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¿Es apropiado hablar de calidad en la educación?

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Sin embargo y en base a la amplitud que simboliza tratar el tema educacional desde todas sus aristas cabe preguntarse; ¿Qué significa el término “calidad” propiamente tal? , y, ¿A qué apuntamos cuando utilizamos este concepto para abordar temas de educación? Sería pertinente indagar en aquellas ideas a las cuales queremos apuntar amparándolas en el término “calidad” y expresarlas tal cual

La demanda colectiva ha instalado en las calles y en el parlamento su sentir frente a las condiciones en las cuales se entrega la educación en nuestro país. Una educación que dicho sea de paso, hoy por hoy se enmarca de forma autopoiética en un sistema de organización impregnado de desigualdad y segregación.

El poder y la libertad con los que hoy goza el mercado han generado naturalmente un marco de competencias, dentro  del cual la educación como elemento integrador del sistema (subsistema), replica desde sus bases, de tal manera que en la concepción semántica del concepto, éste sea asumido  como un bien de consumo. Lo  anteriormente señalado ha traído consigo consecuencias sustanciales en lo que hasta el presente conocemos como “calidad”.

Dirigentes sociales, ministros y otras autoridades del Estado han utilizado este término para referirse a la situación educacional que vive el país.

Los diagnósticos apuntan a un desequilibrio en la enseñanza y una desigualdad que responde a las grandes brechas económicas que establecen posiciones dentro del  sistema imperante. Sistema manejado financieramente y que permite a quienes poseen más recursos económicos, acceder a mejores servicios.

Sin embargo y en base a la amplitud que simboliza tratar el tema educacional desde todas sus aristas cabe preguntarse; ¿Qué significa el término “calidad” propiamente tal? , y, ¿A qué apuntamos cuando utilizamos este concepto para abordar temas de educación?

Dentro de la variedad de definiciones que sustentan el concepto, sencillo es respaldarse en imaginarios compartidos socialmente que hacen referencia a la categorización de un bien adquirido de acuerdo a distinciones con otros de similar índole. Desde este punto de vista podemos ejemplificar en acontecimientos cotidianos que apelan a evaluaciones muchas veces inconscientes de determinados bienes; -“Este material es frágil, ¿Tiene otro de mejor calidad?”. “Disponemos de escaso presupuesto; ¿Optamos por la cantidad o por la calidad?”.

Ambos ejemplos dicen relación con expectativas y juicios valóricos al momento de evaluar determinados recursos (tangibles o intangibles). Más aún, la RAE define el concepto como una “propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor”. De acuerdo a lo anterior y dentro del contexto competitivo al cual nos tiene acostumbrados el sistema de capitales, es común escuchar hablar de “calidad” en el proceso de intercambio de productos, generando una importancia en el estereotipo mental que se transforma finalmente  en un significado simbólico al momento de pensar en  alguno de estos productos.

Es así como a partir de este intercambio se construye un valor según la utilidad de lo adquirido y su diferencia con el costo de adquirirlo. Habiendo planteado esto y desde una mirada crítica surge el cuestionamiento ¿Es oportuno utilizar el término “calidad” para asociarlo a la implementación de  un modelo educacional?

Al observar el modelo educacional vigente en la actualidad, es un acierto hablar de “calidad” cuando hacemos una evaluación entendiendo el espectro educacional como un bien de consumo, en donde aquellas instituciones que requieren un mayor financiamiento ofrecen mejores condiciones a lo que hoy se conoce como “servicio”.

Sin embargo y abordando los petitorios estudiantiles y las bases de una reforma en construcción que adquiere sustentabilidad desde un cambio en la concepción sistemática del modelo, el concepto de “calidad” pierde fuerza y respaldo, debido a que la educación como tal, dejaría de generar un valor a partir del intercambio de bienes, más aún, ésta dejaría de proyectarse como un servicio para concebirse como lo que es esencialmente; un derecho ciudadano que contribuye en la formación de niños, jóvenes y adultos.

La “calidad” no tiene cabida en la relación entre docente y estudiante, básicamente porque el acto de educar apunta a la adquisición de nuevos conocimientos, a la creación de realidades, al incentivo de ideas y al intercambio social, por ende el objetivo del nuevo modelo de educación no es crear singulares contribuyentes al modelo de mercado de forma mecánica, sino,  brindar herramientas de formación para el desarrollo y crecimiento personal y social.

Representaciones discursivas que mencionan términos como “modelo integrador e igualitario”, “formación cognitiva” “crecimiento personal”, “contribución social” e “intercambio de ideas”, son omitidas para referirse al modelo de educación y reemplazadas por el concepto aquí analizado, el cual más allá de representar un modelo educativo inclusivo, refleja parámetros evaluativos ante la adquisición de bienes mediante una transacción, por ende representa a la educación como un servicio y no como un bien de participación social.

De acuerdo a ello, sería pertinente indagar en aquellas ideas a las cuales queremos apuntar amparándolas en el término “calidad” y expresarlas tal cual. Esto permitiría por una parte establecer y comunicar de forma clara la raíz de aquello que pretendemos mejorar, y por otra, desistir en la utilización de un concepto lingüístico que es fiel reflejo de aquello que  precisamente nos hemos propuesto erradicar de nuestro sistema educativo; el lucro.

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Foto: matias asun / Licencia CC

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Comentarios

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Mario Aguilar

29 de mayo

Muy bien el columnista. El concepto “calidad” es epistemológicamente inadecuado para su aplicación en educación porque su origen viene de una visión económico-empresarial y pertinente para ese contexto pero no para procesos de complejidad muy diferente como son los hechos pedagógicos.

jose-luis-silva

29 de mayo

Interesante su vision. Deberiamos tomar el agua con fecas y deshechos porque el tèrmino calidad es epistemológicamente inadecuado para aplicarlo en algo tan complejo e importante.

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