Columna en Género
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La discusión que viene: los micromachismos.

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A las brasas de la desesperanza, la desesperación y el hartazgo, materializados en el movimiento #niunamenos, se hace preciso tomar una sabia distancia, repensar los conceptos e intentar pasar a un siguiente nivel en la discusión. Una pausa necesaria para que esto no se transforme en un caballo de Troya vacío, en una rabieta sin sustancia, y el impulso no se diluya o se desgaste gracias al manoseo mediático de los mismos repetidos argumentos.


Es un asunto no menor el que se nos ofrezca entrar gratis a las discotecas, porque somos carnada para el ingreso y el consumo masculinos.

Porque ya debería ser debate superado la relevancia de la equidad en las labores domésticas o en el cuidado de los hijos. Ya no deberíamos hablar sobre la brecha salarial y de los planes de las isapres. No nos detengamos en el repudio a la violencia sexual del hombre hacia la mujer. Ya nadie se atrevería a poner en duda la validez y justicia de estas inquietudes sin el riesgo de ser linchado.

Ahora debemos detenernos ante los temas que constituyen el germen oculto, donde no hay plena consciencia aún, o donde no hay denuncia ni acuerdo.

Debemos empezar a hilar (o a deshilar) más fino, afinar el oído, si queremos atacar la raíz del problema y no pasar otro siglo sólo podando ramas.

Me refiero a los micromachismos, porque respecto del macromachismo ya estamos todos en la misma vereda, al menos en el discurso público.

Para ello se necesitan verdaderos líderes de opinión, ya no que instalen ideas preconcebidas en la mente de la galería y que ésta las repita como loro, sino que se siembre la semilla de la sospecha autónoma, de la lectura entre líneas. El siguiente paso es volverse más vígil, que no pasen el filtro del descuido señales que tienen en su fundamento, ni muy obvio ni muy explícito, pero fácilmente detectable, una idea de mujer como organismo inferior en derechos, capacidades, calidad y dignidad. Me refiero también al discurso femenino, que muchas veces ha permitido, promovido y eternizado estos patrones, desde la comodidad de las franquicias sociales que se nos brindan. Hay que empezar a revisar todo lo que se dio por sentado, oírnos, encontrar la hebra inicial y jalarla hasta el último nudo.

El micromachismo es la punta del iceberg, mimetizado con el uso social, que habla desde una relación de asimetría, pero que goza de tolerancia y pasa inadvertido hasta como parte de la cortesía. Un micromachismo es la aceptación que tiene por ejemplo la supuesta mayor labilidad emocional de la mujer, nuestra incapacidad para manejar dinero, nuestro rol público relegado a las labores humanistas, como el cuidado de las personas, la educación y las relaciones interpersonales. Que no tenemos habilidades para las tareas altamente abstractas o donde se requiera precisión mecánica. La sola existencia de bares nudistas, de la pornografía clásica (heterosexual, para hombres), nos muestra un imaginario colectivo de un ideal de mujer muy cómodo, predecible y llevadero (siempre sumisa, disponible y complaciente), en un esquema de trato utilitario. Así, su consumo y su disfrute nos hace adherentes y cómplices. De ahí que no se tolere y se acabe violentando a una mujer de verdad, que no será necesariamente cómoda, predecible ni llevadera. De ahí que se nos tilde peyorativamente de ‘feminazis’, histéricas o ‘cuáticas’, porque comenzamos a ser cada vez más incómodas y ruidosas. Es un asunto no menor el que se nos ofrezca entrar gratis a las discotecas, porque somos carnada para el ingreso y el consumo masculinos. Que se use y abuse de nuestra sensualidad y sexualidad en la publicidad, transformándola en moneda de cambio, como algo que se puede desear y tomar, sin importar nuestro consentimiento, dando pie para que se extrapole a la calle, donde se nos recuerda todo el tiempo que somos parte de la vitrina y del paisaje, que estamos ahí para adornarles el mundo. Que se piense que uno busca y desea el acoso sexual cuando elige vestir de manera vistosa o sexy, siendo que en general la única opinión que nos importa es la nuestra y tal vez la de nueatrx compañerx. Que se imponga en nuestras mentes la obligatoriedad de la delgadez, belleza y juventud eternas, para ser dignas de ser amadas (por un hombre). Que es nuestro deber primario su felicidad y no la nuestra. Que le debemos todo el sexo que él requiera, además, para evitar que se vaya con otra o nos condicione algún bienestar que tengamos con él. Que se suponga que uno siempre espera o busca a un hombre para tener una vida plena. Que las mismas mujeres miren con lástima a quien no quiso tener el hogar tradicional, con hijos y marido… y un largo etcétera.

Un micromachismo es un gesto que nos pone bajo el alero de otro, para que nos proteja, para que tome decisiones por nosotras, para que modere nuestro comportamiento y nos dé permiso para hacer las cosas, sobre la base de que no somos capaces de hacerlas solas.

Aparentemente cosas pequeñas, pero con gran poder de seguir impregnando desde mentes incautas hasta una sociedad completa.

Tampoco me voy a detener en la apología añeja y facilista de que ha sido demostrado el hecho de que una mujer puede mantener y cuidar de su casa, criar a sus hijos, tener vida personal y salir airosa sola, mientras que un hombre ante el mismo desafío probablemente busque a una mujer para que le ayude. No, no voy a caer en eso.

Pero no crea que por ello odiamos a los hombres. Todo lo contrario. Aspiramos a la igualdad y al amor mutuo.

No desconocemos que existe la violencia hacia el hombre en variados formatos, incluso a manos de sus propias parejas mujeres, pero hoy se trata de la violencia de género, de la ejercida fruto de la percepción de la mujer como propiedad del hombre. Tampoco nos referimos a la violencia pura y dura de la delincuencia, de la guerra, de la que somos víctimas por igual.

Hay que decir que a nosotras tampoco nos gusta el feminismo. No nos fascina quejarnos del trato desigual y muchas veces vejatorio. No vamos felices a las marchas. Desearíamos que no fuera necesario.

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Comentarios

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24 de Octubre

Sublime columna.Por fin leo un artículo sobre la necesidad de avanzar al siguiente nivel escrito por puño de una feminista. Ya era hora que alguien se animara a dar un alto a las frases y discursos aprendidos de memoria, apoyado en la censura “so pena de linchamiento”, tal como dices tu. Pero basta de mermelada, es necesario notar que existe un distanciamiento innegable entre el Feminismo y una buena parte de la sociedad no conservadora, que desde mi perspectiva es fruto de esta retórica que insiste en adjetivar comportamientos con el apellido patriarcal/machista y achacarlo al género masculino o a este sistema que unilateralmente organizamos (desde la perspectiva feminista, claro). La distancia que separa “micromachismos” de actitudes éticamente reprobables es muy difusa, por no decir nula; y estas actitudes no responden a una categoría en particular incluso cuando las feministas se obstinen en hacerlas encuadrar en su modelo. Si hago énfasis en este punto, es con la intención de recalcar la relevancia de la conceptualización acertada en un modelo teórico, puesto que si pretenden explicar la realidad con él, la totalización en el ideario implica pasar por alto numeritos como el del papito corazón que con letrero en mano fue a la marcha Niunamenos, sacó portadas a nivel internacional y ya sabemos el resto de la historia. Así mismo, tenemos el caso de la Sra. Lucía Hiriart, que en su momento fue garante de crímenes contra sus congéneres…”Micromachismo”?Por algo se parte.

El Burrito

24 de Octubre

Wow estoy un poco confundido, estoy de acuerdo en el 90, quiza 95% de su discurso, tambien desde pequeño siempre me ha irritado la manera segmentaria en que se educa desde la base a niños y niñas como si tuviesen roles predefinidos

Nada que decir, aplaudo su manera de pensar y de ver de forma critica nuestra sociedad y como esta impone a la mala un perfil en el que si no encajas a la perfeccion “mereces” ser discriminadx

lo unico en lo que difiero es en el uso del termino feminazi, yo lo veo como algo positivo si va en boca de gente informada, al menos en mi caso utilizo ese termino y mucho, y es que al menos EN MI MENTE, NO CABE LA POSIBILIDAD DE METER AL MISMO SACO A UNA FEMINISTA QUE LUCHA POR IGUALDAD Y BUSCA JUSTICIA, CON UNA FEMINAZI QUE PROPONE QUE LOS HOMBRES DEBEN MORIR, SER ABORTADOS Y QUE TODAS LAS MUJERES DEBEN LESBIANIZARSE y muchas dicen “no , esas son extremistas y son una minoria” pero luego te das cuenta que en cada manifestacion por la igualdad aparecen, y que por cada feminista que alza su voz por la igualdad, luego sale una de estas lacras a ensuciar el movimiento y a generar segregacion. Y al menos como hombre es dificil, acabas en una posicion donde apoyar una causa justa como anexo implica que estas a favor de ser exterminado y pues… nadie cuerdo apoyaria eso .-.

En fin ojala la sociedad pueda avanzar y podamos darnos cuenta que lo unico necesario para mejorar es entender que todxs merecen respeto por su calidad humana …y punto.

25 de Octubre

Así que banean los comentarios? Una lástima, uno se da el tiempo de leer el artículo, preparar réplica para que luego eliminen el comentario. Quién es el responsable de censurar en este foro? O es por los intereses detrás del tema? Pregunto para no perder mi tiempo.