#Educación

G.A.N.E: Los que perdían antes, tampoco ganarán esta vez

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Las movilizaciones estudiantiles de las últimas semanas han llevado por los suelos la popularidad del Gobierno y del Ministro Joaquín Lavín, mientras se han multiplicado las columnas de opinión analizando la crisis de la educación y los alcances del acuerdo GANE.  El acuerdo, que propone una inyección de $ 4 mil millones, tiene dos objetivos: por una parte, mejorar el acceso y el financiamiento a la educación superior, incrementando becas y créditos para estudiantes de los dos quintiles de ingreso más bajos, y disminuyendo las tasas de interés de los créditos con aval del estado (CAE). Por otro lado, mejorar la calidad de la educación superior, implementando un sistema de acreditación más estricto, y estableciendo un sistema de información que permita a las familias tomar decisiones en base a expectativas mejor informadas. 

No obstante, no son pocos los que ya han dado la alerta sobre “letra chica” del acuerdo: la inyección de recursos es sólo de carácter temporal,  y no establece de forma clara “quién pagará” este nuevo gasto. El movimiento estudiantil, por su parte, ha establecido que el acuerdo busca simplemente transparentar y no eliminar el lucro, profundizando el modelo segmentado de educación que impuso la reforma del ’81.

Sin embargo, más allá de lo ya expuesto en otros análisis, seguir inyectando recursos a la educación superior sin cambiar la estructura de fondo de todo el sistema educacional, no mejorará en el largo plazo el acceso de los estratos socioeconómicos más bajos a una educación de calidad ni una posterior inserción laboral exitosa.

Una mayor inversión pública en educación superior no tiene impacto en el largo plazo si no existe un sistema educacional que intente aliviar las desigualdades de “cuna”, ofreciendo una educación de calidad desde los primeros ciclos de formación. Como afirmaba Mario Waissbluth, en la censurada entrevista del domingo 10 de julio en El Mercurio: “mientras el 45% de los egresados de Media no entienda lo que lee ni sepa razonar una regla de tres, al cáncer de la educación superior sólo le podremos poner morfina. Necesaria, pero morfina no curativa. Los 90 minutos del partido de la educación en Chile, hoy, se juegan en Preescolar y Básica. Media y Superior son el alargue, difícil de remontar si el alumno en 4º Básico ya no entendió lo que lee”. 

De hecho, la investigación económica ha producido abundante evidencia a nivel internacional (promovida fundamentalmente por el Nobel de economía J. Heckman) de que los subsidios a la educación universitaria no tienen mayor impacto en el acceso una vez que uno toma en cuenta el origen socioeconómico de las familias. En otras palabras, el origen social es más determinante que los recursos que la familia disponga al momento de enviar a su hijo/a a la universidad. Esto sugiere que, para favorecer el acceso a la universidad, es más importante invertir en una educación de calidad en la educación pre-escolar, primaria y secundaria, en ese mismo orden de importancia. Las desigualdades socioeconómicas comienzan a muy temprana edad y no hacen más que amplificarse en el tiempo, pues las familias más pobres tienen menos recursos económicos y menos apoyo social para la educación y estimulación de sus hijos. En un contexto de mercado en que inversión y calidad van de la mano, quienes no recibieron los estímulos necesarios
y no gozaron de una educación de calidad en las primeras etapas, difícilmente al momento de ir a la universidad han desarrollado las habilidades cognitivas y no cognitivas necesarias para poder sacar el mejor provecho de ella.

Esta hipótesis tiene un fuerte respaldo desde el ámbito de la psicología del desarrollo infantil. Las habilidades cognitivas se desarrollan principalmente durante los primeros años de vida y fundamentalmente durante la etapa pre-escolar. Más aún, el proceso de formación de habilidades es complementario en el tiempo, esto es, nuevas habilidades se construyen sobre habilidades ya adquiridas (difícilmente se puede ser un buen historiador sin tener un buen desarrollo del lenguaje, habilidad que se forma irremediablemente durante los primeros años de la infancia). Habilidades cognitivas y no cognitivas están además íntimamente ligadas. Lamentablemente, cuando el estudiante está por entrar a la universidad, el proceso formativo de habilidades está casi completo y los rezagos, sobre todo cognitivos, son muy difíciles de revertir.

Por lo mismo, es prioritario fomentar políticas que corten la relación entre ingresos y calidad sobre todo en la educación pre-escolar y primaria. Por ejemplo, es urgente cambiar la municipalización de la educación pública, pues fortalece la relación entre el nivel de riqueza de la comuna con la calidad del servicio educacional que presta. Asimismo, es necesario incrementar la inversión pública en educación pre-escolar, cuya cobertura en Chile es similar a países de la OECD sólo en el tramo de 4-5 años de edad, mientras que en el tramo de 0-3 años, donde comienzan a generarse las desigualdades, estamos muy por detrás del promedio OECD, y con una diferencia mucho mayor en favor de los quintiles de ingresos más altos.

En segundo lugar, la existencia del lucro no regulado promueve el acceso, pero no asegura la calidad de la formación. Inyectar más recursos en becas y créditos a la educación superior genera incentivos perversos bajo la estructura actual del sistema.  Los beneficiarios de estos nuevos recursos son quienes tienen mayores deficiencias en el proceso de aprendizaje, y entran a universidades que tienen poco o ningún mecanismo de selectividad y que sólo les importa si pueden pagar la matrícula. Las instituciones a las cuales irían a parar estos recursos, son justamente aquellas de dudosa calidad, creando demanda de matrícula en los grupos más vulnerables y con menor información a costa de reinvertir parte de sus utilidades en marketing (basta ver el perfil de las instituciones que más anuncian en el metro durante Enero y Febrero cada año).

Las mejores instituciones educacionales en el mundo son sin fines de lucro. Una institución motivada por el lucro tiene los incentivos puestos en ampliar lo más posible el ingreso y el egreso de estudiantes sin una selectividad rigurosa, por ende con baja calidad e inserción laboral, y no tienen ningún incentivo para realizar investigación y contribuir de vuelta al país lo que éste les ha aportado a través de subsidios a la demanda. De hecho, en Chile el 95% de la investigación se produce en universidades tradicionales.

En Chile, la universidad es la única forma conocida de movilidad social inter generacional. El retorno a la educación terciaria es en promedio 4 veces mayor que en los países más desarrollados del mundo, y el profesional universitario promedio gana un 40% más que un egresado de la educación media. Si consideramos que una buena proporción de esos profesionales egresan de carreras e instituciones con poca inserción laboral y deben dedicarse a trabajos mal remunerados, debemos concluir que los profesionales egresados de carreras e instituciones de prestigio ganan en promedio muchísimo más. Las familias de estratos socioeconómicos más bajos perciben que este último grupo existe, alimentando la aspiración universitaria, pero eligiendo sin información suficiente para generar expectativas que se puedan cumplir. Son además éstas familias las que se endeudarán con el CAE a tasas similares a las de un crédito hipotecario, con la diferencia que cuando se compra una casa la calidad está a la vista, pero en educación la incertidumbre sobre el retorno futuro es y siempre será alta, aunque el Estado extreme esfuerzos en proveer de un buen sistema de información a las familias.  El CAE debe ser reemplazado por un sistema de créditos con una tasa justa y con un pago contingente al salario.

En definitiva, una mayor inversión en el ciclo terciario bajo la estructura actual es un derroche de recursos públicos y no logra el objetivo final de incrementar el acceso a una formación profesional y técnica de calidad y con buena inserción laboral. El Gobierno está optando por realizar cambios cosméticos, desaprovechando una oportunidad histórica para emprender una reforma de largo plazo que cuenta con un amplio respaldo social. El problema de éste tipo de oportunidades es que suceden cada 5 o 10 años, y cada año que pasa, perdemos la posibilidad de mejorar el futuro de una gran mayoría de niños chilenos con un sistema educacional que no intenta corregir las grandes diferencias de “cuna” que ostentamos como país.
 

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