Columna en Energía
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La autoconstrucción de aerogeneradores (o cómo democratizar la energía)

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Hace algunos años, un ex intendente de Aysén que oficiaba por esa época como panelista de un programa de televisión local lanzó la siguiente frase: “Pero Patricio, no pretenderás que toda la gente viva de la venta de mermeladas y pan amasado”.


Lo pequeño efectivamente sigue siendo hermoso y para ello, necesariamente, debemos arrebatar la riqueza de la energía de los bolsillos de las corporaciones, es decir, democratizar, un bien tan esencial.

Con esta idea, mi interlocutor daba cuenta de la visión sobre el tipo de desarrollo que, en su moderna perspectiva, debía seguir la Región de Aysén.  Fue su manera de responder a mi exposición sobre la importancia del desarrollo económico local, la necesidad de incorporar a la producción conceptos como capacidad de carga de los ecosistemas, resiliencia y, por cierto, de avanzar hacia procesos que no se basen exclusivamente en la transacción económica y el extractivismo.

Ha pasado el tiempo y la disputa de visiones se mantiene. Es la pugna entre la noción de progreso tradicional y la que Ernst Friedrich Schumacher plasmara en 1973 en su obra “Lo pequeño es hermoso: Economía como si la gente importara”.  Lo vemos todos los días, en todos los lugares, en todos los ámbitos.

Ejemplo de ello es el taller de autoconstrucción de generadores eólicos (aerogeneradores) que este martes comenzará en Coyhaique y que fuera promocionado por la prensa nacional y local. La confluencia de voluntades y convicción de que es necesario arrebatar la energía de las garras de la mercantilización hizo posible un encuentro que ya se ha programado replicar en otras localidades de la región e incluso –como se estila decir- ya tiene “pedidos de provincia”.

Solo sociedad civil organizada e instituciones académicas y empresas que aportaron materiales y alimentación, hicieron posible este taller que superó con creces las expectativas en inscripción, en nuestro Aysén, la región que ha sido protagonista, precisamente, en los debates sobre energía y sustentabilidad.

Al contrario, desde la institucionalidad gubernamental se sigue respaldando e intentando imponer alternativas que se basan en la premisa “mientras más grande, mejor. Fresco en nuestra memoria está el 18 de enero de este año cuando el Comité de Ministros dio el visto bueno a la represa río Cuervo de la trasnacional Glencore. Un embalse de 13 mil hectáreas, sobre una falla activa, destruyendo ecosistemas, haciendo desaparecer dos de los menos intervenidos lagos del país.

Son las miradas que se confrontan, a fin de cuentas, en distintos momentos. La Comisión Regional de Desarrollo Energético, encargada de elaborar la Política Energética Regional, por ejemplo, este martes, día del inicio del taller de autoconstrucción de aerogeneradores, tendrá su novena sesión. El diseño de esta política que es de, para y por la Región de Aysén recibió un duro golpe cuando, en plena discusión, el gobierno tomó partido por una de las opciones de exportación de electricidad a gran escala, en circunstancias que aún no se han evaluado escenarios futuros ni analizado los resultados sobre los estudios de cuencas que el propio Ministerio de Energía contrató.

Pero a pesar de esta inconsistencia, hemos decidido seguir participando en la comisión, como Corporación para el Desarrollo de Aysén. No por el ministerio, tampoco por el gobierno, simplemente por responsabilidad frente al futuro que pretendemos hacer posible. Uno que, si hacemos las cosas bien, demostrará que lo pequeño efectivamente sigue siendo hermoso y para ello, necesariamente, debemos arrebatar la riqueza de la energía de los bolsillos de las corporaciones. Democratizar, en la práctica, un bien tan esencial.

Es lo que se llama soberanía energética. Un camino que en esta tierra no debiera ser muy difícil de emprender.

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