nada de eso. Me dijo: “Fue bajo la dinastía Qin, en el 221 A.C.

(así de preciso) cuando el emperador Zheng unificó China y decidió que los señores feudales mantuvieren un rol importante; de ahí surgieron 30 provincias a las cuales siglos después se agregaron dos más”. En nuestro mundo occidental un siglo es una enormidad de tiempo.

Detrás de esa referencia, aparentemente anecdótica, hay un tema de fondo: asumir la diferencia.

De allí surgirán políticas hechas con solidez y realismo. La cooperación y el mundo a construir se darán si se asumen las mutuas identidades, la historia y las visiones culturales subyacentes. Por una parte, se trata del entendimiento entre dos países de dimensiones continentales . Pero, además, provenientes de civilizaciones y culturas distintas .

Unos, seguidores de Confucio. Otros, seguidores del pensamiento socrático-aristotélico y los Diálogos de Platón, mediante. Por eso, más que las preguntas ligadas a la crisis y las proyecciones económicas –que son importantes– cada vez hay más interrogantes sobre la forma cómo se va a producir “el entendimiento” entre Estados Unidos y China.

Las elecciones en Estados Unidos y las definiciones del Congreso Chino estarán decidiendo cuáles serán esos líderes que van a dirigir el momento en donde estas dos potencias se encuentren en la cima de su poder. ¿Cómo será ese diálogo? ¿Podrán coayudar al mismo otras regiones del mundo? ¿Cuál será el papel que podrá jugar Europa? ¿Y otros países asiáticos, como la India, o la propia América latina tendrán algo que decir?

Las elecciones en Estados Unidos se decantarán en torno a dos visiones de la sociedad.

Por una parte, los que apuestan a un rol más activo del Estado en beneficio de los que tienen menos; por otra, quienes creen que esto es mejor dejarlo al libre albedrío del mercado.

En el caso chino, se espera de la nueva dirigencia nuevos pasos en un proceso de creciente democratización y aumento en la participación ciudadana y, simultáneamente, mantener niveles de elevado crecimiento a través de una economía de mercado y una mejor distribución del ingreso para lograr una adecuada “armonía social”, como les gusta decir a los dirigentes de ese país.

Para China es una agenda compleja, sobre todo cuando se dejan atrás treinta años de un modelo de crecimiento económico que ya no puede seguir igual . Cabe pasar del modelo exportador con inversión extranjera a uno donde el crecimiento tiene como fuerte sostén el consumo interno.

¿Cuánto tiempo y con qué ritmo se harán esos cambios y cómo van a interactuar para fortalecerse los unos a los otros? Y, por otro lado, ¿cuáles van a ser los ordenamientos en el ámbito político, cuál el papel del Consejo de Seguridad y de Naciones Unidas?

¿Avanzaremos a un mundo más multipolar, asumiendo la fuerza de lo simultáneo y de la interconexión en manos de la sociedad, o derivaremos a fórmulas de poder bipolar en el tratamiento de las grandes cuestiones?

Cuando se ve al presidente Obama decirle a Europa que no puede dejar caer a España, se comprende mejor la interrelación vigente de las economías, ya que una caída del euro puede implicar una nueva recesión en Estados Unidos.

Ante esa realidad, ¿cuáles van a ser los mecanismos de gobernanza a niveles económicos y financieros y cuáles las nuevas regulaciones?

Y, por cierto, están aquellos otros temas aún más complejos -como los gases de efecto invernadero y el calentamiento del planeta, la lucha compleja y dura contra las drogas o dar un cauce, si ello es viable, a las migraciones.

Esa es la agenda en torno de la cual girará el gran debate que viene.

Se aproxima una semana histórica y son muchos los interrogantes frente a ella. Sólo cabe esperar que las opciones vayan en la buena dirección, porque se requieren liderazgos fuertes para una agenda que nos involucra a todos.

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Columna publicada en Diario Clarín

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Comentarios

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09 de noviembre

En cuanto a USA, entendiendo que usted es ateo, le quiero decir que Dios esta vivo…..culturalmente hablando la cultura norteamericana no es tan solo la elite intelectual de la costa este y oeste , esta el estados unidos creyente en Dios, y cuya creencia afecta su vision de si mismos su país y su entorno, la cultura norteamericana en cristiana , de un modo mas fuerte aun que nuestro propio modo cultural. China es una dictadura, el germen de su caída es y será el mismo, la corrupción, China vivirá el mismo proceso que experimentó la URSS, se tomará mas tiempo pero es irremediable. Al menos en los próximos s 4 años, tendremos un USA reactivo y temeroso bueno para hablar y malo para liderar, con simpatía no es mucho que se puede hacer.
Cuando mis alumnos me dicen que China sera el lider del siglo 21 , les digo que una nacion que tiene a millones de sus hijos con una sola muda de ropa , y que no sabe leer ni escribir poco o nada tiene que hacer para liderar , el hecho de poseer una mano de obra barata es eso, mano de obra barata, la creatividad viene de otra cultura. si suben los costos, Pakistán n o India ocuparan y de hecho están ocupando su lugar

09 de noviembre

Saludos

Con que facilidad se refiere a un País que debe administrar casi 1300 millones de habitantes, si aquí con aprox. 17…estamos…y USA con unos cuantos cientos tiene problemas….

Saludos cordiales

09 de noviembre

Saludos

Y agrego…cada uno de esos habitantes ES un sistema complejo, abierto, vivo y viable…

¿Qué holguras o grados de libertad pueden tener?

Saludos cordiales

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