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Una más de la crisis odontológica ¿Hemos perdido el rumbo?

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Aun cuando los propósitos centrales de las instituciones de educación odontológica en Chile son preparar profesionales capaces para resolver los problemas de salud bucal del país y el mundo junto con hacer que sus egresados se incorporen rápidamente al mercado de trabajo, con la crisis odontológica (que llegó al parecer para quedarse) ninguno de los dos se ha logrado satis­factoriamente.

Como estudiantes y profesionales de la salud de la cavidad oral (lea la pregunta que sigue, deténgase y piense) ¿Sabemos lo que se necesita para mantener un paciente sano para siempre? Algunos podrán sorprenderse pero la mayoría de los consultados coincide en estos puntos: investigación y desarrollo, educación, intervención temprana, prevenir y reparar el daño, controles periódicos, siendo este último esencial para el asentamiento y la consolidación de los demás. Pueden agregar las acciones que estimen en cada uno de esos pilares, pero llama la atención que, conociéndose los desafíos centenarios de la odontología que nos acompañan desde la flebotomía y barbería, todavía no podemos hacer frente eficientemente los problemas odontológicos de más relevancia para nuestro país y el mundo.

Las actividades profesionales en odontología, desde sus inicios se han dirigido especialmente a la rehabilitación y restauración de las estructuras dentarias como consecuencia de la disolución que genera la caries; la odontología como profesión no se creó con un enfoque preventivo, sino curativo y restaurador-invasivo, avanzando rápidamente en las especialidades que más dividendos entrega, con tecnología de punta (aunque solo aprovechadas por aquellos pacientes que pue­den pagarlas).

En caries, teniendo en cuenta la evidencia disponible, prácticamente el 65 % de las actividades clínicas efectuadas por los Cirujanos Dentistas se ubica en la etapa del “después” de la enfermedad, el 25 % “durante”, y solamente el 10 %, en la del “antes” de la enfermedad, es como si en la poliomielitis el esfuerzo estuviese en mejorar las sillas de ruedas y no en la vacuna.

Aun cuando los propósitos centrales de las instituciones de educación odontológica en Chile son preparar profesionales capaces para resolver los problemas de salud bucal del país y el mundo, junto con hacer que sus egresados se incorporen rápidamente al mercado de trabajo, con la crisis odontológica (que llegó al parecer para quedarse) ninguno de los dos se ha logrado satis­factoriamente.

Por un lado, los índices de salud bucal del país (caries y enfermedad periodontal) no han mejorado; por el otro, el mercado laboral para los Cirujanos Dentistas que recién egresan, ha disminuido significativamente, creo que prontamente comenzaremos a ver en el ejercicio liberal de la profesión los turnos nocturnos. Las plazas escasean, pese a la movilidad territorial hacia las zonas extremas. Pareciera ser que las universidades tienen interés por tomar la tuición ética de la odontología (que parece no tener responsable hoy), sin embargo el tejado de vidrio que presentan al permitir que el costo de los tratamientos de los pacientes en sus clínicas sea asumido por sus estudiantes de pregrado, da pie a una fundada preocupación.

Sumado a esto, los desafíos económicos del país, la falta de educación dental en la población (que muchas veces recae en las marcas comerciales de productos cosméticos para el cuidado bucal) y la sobrepoblación profesional hacen que el odontólogo de hoy busque invertir en su formación y priorizar aquellas terapias dentales que ofrecen mejores beneficios económicos, por lo que la estética, los implantes, los blanqueamientos dentales, sendas rehabilitaciones ora­les y los ofertones (rayando en la ética) se tornan en prioridades dentro del modelo de servicio de la práctica privada y, de este modo, la prevención y, por cierto la profesión, continúa siendo relegada y menospre­ciada. Del ofertón se ha pasado a prestaciones gratuitas que tienen como esperanza que el paciente que las recibe acepte íntegramente la valorización del plan de tratamiento.

Para la población que solo tiene acceso a los servicios de salud que ofrece el Gobierno y los municipios a través de sus instituciones, los tratamientos dentales se limitan a un modelo de servicio básico y mínimo que no ha cambiado en las últimas décadas.

Tristemente los parches (tapar, tapar) y las actividades mutiladoras tienen concentrados y agobiados a los colegas, asfixiando la verdadera intervención para el cambio perdurable (ya que todos sabemos qué se debe hacer, así partió este tema). Poco ayuda también el pago por altas, contratos a honorarios para profesionales de la salud y el estímulo sólo por las “acciones clínicas” (incentivo macabro).

La salud no se debe rifar, y para ello es necesaria la estabilidad laboral y poner el foco en lo que importa. Dicen que en nuestro país hay un dentista (quizás más) por cada 900 pacientes. Pese a la alarma, veámoslo desde otro punto de vista, hay 900 oportunidades para salir airosos y mantener pacientes sanos para siempre. El problema de la crisis odontológica, que trae como consecuencia perder la batalla contra la enfermedad que define al Cirujano Dentista, tiene muchas aristas, donde la universidad, lo público y lo privado convergen y, aunque parezca utópico, es necesario una coordinación.

En nuestro país la educación odontológica carece de una pla­neación (gusta de cambios de las mallas curriculares sin evaluación del proceso) y de una normatividad actualizada para la formación de recursos humanos, la administración de las escuelas y el desarrollo de investigaciones acadé­micas prioritarias.

El verdadero propósito del proceso enseñanza-apren­dizaje determina de una manera concreta sus propios contenidos. Si el objetivo es la salud, los contenidos deberán ser diferentes que si fuera la enfermedad, si el énfasis se da en los aspectos de cu­ración y rehabilitación, los contenidos seguramente, no serían los mismos que en el caso a donde la prevención fuera lo más sobresaliente y valioso. Se podría partir por repensar el Odontólogo que la realidad social requiere en el ambiente universitario, dotar al estudiante de herramientas exitosas para la erradicación de la enfermedad, estimular su proceso formativo con el reconocimiento a sus acciones preventivas (mejor será pacientes con un control de higiene excelente que una corona o una prótesis, lógicamente agregando significativamente más valor en la evaluación a la primera, para que desee lograrse), entregar valores universales como la solidaridad y compañerismo.

Desde el punto de vista epidemiológico, el impacto de la pro­fesión en la salud bucal de la población chilena aún es poco significativo. Muchas veces la calidad de atención no corresponde con lo esperado, debido a la poca o nula actualización del personal profesional (o derechamente no se permite esta actualización) y a la falta de equipo e instrumental o su obsolescen­cia. En algunas entidades, el presupuesto asignado es insuficiente para cumplir con la demanda mínima de la población, y el Cirujano Dentista de modo pasivo (cómplice) no hace frente a la autoridad, representando muchas veces un rol ejecutor, justificando la carencia de sus propios cuestionamientos o deficientes terapias a las falencias del propio sistema (del que es arte y parte).

Si los recursos son escasos y la salud odontológica quiere ser lograda, se debe poner el énfasis en las generaciones del mañana, controlar y recontrolar hasta el cansancio a nuestros niños, jóvenes y embarazadas, y que la estadística deseada sea efectivamente la mantención y mejora de los índices de salud, aunque sean necesarias auditorías más, seguimiento constante y nuevas formas de medir el éxito de los colegas. Se debe evaluar calidad, un aspecto esencial de cualquier trabajo.

Un gran número de Cirujanos Dentistas está compitiendo por ejercer en un mercado de pacientes usualmente restringido a los centros urbanos y a los segmentos socioeconómicos altos y medios de la población. Hoy, la oferta de servicios se está incrementando sin una planeación consciente y por otra parte, la demanda de atención de la pobla­ción se encuentra en descenso. Con una planificación inteligente, que sea el sector privado quien reciba a quienes no pueden acceder al público, por el nuevo enfoque. Que sean estos los colegas que estén con la labor de reparar el daño y devolver la estabilidad al sistema por el uso y envejecimiento, con prestaciones que tengan un valor justo para los pacientes y dignos para la profesión. Que la investigación sea la herramienta que evalúe el cumplimiento de nuestros objetivos, hay un terreno fecundo para ser explotado.

Las crisis son épocas de oportunidades, hay que ser realis­tas y cambiar estrategias que sí se logren en el corto, mediano y largo plazo; para no seguir combatiendo de la misma manera una enfermedad sin control y que desde hace décadas ha ganado la batalla. El futuro de la profesión odontológica va de la mano de la caries, el abordaje exitoso de cualquiera de ellas incidirá positivamente en el tratamiento de la otra. La caries ha ganado la batalla en Chile, esperamos que no gane la guerra. ¿Qué sucederá con la profesión odontológica en los próximos años? Con las ideas que se debaten hoy me siento esperanzado.

TAGS: Escuela de Odontología Políticas de Salud Salud Odontológica

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Comentarios

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Ignacio

19 de julio

Preocupante. Un resumen de años de ejecuciones erróneas de un sistema cuyo fin se ha visto una y otra vez en duda primero, por los propios profesionales “cómplices”, segundo por entidades y organizaciones de salud y tercero por los propios pacientes quienes actualmente se empoderan e informan mucho mas sobre sus tratamientos. Ahora, me encantaría tener la posibilidad de mencionar un cuarto sujeto y que dice relación con el fondo del problema: politicas publicas. Son el triste cuarto participante ausente de esta conversación haciendo caso omiso del avance y empoderamiento del sujeto afectado -paciente- con su tratamiento, y el cuestionamiento constante ante sus clinicos y autoridades. Entonces otra interrogante, hasta cuando aguantara el paciente nuestro tratamiento y rumbo equivoco, sabiendo que hoy, como esta pagina existen muchas otras que desnudan los problemas que otrora quedaban tras las puertas de las direcciones de salud? Reitero, preocupante.
Buen tema César, saludos.

30 de julio

Los estudios a nivel nacional en salud bucal nos muestran un panorama desolador; aún así conservamos políticas centradas en la rehabilitación de la enfermedad, que por sí solas, no nos han dado buenos resultados en mantener a la población sana. También, debemos recordar que la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud de la OMS nos plantea que la atención de salud no es la principal fuerza que determina la salud de las personas; siendo más importantes los factores que permiten a las personas mejorar o mantener su salud que los servicios a los cuales acceden cuando se enferman. Para romper estos paradigmas debemos enfocarnos en la educación, prevención y actividades lúdicas ligadas a reformular el concepto de salud, buscando el acercamiento de las comunidades a los procedimientos dentales, inculcando hábitos de cuidado personal para impedir la aparición y el progreso de las enfermedades orales, en pos de evitar sus últimas etapas altamente dolorosas, cuyas consecuencias son tratamientos insuficientes, de bajo impacto en la población y la mutilación dental.

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