#Género

De homo a hetero familia

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El rol de nuestro Legisladores es el de representar las necesidades y problemáticas de la ciudadanía, fiscalizar y legislar en relación al bien común de una sociedad o grupo específico. Por lo mismo, son los Parlamentarios y el Presidente de la República los que tienen una deuda pendiente con las minorías homosexuales.

Parece anecdótico que el Artículo 1 del Capítulo I de nuestra actual Constitución Política, señale que “las personas nacen libres e iguales en dignidad de derechos”. El Estado está al servicio de las personas, debiendo contribuir a crear las condiciones sociales que permitan la libertad e igualdad entre sus ciudadanos.

En esta lógica, ¿no es acaso el impedimento al matrimonio homosexual una forma de discriminación de las libertades individuales y una forma de establecer desigualdades entre las parejas de distinto sexo y las parejas de mismo sexo? Mientras la ciudadanía se abre a aceptar el matrimonio homosexual, el gobierno se niega a hacer una reforma que elimine las diferencias legales entre las parejas en Chile.

En febrero de este año, los resultados de la encuesta Criteria Research, señalan que el 41% de los santiaguinos(as) acepta el matrimonio entre las personas del mismo sexo. Pero este apoyo no solo se ve en encuestas, sino también en la masiva marcha por la diversidad convocada para exigir el matrimonio homosexual. En efecto, esta marcha convocó 80 mil manifestantes, donde unas 10 mil personas marcharon en Santiago. Entonces, si la ciudadanía lo demanda y el Estado tiene el deber de igualar los derechos de la personas, ¿por qué aún no se ha legislado a favor del matrimonio homosexual?

A pesar que el Estado se separa de la Iglesia a través de las leyes laicas en 1880, el antiguo paradigma “Padre-Madre” como pareja y base de la familia sigue siendo el dominante. En esta concepción eclesiástica, el hombre es el jefe de hogar, quien lleva el sustento económico, mientras la mujer es quien realiza el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos. Ese ideal de “familia” eclesiástica quiere ser impuesto en la esfera pública por un sector de chilenos y un sector del gobierno. Esta imposición valórica no solo significa una violación a la separación iglesia-Estado, sino también representa a una imposición valórica de la minoría sobre la mayoría y un desconocimiento a la diversa realidad de las familias chilenas. El 69% de los santiaguinos estima que la iglesia católica no debería involucrarse en discusiones valóricas de la sociedad, al no tener moral para criticar (Encuesta Criteria Research). Del mismo modo, la familia Padre-Madre no responde a la realidad chilena de 136.971 divorcios inscritos entre el 2005-2011 en el registro civil y un número creciente de parejas homosexuales que quieren formar familia.

El Estado no debe seguir respondiendo a concepciones valóricas históricas, sino debe hacerlo a la diversidad de familias existentes hoy en Chile. Familias sin padres donde los abuelos cumplen ese rol, familias mono parentales, familias homosexuales y heterosexuales deben tener igual dignidad y garantías legales. Esto significa pasar de una concepción homo familia (padre-madre) a una hetero familia.

Pensar en hetero familia significa abrirse a que más personas tengan derecho a adoptar niños. Muchos de los detractores del matrimonio homosexual argumentan sobre el “riesgo” de que estas parejas puedan adoptar niños. Por un lado, estos miedos están fundamentados en una mitología de traspaso de conductas homosexuales a los niños o estigmatizaciones sobre conductas impropias ligadas a la homosexualidad. No existen estudios que comprueben que esto ocurra realmente o que exista una alguna diferencia significativa con las parejas heterosexuales. Por otro lado, es argumentado el derecho de los niños a tener padre y madre. Al respecto conviene recalcar que el primer derecho a asegurar es que los 700 a 1.000 niños abandonados cada año en Chile puedan crecer en un hogar donde reciban afecto, sean estos mono parentales, uniones de hecho o parejas homosexuales o heterosexuales. A los procesos posteriores de selección de familias receptoras corresponde establecer la sanidad mental y la solvencia económica de los hogares receptores y no a una a una ley discriminadora a priori en base a la opción sexual de las personas.

Existe una diversidad de países que entendiendo esto han legislado sobre el matrimonio homosexual, otorgándole los mismos derechos que a las parejas heterosexuales para casarse y adoptar hijos. Los primeros países en el mundo en legislar sobre el matrimonio homosexual (que no es lo mismo que Unión Civil) fueron los Países Bajos (2001), Bélgica (2003), España (2005), Canadá (2005), Sudáfrica (2006), Noruega (2009), Suecia (2009), Portugal (2010), Islandia (2010) y Argentina (2010). En Estado Unidos el matrimonio del mismo sexo es reconocido por cinco Estados y por el Distrito de Columbia. La Ciudad de México es el único otro lugar en América Latina donde los homosexuales tienen los mismos derechos que las parejas heterosexuales para casarse y adoptar hijos. El país trasandino, único país de América del Sur que ha legislado sobre el tema, establece en la Ley de Matrimonio Homosexual modificación del Código Civil, reemplazando en todos los artículos de la ley la expresión de “hombre y mujer” por el de “contrayentes”. Esto significa la equiparación de derechos de todas las personas independiente de su orientación sexual, la posibilidad de adopción, herencia y derechos sucesorios, cobro de pensiones por fallecimiento y otras relativas a la seguridad social.

Por su parte, no hay que dejar de lado a otros países que contemplan la convivencia de personas del mismo sexo, como las uniones civiles, que otorgan a los contrayentes muchos de los derechos y obligaciones que supone el matrimonio, aunque no los equiparen totalmente. Algunos de los países que cuentan con esta figura son: Alemania, Andorra, Australia, Brasil, Colombia, Dinamarca, Ecuador, Eslovenia, Finlandia, Francia, Hungría, Israel, Liechtenstein, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Reino Unido, República Checa, Uruguay y Suiza. En esta misma línea, la Unión Europa ha hecho un llamado a sus estados miembros a legalizar el matrimonio homosexual. Entre los países que están examinando las normativas y proyectos de ley en Europa están Rusia, Ucrania, Moldavia, Lituania, Letonia y Hungría. Por su parte, en Bolivia existen dos proyectos de ley sobre unión legal de personas del mismo sexo que se encuentran uno en la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara Baja y el otro en elaboración final.

Bajo este contexto mundial, el papel de nuestros congresistas es más que fundamental para validar esta propuesta. El rol de nuestros legisladores es el de representar las necesidades y problemáticas de la ciudadanía, fiscalizar y legislar en relación al bien común de una sociedad o grupo específico. Por lo mismo, son los parlamentarios y el Presidente de la República los que tienen una deuda pendiente con las minorías homosexuales. Mirar hacia el Chile 2020 o 2030, significa observar cómo cambia la sociedad chilena, sus gustos, opciones sexuales, su visión sobre la educación, familia, medio ambiente; que es lo que necesitan, que los aqueja y sobre aquello, fijar políticas públicas orientadas hacia una sociedad que demanda igualdad real. Es por lo mismo que resulta relevante respetar y validar constitucionalmente una realidad existente, que permita a dos hombres o dos mujeres legitimar su vida en común y construir una familia.

Chile es un país desigual económicamente, pero también lo somos urbanística, educacional y sobre todo socialmente. El estar a favor del matrimonio homosexual es estar por la igualdad de derechos de todas las personas independiente su orientación sexual. Hay que jugársela por un modelo más inclusivo que permita saldar las desigualdades sociales, estar por el matrimonio homosexual es una forma, ¿por qué no hacerlo?

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30 de mayo

Felicito gratamente el artículo aquí expuesto, no sólo por su contenido, profundo en convicciones políticas y la defensa sólida de la diversidad que debiera imperar en nuestra sociedad chilena, pero también por la excelencia de las notas y la buena combinación entre discurso y material académico ofrecido.

Personalmente adhiero a las ideas presentadas el artículo, compartiendo su sentido último, que es pensar en un modelo de sociedad donde la igualdad va más allá de lo económico, sino en nuestro marco de valores, que se traduce por tanto en la organización de nuevos modelos de familia, donde se privilegia por sobre todo el amor que existe en ellas sin caer en rígidos y antiguos modelos del machismo dominante y la tutela de la religión.

01 de junio

Felicitaciones Nicol, buenísima columna. Es de esperar que algún día en nuestro país todas las desigualdades desaparezcan.

leticia casta

05 de junio

No deseo casarme, sin embargo, quien quiera asumir esa figura está en su derecho de hacerlo. No soy, ni quiero reprimir el deseo de otras/os.
El problema es que esos otras/os no están ocupadas en la exclusión que me causa su deseo. Me pregunto ¿por qué -si yo tortillera- acepto que ustedes se casen, ustedes propician la obligación de que todas las personas se casen, aunque al igual que yo no deseen hacerlo?
Cuando el matrimonio se alza como la única figura “democrática” que regula derechos de las parejas -que nos deben pertenecer a todas/os las parejas- entonces se transforma en una obligación que reprime mi deseo de no casarme, pues deberé hacerlo si es que quiero acceder a esos derechos con mi o mis parejas
¿No sería más interesante buscar una fórmula que sin obligarnos a reproducir la cultura (matrimonearnos), se ocupe de no excluir la obtención de derechos de todas las parejas que poseen posiciones similares a las comentadas?
El concepto héterofamilia se entiende en contexto. No obstante me da dolor de guata por su alusión -ingenua de pronto- al proceso heteronormativo que homonorma a gays , lesbianas, travestis, bisexuales.
Interesante columna. Me gusta que las mujeres escriban, aunque no esté de acuerdo con ellas.

Carolina

27 de diciembre

Yo te entiendo Leticia pero… en estos momentos no es que tu “no queras casarte” es que simplemente “no puedes”… Y es ahí donde empieza el conflicto.
Y te entiendo honestamente porque yo soy hetero y no me quiero casar a pesar que puedo… y la sociedad insiste en que la que esta mal soy porque no me quiero casar y no quiero tener hijos, al parecen todavía las mujeres no somos nada mas que unas maquinitas de hacer bebes.

Pero como te digo… Todo va en “poder elegir”, yo elegí esto para mi, lo que los demás digan no importa, siempre y cuando yo pueda elegir.

De verdad espero avancemos en estos temas y tengamos todos las posibilidades de dirigir nuestras vidas sin que nadie nos impida consolidar lo que sea que queramos hacer.

Pero por mi que el matrimonio caiga en desuso y la gente empiece a vivir en la realidad ¬¬ ya basta de mentiras.

Pero esto solo podrá ocurrir eventualmente cuando todos podamos casarnos…. Y así podremos todos LIBREMENTE no casarnos.

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