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Quirimos rispeto (Diversidad SEXUAL en Chile)

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A la Raquel, la Eva, la Larguero, la Romané, la José Caballo, la Vanesa, la “Fresia Soto”, la Confort, la Natacha, la “Peggy Cordero” y la Gitana.

Todo partió un 22 de abril de 1973 en la Plaza de Armas de Santiago, cuando un grupo de trans prostibulares decidió romper el silencio y protestar por el abuso policial reinante, demandando derechos civiles no contemplados en la revolución socialista, entre ellos, el matrimonio homosexual. El asombro público y la represión no se hicieron esperar. Al otro día  la policía buscó a las organizadoras de la protesta por cielo, mar y tierra, mientras la prensa las enviaba al infierno de sodomitas pecadoras, tildando a las protagonistas del histórico mitin de “locas perdidas ansiosas de publicidad”. La  manifestación resultó ser el último grito de libertad en medio de un inédito proceso de transformación político – cultural que no sintonizó con las voces de la disidencia sexual en Chile. Para desgracia de muchos, incluyendo a la Raquel, la Eva, la Larguero, la Romané, la José Caballo, la Vanesa, la “Fresia Soto”, la Confort, la Natacha, la “Peggy Cordero” y la Gitana, jóvenes protagonistas de la inolvidable primera manifestación sexual en Chile, el 11 de septiembre de 1973 golpeó a todos con su historial de torturas, muertes y desapariciones. Pasaron muchos años para que homos, lesbis y trans volvieran al ruedo armando una política historia manifestante y callejera. 

Recuperada la democracia, el 4 de marzo de 1992, organizaciones de Derechos Humanos convocaron a una marcha en conmemoración de la entrega oficial del Informe Rettig. En ese contexto y vislumbrando la ocasión histórica de sumarse a otras luchas del movimiento popular, el incipiente Movimiento de Liberación Homosexual MOVILH Histórico acordó salir a las calles y participar de la manifestación. En esa oportunidad se presentaron alrededor de diez homosexuales enmascarados, vestidos de riguroso luto y portando un lienzo que rezaba: “POR NUESTROS HERMANOS CAÍDOS. MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN HOMOSEXUAL”. Pese a que se ubicaron al final de la marcha, a la cola de la izquierda, las reacciones fueron diversas; sorpresa y asombro en la mayoría, expresiones de simpatía entre las mujeres y deseos de muchos hombres de marchar lejos de los “maricones”. La importancia simbólica de ubicarse a la cola, como una especie de última lucha, unido al hecho de surgir en un período de complejas negociaciones políticas entre civiles y militares golpistas, reforzó el sentimiento de asombro que produjo en la escena pública la defensa de una sexualidad fuertemente sancionada. En la marcha el movimiento logró encauzar demandas nacidas de lo privado hacia un espacio político – público que se encontraba en auge debido al retorno a la democracia.

En ese político escenario recuerdo mi primer encuentro con el Movimiento de Liberación Homosexual MOVILH. Un poco antes había solicitado a Víctor Parra una invitación a las reuniones semi clandestinas que efectuaba el movimiento en una vieja casona del centro de Santiago, pero mientras esperaba y sorprendido por azares del destino, me encontré con los compañeros del MOVILH en las Grandes Alamedas marchando por los Derechos Humanos. Ahí, frente al Palacio de Gobierno marché con quienes más tarde serían mis compañeros de tantas e intensas batallas. Ellos, marcando diferencias, enfilaron coleando la caminata con sus rostros enmascarados esquivando el estigma social y vistiendo un riguroso luto que rendía homenaje a las víctimas de la dictadura. Superando la sorpresa y venciendo el miedo me sumé al grupo homosexual sin saber que ese gesto sería trascendente para la trayectoria política del movimiento e histórico en mi propio transitar. Después de ese hecho me integré a las filas del MOVILH, asumiendo diversas responsabilidades como conducir el primer programa radial de lesbianas y homosexuales en Chile, Triángulo Abierto, trasmitido por la feminista Radio Tierra.  

El 1 de marzo de 1993, activistas de la diversidad sexual anunciamos participación en una nueva marcha por los Derechos Humanos convocada por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos en inédita primera Conferencia de Prensa. En medio de un contexto generado por las repercusiones políticas que aún provocaba el Informe Rettig, el colectivo homosexual decidió sacarse las máscaras y mostrar sus caras. La conferencia contó con la asistencia de casi todos los medios de comunicación, excepto el católico Canal 13, representando una conquista clave para la causa política y comunicacional del movimiento por el efecto multiplicador que provocó la visibilidad gay en la opinión pública, propiciando un emergente debate sobre la homosexualidad en Chile.

En la marcha del 4 de marzo de 1993 más de trescientos homosexuales, lesbianas y travestis enarbolamos un lienzo que proclamaba: “EL GRITO ES EL ARMA DE LOS OPRIMIDOS. JUSTICIA Y RESPETO”, llamando la atención de transeúntes y medios de comunicación que registraban el sorprendente acontecimiento. La marcha fue emblemática para el movimiento por la repercusión pública que conquistó y porque en ella participó un significativo colectivo de travestis populares, entre ellas Raffaella Carrá, un conocido personaje que, usando el humor callejero, imitaba en sus shows del Paseo Ahumada a la famosa cantante italiana. En la marcha nuestra alocada Raffaella, junto a un llamativo grupo de compañeras trans, encabezó el lienzo del colectivo homosexual gritando divertida y entusiastamente: “RISPETO, RISPETO, QUIRIMOS RISPETO”, provocando reacciones de jocosa adhesión. Hasta ese minuto el público chileno sólo había visto el rostro de los gays norteamericanos y europeos marchando por las grandes avenidas de sus desarrolladas metrópolis a través de la TV, pero desde ese minuto el imaginario colectivo local era alimentado con rostros populares propios. Sin embargo, junto a la positiva recepción que tuvo en la prensa la audacia de los homosexuales de salir del clóset, el gesto provocó inquietud en distintos sectores. Por un lado, compañeras de las agrupaciones de Derechos Humanos sintieron el desplazamiento mediático de su causa de justicia producto de la rutilante presencia homosexual en la manifestación que hacía, simbólicamente, “desaparecer al desaparecido”. En la otra vereda un denominado “Movimiento por los Derechos del Hombre”, mediante una declaración divulgada por la prensa, criticó la visibilidad gay señalando que “una sociedad que tolere ciertas conductas no significa que las acepte como correctas y la forma tan jocosa en que se ha tratado este asunto tan importante, sólo sirve para confundir más”.

El 28 de junio de 1995, recordando un nuevo aniversario de la creación del MOVILH en la Corporación Chilena de Prevención del SIDA y conmemorando la histórica revuelta de Stonewall en Nueva York de 1969, un grupo de activistas marchó por el centro de Santiago hasta el cerro Santa Lucía portando un curioso lienzo que afirmaba: “SOMOS UNA REALIDAD HUMANA”. Encabezando el particular ramillete de post humanidad incomprendida estaba el escrito Pedro Lemebel, el activista y ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, Carlos Sánchez, y yo, un poco antes del polémico nacimiento de “El Che de los Gays”. La importancia de este callejeo político, junto con ser la primera marcha homosexual autónoma en tiempos democráticos, estuvo dada por la exigencia de cuotas de justa humanidad en medio de un Chile que castigaba con cárcel las relaciones sexuales entre hombres adultos mediante la existencia del artículo 365 del Código Penal. Más adelante ese deseante deambular impulsó a volver a las calles en los casi siempre lluviosos 28 de junio de cada año hasta que, cansados de la copia americana y buscando un caminar propio, decidimos cambiar la fecha de nuestra marcha trasladando la protesta a los fiesteros septiembre de cada futuro año, rindiendo homenaje a los homosexuales muertos en la incendio de la disco Divine de Valparaíso, trágicamente fallecidos un 4 de septiembre de 1993.

Descrita por la prensa como un “hito en la historia del movimiento homosexual”, organizada por el Movimiento por la Diversidad Sexual MUMS y ACCIONGAY, el domingo 17 de septiembre de 2000, aconteció una multitudinaria manifestación pública de miles de personas en pleno centro de Santiago, denominada “Patria Gay”. Ahí, cerca de las cinco de la tarde, Plaza Italia se encontraba repleta de una impresionante fauna lésbica, travesti y homosexual. La columna avanzó encabezada por Juan Pablo Sutherland y Pedro Lemebel, unidos a la Secretaria General del Partido Comunista, Gladys Marín. Escritores, políticos y activistas marcharon junto a raudas locas en patines, coloridas misses gays, pájaras emplumadas como el mítico Pato Egaña y "El Che de los Gays", travestido de novia con pañuelo blanco en la cabeza -emulando a las Madres de la Plaza de Mayo- enmarcado de patitas de chancho y portando un cartelito que proclamaba: “Sexo Libre”. Todo era alegría y jolgorio entre la multitud de participantes hasta que la marcha pasó por el Palacio de la Moneda y en un acto de perfomático foto – deseo, salté las rejas de seguridad que resguardan los jardines del Palacio Presidencial buscando inmortalizarme en el monumento al ex presidente Arturo Alessandri Palma, padre del también presidente de Chile, Jorge Alessandri Rodríguez, apodado en los 70 como “La Señora” en irónica referencia a su soltera sexualidad. Terminé detenido por un violento piquete de Carabineros, mientras decenas de manifestantes saltaban las rejas buscando sus propias imágenes, rompiendo así la ruta estipulada por la policía y organizadores. Al socorro acudió el abogado de Derechos Humanos Alberto Espinoza y la propia Gladys, logrando mi inmediata liberación y la continuidad de la revoltosa marcha.

Desde aquel histórico septiembre del año 2000, organizaciones de la diversidad sexual en Chile convocaron a la multitudinaria “Marcha del Orgullo Gay”. Sin embargo, aquella inicial denominación molestó e inquietó a un importante sector de lesbianas feministas que no se sintieron representadas en el “orgulloso” llamado, decidiendo organizar su propia caminata al final de la marcha “oficial”; denominada: “LA OTRA MARCHA”. El gesto de protesta comenzó a politizar el evento callejero, sumándose a mediados del 2000 la Coordinadora Universitaria por la Diversidad Sexual, un colectivo de entusiastas estudiantes que desfilaban proclamando que “la heterosexualidad no es natural” o rindiendo homenaje a nuestra Premio Nobel de Literatura, afirmando que “Gabriela Mistral no era mujer”. Así, poco a poco, el carnaval de tacos, plumas, siliconas y patitas de chancho, comenzó a entrecruzarse con la protesta pública homo y lesbo disidente, sumado a novedosas propuestas estéticas post identitarias, armando un llamativo e interesante entramado de colorida diversidad sexual en un septiembre maricueca, siendo el funeral a Andrés Pávez -querido activista y actor callejero muerto producto del VIH/SIDA- la escena más dolorosa e intensa. 

En septiembre de aquel 2004, contradiciendo la otrora “patria gay”, intervienen en la marcha de la diversidad sexual las inéditas demandas de madres lesbianas posteriormente agrupadas en “Las Otras Familias”, lideradas por la historiadora Emma de Ramón y la jueza Karen Atala. La orgánica nació luego del fallo del 7 de abril de 2004 de la Cuarta Sala de la Corte Suprema de Chile, que acogió una orden de no innovar presentada por el padre de las hijas de Karen Atala, otorgándole la tuición de las niñas por considerar que una madre reconocida como lesbiana y en convivencia con otra mujer sería dañina para el desarrollo de las pequeñas. En ese contexto la marcha de septiembre se inundó de justas demandas de familias múltiples y diversas, destacando mi presencia travestida de pañales de guagua, boina tipo Che y un marco de patitas de chancho con un cartelito que recordaba la hermosa canción que dedicó Silvio Rodríguez al Movimiento de Liberación Homosexual de Chile: “Te molesta mi amor”. 

Marcando polémica distinción de igualdad legalizada en tiempos de ascendentes demandas por regular las relaciones de parejas del mismo sexo, el sábado 25 de junio de 2011, Fundación Iguales y el Movimiento de Integración y Liberación MOVILH convocaron a la “Marcha por la Igualdad”. Los organizadores sacaron a la calle no sólo a homos, lesbis y trans, sino que a homosexuales liberales de  derecha que portaban estrellado lienzo, familias heterosexuales, parlamentarios concertacionistas, artistas de TV y una masa demandante de igualdades jurídicas e integradoras, tensionando así las proclamas simbólicas de un movimiento sexual que, históricamente, marchó exigiendo “derecho a la diferencia”. En ese contradictorio marco decidí participar sumando mi disidencia a la cola de la marcha de los colas, apareciendo con mi boina y patitas de chancho, tributando en mi puesta en escena el nombre del Movimiento de Liberación Homosexual MOVILH Histórico. Se trató de un justo reconocimiento a un legendario colectivo de emancipación sexual fundado en los albores de la democracia que ahora, contraproducente, marchaba masculinizado, igualado, elitista y desplumado, celebrando el oportunista “coraje político” de una derecha neoliberal que coquetea los votos multicolores de la diversidad. Esa llamativa tarde en “Alameda de las Delicias” marché con la foto tricolor de Salvador Allende transformando su épico último discurso presidencial, voceando: “Y se abrirán las Grandes Alamedas por donde pasen homosexuales, lesbianas y travestis libres para construir un mundo mejor”.   

* Víctor Hugo Robles es periodista, activista y apóstata, conocido como “El Che de los Gays”, autor de “Bandera Hueca, Historia del Movimiento Homosexual de Chile”.

** Esta entrada es un extracto de “Quirimos Rispeto”, presente en el libro “Diversidad SEXUAL.10 años de Marchas en Chile. Fotografías de Kena Lorenzini". El libro, que también cuenta con textos de Diamela Eltit, Raquel Olea, Valentina Verbal y Cristian Cuevas Zambrano será presentado en la Feria Internacional del Libro de Santiago, jueves 10 de noviembre a las 17:00 horas en Centro Cultural Estación Mapocho 

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Foto: La activista trans Claudia Rodríguez, por Kena Lorenzini. 
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