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La escuela de la infancia pobre

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El anuncio de Joaquín Lavín de prolongar diariamente la “vida útil” de las escuelas entre las 17:00 y 20:00 horas fue recibido con el aplauso general de la clase política. Era el mes de julio de 2010, y el Ministro de Educación señalaba que “ese plan apunta al corazón de lo que tenemos que hacer, porque tiene que ver con alternativas al tiempo libre y tiene que ver con refuerzo escolar. Por lo tanto nosotros queremos partir a la vuelta de las vacaciones de invierno y estamos por definir en conjunto con el  Ministerio del Interior cuáles van a ser esos 20 barrios”.

Ni derecha, ni centros, ni izquierda, ni apolíticos, ni menos aún los institutos de investigación educativa y universidades, tuvieron un palabra de análisis crítico acerca de la medida, y el silencio de estos meses aparece como un ejemplo más de una fractura social más arcaica. Las voces críticas se distrajeron con las polémicas luces de los semáforos SIMCE, y agotadas abandonaron una vez más a la niñez y juventud más pobre.

Hace ya casi 20 años tenemos en Chile políticas educativas focalizadas en las escuelas y liceos más pobres, sin embargo ellas nunca han sido objeto de discusión pública. Programas entre los que se encuentran: el de las 900 escuelas, Escuelas Críticas, Liceo Para Todos, Liceos Prioritarios, Escuelas Prioritarias, y hoy todo se está sintetizando con la Subvención Escolar Preferencial. Las escuelas pobres han recibido recursos de distinto tipo, pero el mediático discurso político las olvida, como también lo hacen los actores escolares. Además de los programas ministeriales, nuestra infancia pobre es “atendida” por las iniciativas del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (CONACE), ONGs, Iglesia Católica y otros. ¿Por qué se elige intervenir los fragmentos menores de la pobreza?
 
El texto de Lavín, recién citado, se encuentra dentro de un artículo alojado dentro del Mineduc que se titula: “Ministro Lavín presentó nuevos resultados sobre el consumo de drogas en escolares”, en el cual el Ministro se limita a reconocer los problemas del aumento del consumo de pasta base y cocaína en las escuelas municipales, y es ante este diagnóstico que aparece la idea de extender la apertura de las escuelas hasta las 20 horas. La niñez y juventud más pobre es objeto de política pública –no así la niñez y juventud de clase media o alta- porque de ella es de quien se desconfía. Porque un niño pobre en la calle es un potencial ladrón, una joven pobre es una potencial prostituta… mientras un joven pobre… un posible traficante o adicto. Ellos y ellas son “los sospechosos de siempre”. El Estado y otras instituciones parecen operar más bien bajo una lógica neo-caritativa –compatibilizando la acumulación de la riqueza y un manejo de la culpa a través de los donativos-, que buscando principios de justicia e igualdad.
 
La desconfianza hacia el mundo de los y las pobres está en la base de todas las políticas educativas del Estado chileno, escondiéndose tras una apariencia de objetividad estadística. No es acaso una curiosa casualidad que los peores puntajes del SIMCE, PSU, y cuánto indicador se cree, castigue siempre a las escuelas más pobres, marginándolas. La excelencia de la oferta se distribuye en la misma dirección que los ingresos económicos, mientras los riesgos y los peligros en una relación inversa. Las escuelas abiertas ad eternum no son más que una muestra de un acuerdo de la clase político-económica dirigente que, ni siquiera con un poco de creatividad, se niega a crear condiciones de igualdad para nuestras niñas, niños y jóvenes.
 
En lugar de generar servicios comunales para nuestra infancia y juventud más pobre, que permitan dar nacimiento a una educación extra escolar, se les entrega más de lo mismo, en una sobre saturación del espacio escolar. ¿Qué diferencia existe hoy entre una escuela de barrio pobre de un reformatorio?
 
Es la institucionalización de la pobreza.
 
La educación del pobre no importa en el Congreso Nacional, no es la educación de sus hijos e hijas. La pregunta que queda por hacernos es cuándo empezaremos a indignarnos… y para quienes ya lo estamos, cuándo romperemos este silencio.
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02 de noviembre

No hay palabras. Sólo agregar que la idea de “encerrar” a los niños en las escuelas no es solución para nadie. Ahora falta que se les ocurra dejarlos los fines de semana…
Da igual que estrato socio económico, pareciera que los niños desde recién nacidos, molestan y hay que dejarlos en otros lugares.
Se requieren políticas públicas para criar con ayuda de la comunidad.
Leslie Power
http://www.espaciocrianza.cl
@powerlesliecl

02 de noviembre

Claramente, como bien señalas Leslie, este es un problema que afecta a toda nuestra infancia-juventud… la apuesta por el encierro comenzará a generar espacios como la escuela en lugares más riesgosos, es lo que ocurre con todos los lugares que son sobre explotados en su uso. La escuela es el mejor ejemplo. En este sentido, sí me parece necesario diferenciar las escuelas, porque es un hecho de la causa que las escuelas de sectores populares carecen de infraestructura para generar actividades recreativas, artísticas, culturales o deportivas, cuestión que en escuelas de otros sectores sociales sí es posible de obseervar. He aquí una expresión de la injusticia social que reproducimos todos los días.

02 de noviembre

Para hacer de abogado del diablo, en primer lugar es necesario hacer referencia concreta a la noticia del MINEDUC, que se encuentra en : http://www.mineduc.cl/index2.php?id_seccion=10&id_portal=1&id_contenido=11432.
En segundo lugar, tal como se puede ver en otro artículo del MINEDUC (http://www.mineduc.cl/index2.php?id_contenido=11762&id_portal=1&id_seccion=10), la inclusión en estos talleres no es obligatorio, sino electiva. Por tanto, el ‘encierro’ del que se habla no es tal.
En tercer lugar, no es malvada conspiración-neoliberal el hecho de que lo pobres tengan peores resultados en el SIMCE. El único resultado claro en toda la investigación sobre eficacia y eficiencia educacional es que el gran factor predictor del rendimiento es el nivel socioeconómico. Por tanto, estamos de acuerdo en que para cambiar resultados se requiere mayor equidad, en el acceso a los recursos materiales y culturales. De todas maneras, casi como dato anecdótico, las investigaciones de Redondo muestra que las escuelas municipales, si bien son menos efectivas (menos resultados) son más eficientes que las escuelas particulares, es decir, logran mayores avances tomando en cuenta los déficit previos.
En cuarto lugar, la afirmación de “Las escuelas abiertas ad eternum no son más que una muestra de un acuerdo de la clase político-económica dirigente que, ni siquiera con un poco de creatividad, se niega a crear condiciones de igualdad para nuestras niñas, niños y jóvenes” tiene una falla básica la mayoría de las escuelas subvencionadas y particulares tienen actividades después de clases que permiten, precisamente, mantener a los jóvenes con mayores recursos en entornos enriquecidos culturalmente.

Ahora, el apoyo: estoy de acuerdo en que estamos saturando a las escuelas de responsabilidades, sin entregarles los recursos necesarios. No tengo nada en contra de la educación popular ni guiada comunitariamente, pero requiere un grado de coordinación y de apoyo de las autoridades que, en este momento, claramente no se puede lograr.

02 de noviembre

Revisando el artículo, tienes razón en la marginación por efecto del SIMCE. Además, como señalaba antes, es muy injusto considerando que las escuelas públicas hacen tan bien su labor como las privadas. Lo de los semáforos es, realmente, una estupidez de marca mayor: es como si pusiera un letrero en la cabeza de alguien diciendo “enfermo” o “sano” y esperara que por fuerza de voluntad lo hicieran mejor o peor.

03 de noviembre

Claudio… hablar de predictor del rendimiento al nivel socioeconómico tiende a confundir correlación con causa efecto, lo cual es un error bastante común. Hay que evitar e incluso recalcar que no existe causalidad, porque como bien dices, si se aumentan los recursos, ya se en algo tan simple como en capacitar a los profesores y entregarles mejor material pedagógico, los resultados indicarán que pueden alcanzar los mismos resultados que los niños de nivel socioeconómico más alto. Otro problema es que después tengan recursos para pagar una universidad y no produzcamos generaciones de jóvenes bien preparados y dejados de lado por la falta de acceso.

Da la sensación que esta discusión cae dentro del ámbito moral, como la píldora, el matrimonio gay, etc. Simplemente se evita o se cae en una discusión circular. Movimientos como Educación 2020, Elige Educar y otros están mostrando que la indignación ya es suficiente y que ya no estaremos callados. Hay que continuar presionando.

03 de noviembre

Rodrigo:
Sobre confundir causación con causa-efecto, los últimos modelos son muy sofisticados en aislar la influencia de otras variables. Además, se debe sumar las investigaciones experimentales que tratan de determinar el efecto de intervenciones específicas. De esta manera, resulta que usando precisamente tu ejemplo, aumentar el presupuesto para mejorar el material y capacitar no rinden resultados muy grandes en términos generales, aunque sí generan dependiendo del caso cambios mayores. La conclusión general es que el nivel socioeconómico es EL factor predictor y que las intervenciones que podemos realizar en las escuelas no pueden ser generalizables; remito a Lauder et al(2001) (Los modelos de la escuela eficaz: limitaciones y capacidades)
Sobre nuestro modelo universitario, es simplemente una vergüenza. Tengo como mi recuerdo de la infamia un artículo de Friedman que describe el modelo (http://www.schoolchoices.org/roo/fried1.htm). Me encanta esta parte, que concluye la descripción del contrato para pagar el crédito universitario a partir del sueldo posterior al estudio (la situación en Chile): “No existe obstáculo legal para que los contratistas privados de este tipo, aunque son económicamente equivalente a la compra de la capacidad individual de ingreso y, por tanto, a una esclavitud parcial”. Sin comentario.
Sobre lo último, estoy de acuerdo. Definir el foco de nuestra educación es una tarea que debe recibir apoyo de los hechos (la ciencia, si quieren), pero más que nada una decisión política y moral. Me parece muy bien que la gente pelee por tener la educación que quiere para su país. Mi pelea en todo esto es que los métodos y técnicas se elijan de forma razonable, es decir, considerando experiencias de otros y atendiendo a la diversidad ideológica.

Debo concluir que, de todas maneras, me gusta el diálogo que ha generado este artículo. Me ha dado un par de buenos momentos de discusión acá en mi trabajo 🙂

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