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La necesaria transición hacia una educación libertaria

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Es un hecho, la educación en Chile funciona según la lógica del mercado y por lo tanto no es novedoso ni poco común ver casos de colegios que cierran y dejan abandonados a sus estudiantes, para buscar un negocio más lucrativo (como también no es desconocida la individualización del estudiante a través de la competencia académica). Pero no se puede decir que antes era mucho mejor, ya que como se explica en el Asamblea Popular de 1925 (compuesta por obreros, trabajadores, profesores y estudiantes) la educación siempre fue un problema social, ya que en toda su existencia fue funcional a la oligarquía.


Tendremos Escuelas Libertarias para formar ciudadanos libres, una Comunidad Docente Soberana que se encargue de coordinar y fiscalizar dichos recintos educativos y una Guía Constitucional de la Educación que sirva de luz inspiradora para este nuevo modelo educativo social y democrático.

 Con respecto a la funcionalidad que tiene la educación con los intereses de la oligarquía, solo basta leer la crítica de Gabriela Mistral (una libertaria en la enseñanza) al Estado Docente, el cual manufacturaba conciencias según su precisa apreciación. O también solo basta ver como hoy en día, la educación tan desigual como nunca (la tercera con más segregación escolar en el mundo) lo único que hace es replicar un modelo y una sociedad de peones y oligarcas.

Pero nuestra realidad educacional es mucho más compleja que una mera replicadora de “peones y oligarcas”, ya que por ejemplo, es el tercer sistema educacional que más estudiantes tiene por sala (según la OCDE); donde los profesores más tiempo pasan en las salas y peor les va en la prueba Pisa; somos unos de los países que menos invierte en educación del continente (en relación al PIB) y además somos el país con menos estudiantes matriculados en la enseñanza pública en toda Latinoamérica (un 38% solamente, en comparación al 82% que es el promedio mundial).

El resultado de las últimas dos cifras ayuda a explicar lo que mencioné más arriba: Tenemos uno de los sistemas educacionales más segregadores y por lo tanto, también uno de los más injustos del mundo (entendiendo a la educación como un derecho y una herramienta que permite surgir a las personas). ¿Pero cuál es la solución a esto, sabiendo que la educación estatal también perpetúa una realidad que no emancipa al educando?

Lo primero es tener clara la meta, lo que queremos que sea nuestra educación, si es que queremos que sea un derecho, una herramienta para perpetuar el sistema mercantilista oligarca y/o simplemente un negocio. El objetivo debería estar claro: la educación nacional debe formar ciudadanos libres, soberanos, solidarios y participativos. Ergo, se necesita un sistema educativo libertario y con rol social.

Es ahí a la luz de este último objetivo, que aparecen tres conceptos que serán vitales para este escrito: “Escuelas Modernas”, “Comunidad Docente Soberana” y la “Guía Constitucional de la Educación”.

Las Escuelas Modernas fueron un fenómeno educativo a principios del siglo XX, liderado por el profesor y anarquista español Francisco Ferrer, quien buscaba la correcta formación y emancipación del individuo. Para eso, la educación que se impartía no distinguía clase social, era laica y se guiaba por los postulados de la pedagogía crítica y racional.

En dichos recintos educativos, los exámenes, castigos y premios no existían, todo esto para que no “hubiera alumnos ensorbebecidos con la nota de sobresaliente, medianías que se conformaran con la vulgarísima nota de aprobados ni infelices que sufrieran el oprobio de verse despreciados por incapaces”, según las mismas palabras del pedagogo Francisco Ferrer.

Además se realizaban juegos y actividades al aire libre (incitándose un equilibrio entre el entorno natural y el medio) y los estudiantes visitaban centros de trabajo para después redactar sus experiencias y sus comentarios al respecto. Este proceso educativo además se hacía extensivo a las familias de los alumnos, las cuales participan en conferencias y charlas dominicales.

De este modo y gracias a esta pedagogía que además era protagonizada por los diálogos en el aula (en vez del monólogo actual del que son víctimas los niños), no solo se formaba a estudiantes capaces, con una alta formación moral y con una considerable capacidad de raciocinio, sino que también a ciudadanos conscientes, opinantes y participativos con respecto a la sociedad que les rodeaba. La ansiada cohesión social estaba a la palma de la mano.

Por eso, en esta transición educativa que se propone y se busca paliar las injusticias como también las desigualdades sociales, las escuelas modernas (o bien, los “colegios libertarios”) deben ser los protagonistas de este nuevo sistema de enseñanza, el cual será liderado, coordinado y fiscalizado por la Comunidad Docente Soberana.

La Comunidad Docente Soberana fue postulada por las asociaciones nacionales de profesores y estudiantes en el proceso constituyente del año 1925, la cual básicamente trataba de un colectivo compuesto por los gremios de profesores, estudiantes y apoderados, quienes serían los que dicten la dirección pedagógica del país. El Estado solo sé limitará a pasar los fondos necesarios para que este sistema educativo sea gratuito, inclusivo y cuente con los insumos necesarios.

Es decir, el Colegio de Profesores cumpliría en buena parte el rol de un nuevo “Ministerio de Educación”, teniendo la responsabilidad de representar a todo el profesorado y hacer activa su soberanía de manera democrática, además de asegurarse que la educación sea inclusiva, laica, emancipadora y cumpla un rol social. Y por último, tanto los gremios estudiantiles como las asociaciones de apoderados serían los fiscalizadores de este nuevo sistema, asegurando así su correcto y transparente funcionamiento.

Ahora, solo restaría aclarar la nueva “Guía Constitucional de la Educación”. Este importante cambio claramente se dará en una significativa reforma a la constitución y será parte de las reglas como también de las herramientas con las que los estudiantes y apoderados fiscalizarán el funcionamiento de este nuevo sistema educativo.

Por eso es de vital importancia que estos principios guías de este nuevo sistema educativo estén correctamente especificados en la Constitución. Principios tales como laicidad, gratuidad e inclusión, rol social y emancipación a través de la razón, serán protagonistas en esta nueva guía constitucional por la que se dirigirá este nuevo modelo de enseñanza.

Por ejemplo, en esta nueva Guía Constitucional para la instrucción pedagógica, la manoseada “libertad de enseñanza” será cambiada por la “libertad de acceso del estudiante” y por una “educación producto de un proceso democrático protagonizado por profesores, estudiantes y apoderados”, estando más en sintonía a los objetivos que se tranzaron para este nuevo modelo educativo.

Así, tendremos Escuelas Libertarias para formar ciudadanos libres, una Comunidad Docente Soberana que se encargue de coordinar y fiscalizar dichos recintos educativos y una Guía Constitucional de la Educación que sirva de luz inspiradora para este nuevo modelo educativo social y democrático.

Para ir finalizando este escrito, las propuestas o las soluciones pueden variar según la persona, pero la realidad es la siguiente: nuestro actual sistema educativo segrega y no crea ciudadanos sino que solo individuos ignorantes e indiferentes a lo que suceda en su entorno social más amplio. Y por último, no crea personas libres que se guíen bajo su propio raciocinio, sino que individuos manipulados por dogmas o símbolos patriotas (u oligarcas) impuestos. Se necesita un cambio urgente, y un sistema educativo libertario es una opción a considerar.

TAGS: comunidad docente soberana escuelas modernas Guía constitucional de la Educación

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Comentarios

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Yanina

19 de febrero

Está bien estar en contra de las injusticias sociales, pero de ahí a “apalear”… lo dudo. Es paliar.
Ahh y otra cosa, si la educación se propone libertaria JAMÁS aceptaría dineros del Estado, menos reproducir “ciudadanos”. Creo que el concepto debiera ser educación liberadora, emancipante u otra, no libertaria.

15 de marzo

El asunto es que, si como sociedad no tenemos una definición esencial de escuela y si no se jugara “a determinar” en el presente el futuro y el destino de los menores, difícilmente se hablaría de un sistema educativo libertario (en lo literal, la referencia de José Martí que aparece en los créditos del autor no tiene, precisamente, esa ambición)
El no tener una definición esencial de escuela, hace llamar “la educación” a lo que ella hace; también precariza la imagen de la pedagogía que en las escuelas de nuestros hijos se debería practicar. El mirar lo que hace la escuela desde la educación generó un modelo educacional que hace imposible “hacer bien” lo que debería estar pasando ahora con nuestros hijos en las escuelas del sistema educativo ¿Cuánto tiempo hace que estamos tratando de mejorar el sistema educacional desde el mismo modelo educacional que lo ha sustentado históricamente? ¿Estaba la “escuela moderna” (que se toma aquí como referente de hace algo así como un siglo “atrás”), basada en un modelo educativo para este tiempo?
Las razones político ideológicas que mueven al autor de esta propuesta no pueden sobreponerse y negar un siglo que cambió la visión del mundo varias veces, pero deberíamos aprender de todos los errores cometidos para no empezar de nuevo: no merecemos perder todo lo bueno que también hemos vivido como humanidad. Los progresos del saber están a la mano, ¿por qué no los utilizamos para producir-hacer cambios fundamentales para este tiempo?

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