#Educación

Un Estado que sigue en deuda con sus universidades

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Sin duda que las movilizaciones de 2011 tuvieron como gran mérito instalar, con sentido de urgencia, la discusión sobre la garantía del derecho fundamental a la educación, particularmente en su nivel universitario, donde hasta ahora Chile ostentaba tristes rércords de segregación.


Algunos proyectos privados pueden ser muy rescatables, pero no dejan de ser privados y de servir a intereses particulares, sean religiosos, políticos o económicos.

Así las cosas, el programa de gobierno de la Nueva Mayoría tomaba como directrices algunas de las principales banderas de las reivindicaciones de 2011, a saber, la gratuidad y la democratización interna de los planteles universitarios. Sin embargo, la bajada de dichas consignas a políticas públicas concretas estuvo marcada por un camino titubeante y con más indefiniciones que certezas.

Lo cierto es que muchos tuvimos altas expectativas del nuevo trato entre el Estado y sus universidades, fundamentalmente en lo relativo a su financiamiento como instituciones verdaderamente públicas y la definición del rol que estas jugarían en el desarrollo del país. Sin embargo, creo que esta ley corta –e incluso la famosa glosa presupuestaria– vienen a sentar un peligroso precedente que puede terminar por desdibujar completamente la línea de aquello que es público y de aquello que es privado, aunque tenga un rol público.

La garantía de acceso a la educación superior vía gratuidad debió ser consecuencia de una reforma orgánica compleja al sistema de educación universitaria. Dicha reforma habría permitido discutir previamente cómo el Estado se hace cargo de sus instituciones y cómo apoya la importante tarea que desarrollan también algunos planteles privados, los que por muy antiguos y/o respetables que sean, no dejan de ser instituciones de propiedad particular.

Creo que solo en Chile se plantea esta artificial discusión de qué es aquello que consideramos público. No veo cómo esta discusión pudiera producirse en ningún otro país que se pretenda serio y desarrollado. Las mismas instituciones que ayer se amparaban en su calidad de “privadas” para sustraerse de todo control fiscal, para no participar del proceso único de admisión, para atraer a estudiantes sin requisito de ingreso bajo la promesa de crédito o beca, que prohibían la participación estudiantil e incluso académica, etc., hoy pretenden alcanzar el mismo estatus que las universidades públicas al ver que la platita está ahí, lista para ser tomada por cualquiera que cumpla un par de requisitos sin ninguna significancia de fondo.

Comprendo lo positivo que será para miles de familias el poder acceder a una educación superior gratuita. Pero temo de las consecuencias que traiga para el futuro el haber dado un cheque en blanco, sin definiciones previas claras, sin un debate amplio y profundo; temo por el futuro de las universidades estatales, las que hoy no ven mejorada su situación prácticamente en nada, pues seguirán atendiendo a más o menos el mismo público con más o menos los mismos recursos, solo que ahora entregados bajo otra fórmula; en tanto que los planteles privados quedan comparativamente en un pie superior al recibir financiamiento directo sin someterse a ningún régimen jurídico especial.

El Estado sigue en deuda con sus universidades, pero el gobierno tiene tiempo aún de poder definir una política pública con miras de largo plazo. Una política que piense en el Chile del mañana no puede excluir a sus jardines, escuelas, liceos y universidades, pues solo estos son garantía del desarrollo. Algunos proyectos privados pueden ser muy rescatables, pero no dejan de ser privados y de servir a intereses particulares, sean religiosos, políticos o económicos.

Finalmente y como nota al margen: cuán fácil fue para unos pocos privatizar lo de todos y desmantelar lo público, sin debate, sin consulta, sin control; y cuán difícil ha sido para todos volver público lo privatizado, recuperar lo usurpado y democratizar lo que se perdió sin democracia.

TAGS: #EducaciónGratuita #PolíticasPúblicas Universidades

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Comentarios

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28 de diciembre

Se comete siempre el mismo error de no entender la diferencia (y valor) de lo público y lo estatal.
En este caso, por ser del Estado, las Universidades deberían tener todas las ayudas, etc. Y, menospreciando al resto que pueden ser “religiosas, políticos o económicos”….o sea, la única visión aceptable, pagable por el Estado, sería la que el Estado defina como norte; o sea, los contribuyentes (religiosos, políticos, económicos, etc) deben pagar la visión estatal (que define algún burócrata) y sus visiones particulares deben ser pagadas por ellos, AUNQUE TENGAN UN ROL PUBLICO. Lo publico se construye desde muchas visiones, no desde una visión única estatal.

solopol

03 de enero

Si tanta gente no quiere que el Estado financie sus universidades, para que quieren universidades “estatales”? No seria mas honesto privatizarlas? Personalmente me parece que no querer que el Estado financie sus universidades es pura demagogia, porque es obvio que el Estado para algo tiene que servir, y una de las cosas que puede hacer es entregar educacion gratuita. Los jovenes que piden educacion gratuita no estan pidiendo alcohol o marihuana, estan pidiendo educacion para poder formarse y trabajar. Un Estado se tiene que pasar de tonto para no entender la importancia de formar a su poblacion, incluso tal vez mas importante que entregar atencion de salud porque la educacion es el medio idoneo para superar la pobreza. Uno de los mayores costos si no el mayor que tiene alguien es pagar la educacion de su familia. Es un factor que distorsiona atrozmente la distribucion del ingreso. Por otra parte una parte de la sociedad parece creer que el Estado es su competidor, en vez de verlo como su apoyo. Es como si la presencia del Estado les hiciera un gran daño. No es de mucho sentido pues el Estado no se hizo ” para los pobres”, como muchos parecen creer: piensan en las universidades estatales ” para los desposeidos”, para los que no pueden pagar. Malisima forma de entender el Estado y el concepto de ” pais” o “sociedad”. Personalmente me resulta irritante los constantes llamados a la racionalidad: “seamos racionales, no tengamos educacion publica”.

solopol

03 de enero

Por supuesto el argumento favorito de quienes se oponen a la educacion publica es Allende y la UP. Se olvidan que la educacion publica no la invento Allende, que el mundo no partio en 1970 y que en 1969 ya habia educacion publica. Allende sirve como un comodin para justificar todo tipo de cosas, desde la falta de un sistema educativo estatal hasta la carencia de una vision estrategica de pais, o el rechazo a la planificacion urbana. Entonces existe una vision dogmatica e ideologica, porque la educacion estatal tiene un sentido practica, que no es para los pobres sino para todo el pais, tal vez en la unica cosa que realmente el Estado puede hacer sin culpa. Porque evidentemente a cualquier sociedad le importa tener gente educada, y a cualquier economia le conviene no pagar los costos siderales de la educacion en Chiñe, que incluye utiles escolares, uniformes… algun estudio “serio” lo ha incluido en el costo de la vida ?

solopol

03 de enero

Honestamente a la discusion sobre educacion no le encuentro ni pies ni cabeza. No le encuentro un solo atisbo de racionalidad, y eso que lo hace gente educada. No creo sea para perder tiempo con el tema si los politicos o la clase “formada” del pais no puede hacerla sin tomarle a la gente el pelo. Saludos

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