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La tarea y el hábito

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Hace unas semanas supimos que algunos parlamentarios propondrán prohibir por ley el envío de tareas escolares a casa, esgrimiendo la sobreexigencia que implicó la Jornada Escolar Completa. Al respecto, recuerdo mi sorpresa al oír durante mi formación pedagógica al entonces Decano, y promotor de la JEC en los 90’, diciendo que nunca incluyó esos “talleres” o “tardes recreativas” que la prensa comentó y que hoy citan los senadores, sino que su fin era igualar horas de clases con los colegios de estratos altos.


A diferencia de otros contextos donde parece innato, en una aula, las tareas son quizá la única forma que un profesor tiene de atizar a un padre indolente por sus hijos o en última instancia, hacer lo que él debía: formar hábitos para que ellos logren vivir bien.

Aunque como alumno la evadí y combatí en la Revolución Pingüina, la JEC me alcanzó siendo profesor y doy fe de su fatiga, sobre todo recuperando tras un paro; aunque tampoco sea imposible. Trabajando en un exigente liceo público escucho a menudo estas quejas, pero no pocos que les rebaten, asumiendo el costo del desafío.

Si añadimos el tránsito de superar una enseñanza nemotécnica por un aprendizaje del pensamiento crítico, habilidades y competencias, todo indicaría que hemos colocado sobre nuestros estudiantes una carga que los mayores ni con un dedo movimos. Así, esos trabajos grupales o individuales, que suelen acumularse para un mismo día y que obligan a agotados padres a ayudarles, parecen constituirse en un apremio.

Pero esto no es más que una apariencia idealizada de nuestro sistema educacional que pretende hacer de las tareas el dedo que encubra un sol, un perfecto chivo expiatorio, pues ni los profesores simpatizamos con esas pilas de carpetas, guías y papelógrafos, y sin embargo, las encargamos.

La verdad del sistema es que no todos los estudiantes ponen de su parte, no todos tienen el mismo apoyo familiar, no todos aprenden a la misma velocidad y, no obstante, merecen recibir un catálogo exhaustivo de contenidos y habilidades académicas y es más, deben alcanzarse al máximo en el inexorable plazo de 9 meses. No es mera normativa ministerial, es un imperativo social sobre una escuela en la que ha puesto su esperanza como ascensor social. ¿Quién podría decir seriamente: “Yo quiero que mi hijo sepa menos que el tuyo”?

No toda tarea es significativa y es seguro que la escuela (y la Universidad) podría usar esa técnica empresarial poco útil para pensar la cultura, pero que sí haría eficiente la calendarización de éstas. Sin embargo, debemos descartar la prohibición por 3 razones.

La primera es política. Si nuestra extensa jornada no da frutos cuantitativos y es igualmente mediocre en todos los estratos, según estándares internacionales, no es culpa de una actividad anexa. Se está esquivando lo medular.

La segunda es pedagógica y de esta naturaleza debe ser la decisión. Las Unidades Técnico Pedagógicas en cada colegio debiesen evaluar la efectividad de esta estrategia y sus alcances, pero evitando la burocracia en la que cada normativa ministerial convierte todo proceso fiscalizador.

La tercera es de equidad. En especial con el alumnado en alta vulnerabilidad social, al que enseñé. La tarea es un tutor que refuerza el escaso logro diario en un aula marcada por la apatía, la baja tolerancia a la frustración y carencias mayúsculas. A diferencia de otros contextos donde parece innato, allí las tareas son quizá la única forma que un profesor tiene de atizar a un padre indolente por sus hijos o en última instancia, hacer lo que él debía: formar hábitos para que ellos logren vivir bien.

Antes de seguir castrando a la educación y pidiéndole frutos, como decía C. S. Lewis, cuestionémonos como sociedad, si damos a la escuela lo necesario para alcanzar lo que en conjunto deseamos que logre en nosotros como sus miembros.

TAGS: #LaTareaEsSinTareas tareas escolares

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Comentarios

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Paola Cruz

22 de junio

Estoy completamente de acuerdo, hay que repensar la escuchar, la calidad de vida, las nuevas circunstancias.

Juan Fco. Espinoza

22 de junio

Sólido Alejandro, como siempre!

Un abrazo.

Servallas

23 de junio

Bueno, como muy bien dices, sin tarea habrá menos compromiso del padre, de la madre o los hermanos mayores con la educación de los hijos, será una tarde o mañana destinada a jugar, a chatear o salir a “pasarla bien”. Pero este tema no se agota aquí, pronto vendrá el “sin trabajos o investigación” en la educación universitaria y seguirá quizás con “aclarar al dedillo” las funciones en los contratos laborales, es decir, hojas y hojas específicas, si no hay esa actividad específica en la empresa, es hora de descansar. Algo similar ocurre hoy cuando pedimos ayuda a algún funcionario y nos responde groseramente “ajjj, eso no me corresponde”, o “ puf, a mí no me contrataron para eso”, cero compromiso con la propia educación o trabajo, se participa pero nunca se compromete.

24 de junio

Y aqui tenemos el resultado de andar escuchando lo que la gente quiere. Porque la JEC fue un deseo de los padres. Ya que ambos trabajan o en casas donde hay un padre o una madre, a ellos les convenia y les conviene que sus hijos pasen 365 dias al año en el colegio. Se ahorran nana, pueden culpar al colegio si pasa algo, y les crian a sus hijos. Eso es todo lo que quieren, no que “mejoren”

Por eso atacan a las tareas. Oh, pobres niños, obligados por malvados profesores a hacer tareas. La solucion es terminar con la JEC, volver a la jornada parcial. Pero ah no, que atroz, ¿que haria con mi hijo en casa? Miren por favor como se habla de los niños en vacaciones de invierno, es un “problema” tenerlos de vacaciones.

No se para que cierta gente tuvo hijos, si no son capaces de asumir las responsabilidades que ello conlleva. Ni siquiera la de hacer las tareas con ellos.

28 de junio

Que podría hacer un padre de familia vulnerable con una tarea de su hijo? No está preparado, la educación lleva decenas de años con malos resultados. De esos resultados son responsables los padres de los padres?

Mis hijos tienen actividades deportivas, el mayor es seleccionado de su colegio, los tres tienen talleres de teatro, gustan del arte, ven documentales. También chatean y juegan en sus consolas.

Pero sus padres son universitarios, postitulados, directivos de empresas…Quienes los cuidan pueden ayudarlos a hacer tareas cuando los papás no podemos.

Veo en resumen, que las tareas en casa otra vez son acciones regresivas. No son para nada parte de la equidad, sino que perpetuadoras de la desigualdad.

28 de junio

¿Sabes cual es el problema con lo que planteas? Que partes mal, partes como culpando a la sociedad de no pensar en esa persona, cuando no es ese el problema.

¿Por que ese padre es “vulnerable”? Porque seguramente se largo de la escuela, desertó, o se farreó el ir a la escuela. Como hace 7 de cada 100 niños en la enseñanza básica y 11 de cada 100 adolescentes en la educación media. Y luego resulta que se le ocurre tener sexo, aparece el resultado a los 9 meses, y en vez de asumir el error cometido de haber sido irresponsable con su educación y no repetir los mismos errores con ese hijo, replican exactamente el mismo modelo: la escuela es una mierda, y le trasmite eso a su hijo, por lo que ese hijo tampoco quiere ir o cuando va no tiene interes en aprender. Se genera un circulo vicioso en el que ni el padre ni el hijo consideran que ir a la escuela sea positivo. Ese padre es el que lleva a su hijo a la mediocridad, lo arrastra porque no hace nada por el, ya que es vulnerable, es victima del sistema, blablabla.

“Que podría hacer un padre de familia vulnerable con una tarea de su hijo”… lo que hacen muchos padres: ayudar. Motivar a su hijo a estudiar, preocuparse que lo haga, preocuparse de ir al colegio, conversar con su hijo, apoyarlo, llevarlo a espectaculos gratuitos artisticos (hay muchos en Chile), llevarlo a bibliotecas gratuitas (hay muchas en Chile)… Para eso no se necesita ser universitario, solo se necesita querer ser un buen padre.

04 de julio

Discrepo en lo general con el comentario, pero quiero hacer énfasis (en mis reparos) respecto de la siguiente afirmación: “A diferencia de otros contextos donde parece innato, allí las tareas son quizá la única forma que un profesor tiene de atizar a un padre indolente por sus hijos o en última instancia, hacer lo que él debía: formar hábitos para que ellos logren vivir bien.”. Relevo inmediatamente las siguientes interrogantes: ¿Es función de la tarea escolar activar dicho acicate? ¿Hay datos que permitan aseverar que la tarea motiva (¡y qué sería la única forma!) a los padres “indolentes a preocuparse por sus hijos? En términos de equidad ¿La tarea equilibra las desigualdades que se producen en distintos tipos de familias en iguales contextos socioeconómicos?.
Creo que las características negativas de las tareas escolares en Chile, en el contexto de un currículum hipertrofiado y una JEC ineficiente (dispositivos que Cox defiende a rajatabla), son más evidentes (además de contar con literatura de apoyo) que los supuestos beneficios aquí expuestos.
Saludos cordiales.

Paulina Fernandez

04 de julio

Algunas preguntas:
1.- ¿Y donde queda el espacio para la educación informal reconocida expresamente en la LGE?
2.- El argumento de equidad es contradictorio. Un padre con recursos para pagarle a un profesor particular, respecto del que no tiene, o el que tiene más herramientas, aumenta la brecha de desigualdad entre los alumnos. Le invito a darle una vuelta.
3.- Con toda la humildad del mundo (y solo para contribuir al debate) ¿Nos puede dar evidencia científica que las tareas para la casa generan hábitos de estudio?
4.- ¿ por qué la única aproximación de los padres con sus hijos tiene que ser a través de la formación académica? ¿Por qué el colegio es TODO en la vida de un niño y su familia?

04 de julio

Paulina.

Es DEBER de los padres EDUCAR a sus hijos. No es del colegio, no es el Estado, es de los padres. El colegio lo que hace es apoyar a los padres, a-po-yo. No suple ese deber. Entonces, cuando los padres envian a sus hijos al colegio, lo que deberian hacer es verificar si estan bien, si estan aprendiendo, en qué tienen dificultades, etc. Es su obligación hacer eso. Asi que no es que se aproximen a sus hijos por lo academico, es que es parte importante de las obligaciones que tiene un padre el educar a su hijo. En todos los aspectos.

Las tareas mejoran el comportamiento del estudiante, la motivación, y hábitos de trabajo. De hecho, para los chicos que tienen problemas de aprendizaje, el hacer las tareas es importante, para adquirir habitos de estudio. Y sobre eso hay cientos de estudios que lo avalan. Los estudiantes que repasan contenidos entre 60 y 90 minutos diarios en casa tienen mejor rendimiento que aquellos que solo se dedican el fin de semana antes de la prueba. Eso es una realidad que hasta ud puede constatar. Pruebe y vera que es asi. ¿Quiere aprender algo? Escribalo a mano, cuelguelo en la pared, y todos los dias mirelo: se lo aprendera y no lo olvidara. Simple, barato y efectivo.

La cuestión es que ese efecto positivo implica que los padres se comprometan con lo que sus hijos hacen. Y no lo estan haciendo. Ni educan a sus hijos ni tampoco se preocupan por como les va en el colegio. Ese es el real problema.

16 de julio

Sra. Marcela: Tenemos un problema serio con el sentido que otorgamos a la palabra EDUCAR, cuando se hace referencia a definiciones acuñadas en el ámbito político-sociológico, principalmente, de donde pasan al uso corriente (social natural), sin una comprensividad eficiente para comunicar aquello que, en rigor, se debería decir; luego, pasan al ámbito pedagógico (para ser acatadas una vez establecidas), sin la validación profesional suficiente de que ellas son adecuadas a la tarea docente que se debería desarrollar en las escuelas (supongo que es adecuado pretender eso)
Lo necesario que decir aquí es que, “lo fundamental” es el cuidado de los hijos en situación de alumnos de los profesores en las escuelas, y luego derivar lo que los padres deberían hacer para que la tarea de la escuela sea lo suficientemente eficiente como todos esperamos. Es evidentemente urgente, tener una definición profesional en esta materia: la político-sociológica no tiene utilidad práctica: la evidencia en este sentido es abrumadora.
Definitivamente, dejar fuera la escuela de la idea más general de educar a nuestros hijos parece un desatino y reducir lo que ella hace a lo intelectual un barbarismo y, ya es imperativo, no sólo urgente, “poner al día profesionalmente” ambos elementos.
Lo que deban hacer los padres por la educación de sus hijos es una materia de naturaleza muy distinta de lo que debe hacer la escuela, los profesores y los padres por sus hijos.

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