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Nuestro castellano: educación, lenguaje y dictadura

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Pertenezco a una generación que en su infancia creció leyendo libros de cuentos, no sólo de autores chilenos sino también de grandes clásicos de la literatura universal. Luego, ya adolescente, serían novelas de autores diversos, y también teatro. Nada extraño para la época, la literatura estaba dentro de los planes de estudio de la Enseñanza Media y aquellos textos que no aparecían en los manuales, los recomendaban los docentes como lectura adicional. Corrían los años setenta y era el gobierno de la UP.


Si algo tiene nuestro idioma y lo caracteriza frente a otros, es su abundancia, su multiplicidad de vocablos y conceptos, ¿necesitamos empobrecerlo más con todo lo que nos lo cercenaron durante la dictadura pinochetista, con todos los libros prohibidos y con la banalidad como estandarte?

Hoy, en mi habitual rutina dominical, un artículo en El Mercurio, me sorprendió para mal. Como lo hago todos los días de mi vida y cada mañana, abrí uno tras otros los diarios y me llevé una sorpresa ingrata luego de leer “Las nuevas palabras que dicen nuestros niños influidos por la tv“, citando la página 12 de dicho matutino. En él la periodista menciona varias palabras que tal vez para ella y sus entrevistados resulten ser nuevas, extrañas o desconocidas, pero para los que pasamos la barrera de los 60 años son palabras cotidianas, como por ejemplo césped, que ella cita como novedosa, pues tal vez no leyó jamás “El gigante egoísta”, de O. Wilde, donde en uno de sus primeros párrafos podemos leer “Era un jardín grande y solitario, con un suave y verde césped”. Extraño, por decir lo menos, ¿no? Nuestros niños y niñas en Chile, ¿ya no leen a Wilde?

Pero la periodista sigue con brincar, como si esta también fuese ajena a nuestro léxico y se advierte que poco sabe de Marta Brunet, chilena y autora de una obra infantil prolífica; en “Historia del sapete que se enamoró del sol”, puede leerse “dando un brinco prodigioso, pudo librarse del zapato que amenazaba reventarlo”. Luego la periodista sigue su texto y cita la palabra fabuloso (¿?) sabiendo que la Mistral en “La que camina”, dice: “Y tanto se la ignoran los caminos que suelo comprender, con largo llanto, que ya duerme del sueño fabuloso, mar sin traición y monte sin repecho, ni dicha ni dolor, nomás olvido”. Ojalá repecho no resulte sospechosa u ofensiva para nadie.

Después cita deprisa, palabra que aparece en Pinocho: “Así lo hicieron y salieron nadando muy deprisa hacia la orilla. El papá del muñeco no paraba de abrazarlo”. La palabra lodo continúa dentro ranking de extrañezas para la periodista; sin embargo, en los “Cien sonetos de amor”, de Neruda, en el N° XII, podemos leer: “Plena mujer, manzana carnal, luna caliente, espeso aroma de algas, lodo y luz machacados,  qué oscura claridad se abre entre tus columnas”. También aparece en la “Oda al libro II”, cuando expresa: “Rimbaud como un herido pez sangriento palpitando en el lodo, y la hermosura de la fraternidad (…)”.

La palabra charco aparece en un sinnúmero de obras chilenas, en poemas, mitos y leyendas, pero también en cuentos, como por ejemplo en la obra “Adiós Ruibarbo”, de Guillermo Blanco: “todo aquello de quizá cuántos años, venía secándolos, vaciándolos, lo mismo que si fuesen un par de charcos secos en verano”. Les recuerdo que los libros no muerden.

En Chile tenemos -capaz que más de alguno no lo sepa- dos premios Nobel, ostentamos de un sinfín de escritores, poetas y un maravilloso antipoeta, ni hablar de la cantidad de novelistas y cronistas, cuentistas y dramaturgos, que han enriquecido el pensamiento universal y latinoamericano, y han ennoblecido nuestro lenguaje. Chile se lee en el mundo entero, pero no en Chile, puedo advertirlo con desazón.

Señores y señoras, ninguna de las palabras citadas en artículo de El Mercurio son palabras extrañas o ajenas, tampoco son palabras cursis, rebuscadas ni son parte del castellano neutro, esto es sólo y únicamente producto de ignorancia supina y de la flojera intelectual; primero, de un conglomerado de entrevistados que, al parecer, poco han leído a nuestros escritores nativos, que se sorprenden con el uso de palabras ricas y poderosas de nuestra lengua castellana. Si algo tiene nuestro idioma y lo caracteriza frente a otros, es su abundancia, su multiplicidad de vocablos y conceptos, ¿necesitamos empobrecerlo más con todo lo que nos lo cercenaron durante la dictadura pinochetista, con todos los libros prohibidos y con la banalidad como estandarte? Se perdió el ejercicio de la lectura por el placer de leer, la dictadura lentamente fue sacando de nuestro currículo educativo libros fundamentales y aún estamos pagando las consecuencias, porque esos libros desaparecieron de las listas de “lo había que leer” y eran textos necesarios, imprescindibles. Habrá que ponerlos en las bibliotecas de las escuelas y en las de los hogares.

Es hora de reivindicar nuestro lenguaje, nuestras ideas, nuestro pensamiento, no le tengamos miedo a las palabras. Es hora de que los padres, donde hallamos a un conjunto importante  de posmodernos, peleados con los libros que, seguramente, leen poco o directamente no leen, tomen la posta de hacerse cargo del desarrollo cultural e intelectual de sus hijos y no dejarlos a la deriva, la lectura estimula e invita a pensar, a debatir, ofrece un universo rico y único de posibilidades de crecimiento emocional. Hoy, más que nunca, necesitamos un pueblo culto, reflexivo y cuestionador.

Nuestros niños hoy leen poco, pero la culpa es de los padres que no los incentivan al ejercicio de la lectura, no leen con ellos, no les cuentan cuentos, no les regalan libros. Y si nuestros niños y niñas no leen y no tienen el hábito de la lectura, resulta imposible que adquieran un lenguaje rico, diverso y complejo; si no leen es difícil que piensen y un pueblo que no lee ni piensa y sólo consume, es un pueblo manejable y dominado por la mediocridad. Nunca es tarde para dar el gran salto innovador. Ah, si el libro es caro, en Internet son gratuitos. No hay excusas válidas.

TAGS: Calidad de la Educación Lectura

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17 de septiembre

“y si el libro es caro, está en internet” Grande! valiente! muchas gracias por tu columna! A mí, desde chico, me hacían burla por hablar “como libro” no le tenía miedo a las palabras y todos los días descubro que más que miedo, hay que quererlas y mucho.

22 de septiembre

Estimado Daniel:

Concuerdo plenamente con su punto de vista en cuanto a lo triste de ver a nuestro país sumido en la pobreza intelectual. También sé que en dictadura se mutiló la educación al cerrar las escuelas normales, al prohibir literatura y por supuesto, coartar la libertad de las artes en sus diferentes expresiones. Son puntos irrebatibles.

Pero la democracia volvió hace más de veinte años y alguna responsabilidad tendrá el sector político que ha ostentado el poder en cinco gobiernos y que lejos de reparar los daños y guiar al pueblo a concretar su más vociferados ideales, persevera en su insufrible autocomplacencia.

Saludos.

Daniel Tillería Pérez

22 de septiembre

Estimada Viviana, es totalmente cierto que hace 25 años volvimos a tener gobiernos democráticos, pero esto no significa que ellos hayan podido (o querido) cambiar todo aquello heredado de la dictadura pinochetista; nuestra Constitución es la mejor prueba de lo señalado, seguimos con las reglas impuestas que nos legara el tirano. La Educación chilena no ha sido la excepción, de hecho continuamos manteniendo la figura de los “sostenedores”, que son vulgares comerciantes, lucran con la necesidad de aprendizaje de los más vulnerables. De eso, hay investigaciones realizadas por diversas instituciones, donde aparece la caída de la calidad educativa y queda de manifiesto el robo, el desvío de fondos y las ganancias extraordinarias de una casta que, al parecer, llegó para quedarse. Lo mismo ha sucedido con la problemática de la lectura en nuestro país, hablamos de toda una generación educada con un modelo deficiente, pobre, con libros que fueron prohibidos e incluso quemados, tildados de subversivos y que nunca más formaron parte de las lecturas obligatorias, desaparecieron del currículo grandes obras del pensamiento universal y muchas veces a nuestros alumnos les daban fotocopias parceladas de alguna obra, no siempre el texto completo. Estos son los coletazos que aún perduran, los niños de hoy son los hijos de esos padres que tuvieron una escuela que cercenaba el pensamiento crítico y reflexivo, acordémonos que tanto Pinochet como su esposa expresaban que los “muchachos deben ir a la escuela a estudiar, no a pensar”, o sea, fueron educados como tabula rasa, sin pensamiento propio, tanto en la Enseñanza Media como en las Universidades. hoy nos enfrentamos a un léxico pobre porque la escuela se quedó sola, los padres no leen, los hijos no ven a sus padres con libros, consumen TV y de la mala, de la vulgar, es decir “entretenimiento” y ojo, que allí está lo más perverso, la entretención es gratis, porque adormece, porque estanca las neuronas, la gente mira pero no piensa, se ríe pero no cuestiona. Ese es el poder de las corporaciones, son los golpes blandos, un pueblo entretenido da rédito, porque es manipulable y se lo puede llevar, conducir, hacia donde el poder quiera. El libro siempre nos pondrá en alerta, porque invita a pensar.

anysur

22 de septiembre

Soy de otra epoca, en la que tenia que ir con mi padre(con carnet) a la biblioteca publica para poder hacer las tareas y sacar fotocopias en blanco y negro; en que no daban libros en la escuela y todo era dictado u pizarron. Molesta un poco ver la abundancia de recursos que tienen los niños ahora y la desaprovechan. En este momento puedo revisar por internet el catalogo de la biblioteca de mi municipalidad llamar y pedir un libro, me lo traerian a mi trabajo u casa e incluso lo vendrian a recoger. Es responsabilidad de los padres inculcarles el gusto por la vida,la lectura, la musica, por la cultura. Mi retoño ve pakapaka un canal infantil argentino el cual posee secciones de cuenta cuento, y a su corta edad nos cuenta unos cuentos…

Daniel Tillería Pérez

22 de septiembre

Hola, Anysur, te comento que Pakapaka es un canal con excelentes contenidos y es de gestión estatal, lo conozco y te confirmo que es de gran ayuda para niños y niñas. Esa fue una de las grandes ideas sobre cultura y educación de Cristina Kirchner. En Chile, deberíamos comenzar a exigir, pensando en nuestros niños, jóvenes y adolescentes, una mayor programación cultural, aunque también deberíamos organizar en las instituciones educativas campañas de fomento de la lectura, si te fijas, no hay concursos de cuentos interescuelas, tampoco de poesía; no hay festivales de teatro auspiciados por el Ministerio de Educación, donde los propios alumnos escriban sus textos, es decir, no se hace una buena promoción para favorecer el pensamiento crítico y reflexivo de nuestros aprendientes. Si esto se promoviera, no estaríamos lamentando el lenguaje exiguo del estudiantado, la falta de lectura, pues una cosa lleva as la otra, a las ganas de saber y comunicar. Aún estamos a tiempo.

01 de octubre

Estimado Don Daniel:
Creo que somos de la misma época, pero crecimos “leyendo” cosas distintas. Creo, por lo que leo, que Ud. creció con mucha literatura a su alcance, al parecer; yo crecí queriendo ser profesor. Desde pequeño quise ser profesor de escuela y mi familia y profesores me ayudaron a conseguirlo; después quise ser profesor de liceo y simultáneamente “de profesores” y también pude concretar ambas esperanzas con la ayuda de tantos otros. En este crecer, mis padre y profesores también me enseñaron -de temprano- a mirar siempre un poco más allá de donde iba en cada escalón de mi crecimiento y en cada dirección en las que orientaba mis inquietudes y mis deseos y también aprendí a sentirme verdaderamente libre cuando “volaba en mi pensamiento” para hacer cosas y poner en ellas lo que me enseñaban y lo que aprendía. Todo lo que aprendía quería contarlo y eso es lo que quiero compartir a propósito de lo que Ud. expone a la reflexión.
Uso el “leyendo” entre comillas pensando que, a esta altura de nuestra crisis “educacional”, el desmadre intelectual sobre las palabras dispuestas en sistemas conceptuales complejos, tiene relación con algo más mayor y complejo de lo que nos puede aportar la literatura. La lectura de autores de tan valiosos obras, como los que Ud. invoca en su entrada: cualquiera de esas lecturas, sin duda que estoy con Ud., va a aportar “algunas palabras” del diccionario que tantos han ido configurando en su práctica literaria.
Pero la pregunta que los profesores deberíamos poder dilucidar desde la PADAGOGÍA ESCOLAR que practicamos, parece ir un poco más allá de lo que hacemos desde LA DISCIPLINA que cada profesor practica (algunos practican varias pero eso no aún no forma parte del agobio laboral que estamos reclamando) Así, cada asignatura parece constituir un espacio comprensivo particular que, de alguna se suman y que de manera maravillosamente compleja se van imbricando progresivamente en las diversas realidades concretas del hacer y se van ampliando y profundizando y tan aceleradamente como crecen, van permanentemente dando forma a la maduración personal de cada individuo conforma siempre, en la vivencia compartida comprensivamente entre sus iguales, en la cultura en que hace su vida.
Si la complejidad de parte del crecimiento humano que ocurre en la escuela empieza a explicarse desde lo que el estudiantes (todos los estudiantes), necesita[n] para crecer y desarrollarse adecuadamente en lo que la escuela les puede proporcionar, cada disciplina incorporada al programa de estudio vigente empieza a adquirir una relatividad tal que no es suficiente, en ningún caso, para explicar la compleja totalidad de la comprensividad que realmente está en juego en las aulas escolares. Tenemos que poder hacer la abstracción (reclamada también por Paulo Freire) y mirar que cada asignatura debería abordar solo uno de “los diccionarios” o lenguajes que los alumnos necesitan para crecer aprendiendo con los otros y conectarse responsablemente entre ellos y con el mundo que habitan.
Lo que Ud. pide que los niños lean, también yo debo pedir otro tanto para la melodía, el ritmo, la armonía y la estructura de las músicas que están al alcance en cada “cultura” que tiene una escuela para sus alumnos. Lo que digo es que, de alguna manera, todos podríamos estar leyendo cada mundo y hacerlo el que compartimos.
De este modo el concepto de “lenguaje” se potencia, se “desplana” o profundiza y las opciones de los alumnos adquieren una fecundidad y complejidad enraizada en los elementos ontológicos que debemos recuperar para la profesión del pedagogo escolar. Por cierto, también parece simple darse cuenta de que la idea de “comprensión lectora” que se usa corrientemente para abordar estos temas, empezaría a adquirir ribetes de complejidad que podrían iluminar a los padres respecto de lo podríamos hacer los profesores en las escuelas y ya no sería tan corriente y popular como se le maneja en lo plano de la opinología de lo público. Por cierto, estos desafíos deberían llegar también a los niveles decisionales y donde se formarían inicialmente los pedagogos escolares. El cambiar las cargas horarias en los niveles disciplinarios implica afectar (concreta, directamente y en el instante que se producen las transformaciones), las posibilidades u opciones comprensivas y de acción de los alumnos que hoy asisten a las salas de clases, ellos no esperan el futuro para ser y verse afectados. Las consecuencias NO se miden cuando los alumnos llegan a la universidad, en las pruebas estandarizadas para los rankings, sino que los profesores las medimos cada vez que pedimos respuestas a los alumnos. La particular temporalidad de nuestro hacer en las escuelas es importante
¿Podremos enfrentar esto los profesores de aula? Soy un convencido que estando juntos en lo mismo, SI podemos hacerlo.

Daniel Tillería Pérez

02 de octubre

Estimado Claudio, ¡qué bueno su aporte! y sí, creo que andamos en una sintonía similar, que en el pensamiento complejo y promuevo lo inter-pluri-transdisciplinario, o sea, concuerdo con Edgar Morin. Hace poco publique en otro medio este artículo y le dejo el link, por si tiene un tiempito y lo quiere leer, se lo dejo:

http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2015/02/28/de-la-reforma-educacional-a-la-reforma-curricular-que-curriculo-escolar-se-precisa-para-el-chile-de-hoy/

Bueno, estoy a su entera disposición.

05 de octubre

Estimado Don Daniel:
He leído atentivamente su artículo referido al currículo que el país necesita, pero me quedan algunas dudas de sí hay similitudes en ambas posiciones. Le declaro que no voy en la línea del pensamiento complejo y veo que lo inter-pluri-transdisciplinario necesita de un antecedente que sí o sí, se encuentra antes llegar a la complejidad que sostiene, la que siempre es continua pero sin imposición de linealidad, por cierto; además, lo que Ud. parece llamar complejo está resuelto en el propio madurar y crecer progresivo de los alumnos en una pedagogía que entienda cabalmente lo que eso significa en la enseñanza escolar. La “pedagogía educacional” ha dado saltos en el vacío, sin tener en cuenta la específica y especial “temporalidad” epistemológica y ontológica de la práctica profesional de la “pedagogía escolar” (seguramente para estar más cerca de los límites del conocimiento, como alguien dijo), lo que la hace tremendamente especializada y claramente compleja. Esta es una cuestión capital que debería tenerse seriamente en cuenta también a nivel político: es allí donde se está discutiendo el futuro de la escuela y sus profesores hoy en día.
Ahora yo lo invito a leer una breve e inicial reflexión en torno a lo que ocurre cuando “lo esencial es desplazado por las consecuencias” que nos mantienen ocupados “haciendo sombra” o tratando de alcanzarla como en las tiras de dibujos animados. (Encontrar aquí: http://www.elquintopoder.cl/?p=63307)

Daniel Tilleria Perez

06 de octubre

Estimado Claudio, había leído la nota que me indica, porque este medio lo abro diariamente. Está bueno que nos comencemos a contactar más los docentes y que hagamos propuestas desde nuestra propia necesidad. ¿No leerán todos? Espero que sí y también desearía que se vayan sumando cada día más maestros. Un abrazo.

07 de octubre

Don Daniel: la construcción de una “nueva pedagogía escolar” parece ser una buena forma de poner un rótulo gigante -en la entrada de un arduo camino-, para situar el sentido inicial de una cuestión que debería afectar ahora, sin intermediarios, lo que ocurre en la sala de clases; y eso debería ser suficiente para llamar la atención de mucha gente interesada en que eso pudiera empezar a ocurrir,… ahora ya!
El dilema es que se trata de nosotros mismos, los profesores y para poder hacer algo, en el sentido de la profesión, debemos entender que el nosotros es sólo el principio, y que los primeros beneficiados pueden ser nuestros propios alumnos y sus familias, directamente.
Lo que debería ocurrir es que necesariamente necesitamos poder trabajar simultáneamente en dos planos: uno en que las cosas siguen ocurriendo tal cual como hasta ahora, no hay cambios mayores para no estressarnos más de lo acostumbrado con las exigencias y desafíos que enfrentamos a diario; en el otro plano podríamos empezar a reflexionar si es posible que los profesores podemos hacer juntos (a pesar de las diferencias que tenemos en el otro plano), un camino que nos permita recuperar nuestra profesión, construyendo una alternativa a “la pedagogía educacional que practicamos”.
La pregunta es si podemos empezar ya, preguntándole a Ud. mismo si cree que esto es necesario, y si cree esto es posible.
Si estas dos interrogantes tienen respuestas afirmativas, ya habremos empezado.
Si seguimos tratando de averiguar que puede significar todo esto, ya habremos empezado a cambiar lo que ocurre en el otro plano, el real, el que nos tiene agobiados. Y nos empezaremos a encontrar ¿será posible?
Saludos para Ud.

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