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El Simce ha muerto

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A 25 años de la primera medición, se han acentuado las críticas provenientes tanto de los estudiantes que han rendido las pruebas Simce, como de docentes y expertos que han seguido de cerca su implementación, y apuntan concretamente a la incongruencia entre la visión de la Agencia de Calidad de Educación y la realidad educativa.

La utilización de pruebas estandarizadas en el ámbito educativo no es una innovación reciente en la historia de Chile. Desde hace varias décadas, el estado ha intentado tener una visión general de la realidad educativa a través de la estandarización, atendiendo para esta finalidad, a modelos extranjeros. De esta manera, en la década de los ‘60 se lleva a cabo el primer test llamado “Prueba Nacional”, aplicado a los estudiantes de 8° año básico con el objeto de medir los aprendizajes obtenidos durante los primeros dos ciclos de enseñanza. De ahí que hoy en día la estandarización educativa en nuestro país se ha perpetuado negando su finalidad pedagógica, recibiendo por ello el rechazo generalizado de los actores del proceso educativo, puesto que se trata de instrumentos restrictivos, punitivos y segregadores.

Durante la dictadura, la “Prueba Nacional” fue sometida a una profunda reestructuración, de tal manera, que la estandarización respondiera en su totalidad a la ideología autoritaria de la época, alejándose en efecto de las mediciones meramente pedagógicas. Con este propósito, se implementaría entre 1982 y 1985 el Programa de Evaluación del Rendimiento (PER) de un convenio entre el Mineduc y el Departamento de Investigación y Tecnología de la Universidad Católica (DICTUC) a 4° y 8° año básico. Los resultados recogidos por el PER fueron procesados y analizados por medio del Sistema de Evaluación de la Calidad de la Educación (SECE), responsabilidad del Centro de Investigaciones Pedagógicas (CPEIP). Esto permitió crear en 1988 el Simce o sistema nacional de evaluación de resultados de aprendizaje como un elemento complementario a la privatización y municipalización de la educación, consonante con la economía de mercado que se imponía en ese momento. Sistema de medición que perdura hasta el día de hoy.

Lo curioso es justamente que después del gobierno de facto, cuando el Simce ya había sido traspasado totalmente al Ministerio de Educación (1992), no hubo ánimo en impulsar durante el gobierno de Aylwin, un cambio sustancial al sistema de evaluación estandarizada del desempeño escolar, más aún cuando lo mínimo es investigar o modificar un sistema de medición que fue creado durante un periodo antidemocrático. Sin ir más lejos, Augusto Pinochet en una arremetida característica de un dictador, promulgaría el 7 de Marzo de 1990 la Ley N° 18.962, Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), siendo publicada en el Diario Oficial el 10 de Marzo del mismo año. Ilegítima en su origen, esta ley obliga a los gobiernos posteriores a evaluar el aprendizaje de los estudiantes y a hacer públicos los resultados de las escuelas.

A 25 años de la primera medición, se han acentuado las críticas provenientes tanto de los estudiantes que han rendido las pruebas Simce, como de docentes y expertos que han seguido de cerca su implementación, y apuntan concretamente a la incongruencia entre la visión de la Agencia de Calidad de Educación y la realidad educativa.

Contra aquellos que defienden fervorosamente la aplicación de pruebas estandarizadas, los docentes desde 1997 vienen advirtiendo sobre los peligros que conlleva la aplicación del Simce,  concluyendo que estas mediciones: a) omiten la diversidad cultural y las capacidades de los estudiantes, discriminando a los más pobres y menos integrados a la “modernidad”; b) sancionan y estigmatizan a la educación pública, que es la que recibe en su mayoría a los alumnos y alumnas con mayor atraso educativo, familias con bajos niveles escolares y socioeconómicos, y baja inversión por parte del Estado; c) se aplican de modo homogéneo, negando las necesidades educativas de los alumnos(as); y d) promueven la competencia por alcanzar los premios de excelencia académica, en vez de instancias de intercambio y colaboración intra e interescuelas. En términos generales, se rechazan estos instrumentos por ser: restrictivos, al medir sólo contenidos; punitivos, al establecer premios y castigos; y estigmatizadores o segregadores, al distinguir escuelas “buenas” y “malas”.

En la actualidad, la OCDE propone a los 34 países que la integran, mejorar el sistema educativo a través de los modelos de valor agregado. Estos últimos son análisis estadísticos que ofrecen medidas de desempeño escolar (por ejemplo, una puntuación escolar de valor agregado) para supervisar, evaluar y desarrollar los procesos escolares y de otros elementos del sistema educativo.  Sin embargo, su diseño obedece evidentemente a motivos mercantiles por sobre preocupaciones pedagógicas, intentando globalizar un sistema de medición que desconoce la realidad de la educación, al menos, en Latinoamérica. Esto ha impulsado a expertos en educación a manifestarse en torno a un sistema (Simce) punitivo y discriminador con las escuelas públicas principalmente; culpabilizador, desprofesionalizante y causante de un empeoramiento de la salud laboral docente y; subutilizado como fuente de información por parte de los actores educativos, ya que no se discuten colectivamente los resultados, significados, interpretaciones y medidas.

El doctor en educación, Miguel Ángel Santos Guerra, señala que la evaluación debe ser un medio para la mejora de la educación, pero no es el fin para quedar mejor clasificados en un ranking y en función de ésta, tener apoyos y beneficios para quedar mejor situados. Para Guerra, la evaluación permite comprender, mejorar y tomar decisiones sobre cómo la enseñanza se hace de mejor calidad, por lo que las visiones que tienden a considerar la evaluación como un fenómeno de medición y competición “atentan a la justicia”, ya que se beneficia “al que tiene más”.

Por su parte, Patricia López,  directora de la carrera de Pedagogía en Biología y Ciencias Naturales con mención en Indagación Científica Escolar de la UAH, señala que a pesar de que el marco curricular ofrece espacios para la innovación en la enseñanza de las ciencias en la escuela y en el liceo, la presión por obtener más puntaje en estas pruebas obliga a la mayoría de los docentes a persistir en esquemas tradicionales orientados principalmente hacia la memorización de contenidos. En tanto que la psicóloga educacional Tatiana Canales, académica de la Facultad de Psicología e integrante del Centro de Innovación y Calidad de la Docencia (CICAD), asegura que el Simce se ha transformado en una herramienta perversa que penaliza las inequidades de los estudiantes, lo que se asocia a la lógica de un estadio subsidiario.

La Doctora e investigadora chilena Beatrice Ávalos (Premio Nacional de Ciencias de la Educación 2013), sostiene que la práctica le ha llevado (y también a otros investigadores) a tomar conciencia y acumular evidencia respecto a los perjuicios que este sistema de medición genera en distintos niveles. Si bien estos son diversos, es posible enunciar con claridad al menos tres:

i) cada vez parece más natural sugerir que los resultados de esta prueba entregan información válida sobre la calidad y el funcionamiento de un establecimiento escolar, reduciéndose la complejidad de lo que significa educar;

ii) el énfasis desmedido y preocupante que el resultado Simce tiene, vinculándose con formas de gestionar los recursos escolares, ha arrastrado a las comunidades escolares a destinar gran parte de sus esfuerzos a responder satisfactoriamente esta prueba; y

iii) finalmente la importancia indebida que ha cobrado el Simce conlleva un creciente estrés y malestar en el profesorado y el estudiantado, afectando las relaciones en las comunidades escolares que año a año deben lidiar con esta prueba.

Docentes e investigadores se han pronunciado en relación a las secuelas de la estandarización de la educación en Chile. No obstante, los estudiantes no se han quedado atrás. Pues, el director ejecutivo de la Agencia de la Calidad, Sebastián Izquierdo, junto a la ministra de Educación, Carolina Schmidt, informaron el miércoles pasado que los estudiantes de los segundos medios de los liceos Confederación Suiza y Tajamar, no rindieron la prueba Simce de Comprensión de Lectura y Matemática, sumado esto a la baja participación de alumnos en otros establecimientos. Y por si fuera poco, se aviva aún más la discusión a raíz del fallecimiento de un estudiante de 14 años tras realizar la prueba Simce de Educación Física en el colegio San José de Antofagasta. Naturalmente, lo anterior avala la ineficacia de este sistema y predice su tendencia a desaparecer.

En septiembre pasado se conmemoraron 40 años del golpe militar y la ciudadanía recordó los horrores de un periodo en que la represión y la tortura marcaban la agenda del país. Por consiguiente, un sistema que nace en una época antidemocrática como fue la dictadura no puede continuar en la actualidad. No solamente porque dista de ser un instrumento legítimo y ético, sino también porque responde a las necesidades de individuos que orientaron la educación a sus propios intereses y, por supuesto, al mercado. Ahora, bajo la mirada crítica de docentes y otros avezados, la competencia entre estudiantes y escuelas no es recomendada ya que responde a los ejes de la filosofía neoliberal que plantea el individualismo en función de la vida y la competitividad. En consecuencia, un buen colegio es aquel que no selecciona y se hace cargo de todos los estudiantes, asumiendo su diversidad y pluralidad.

Finalmente, al obligar a nuestros hijos a rendir pruebas como el Simce, estaremos contribuyendo a legitimar un sistema atroz que ni siquiera logró cumplir su objetivo esencial. Dicho de otro modo, es una herramienta inútil porque atenta contra la calidad y equidad de la educación. Entérese que, sin excepción, para los especialistas en ciencias de la educación y los actores del proceso educativo este sistema está muerto, así es, el Simce ha muerto.

Foto: Wikimedia Commons

TAGS: #SIMCE

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Comentarios

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El Simce ha muerto

23 de noviembre

[…] fuente Jose Chagual, El Simce ha muerto […]

26 de noviembre

Me parece muy interesante y sobre todo realista.

27 de noviembre

Como el SIMCE hay muchas otras cosas heredadas de la dictadura y por las cuales todavía pagamos grandes costo, entre ellos el que las nuevas generaciones no comprendan y valoren la experiencia de los que para ellos somos el pasado. Tengo 48, soy profesora y me duele ver que los profesores que son mis colegas y a la vez podrían ser mis hijos carezcan de la voluntad que tuve yo para protestar y arriesgar el pellejo para que hoy ellos puedan gozar de la libertad que a mí se me negó.

SIMCE, Q.E.P.D

29 de noviembre

Estimada colega:
Si hace Ud. un pequeño esfuerzo por tratar de ver las cuestiones técnicas y profesionales, además de las político-ideológicas, que no son lo mismo, por cierto, y aunque después las vuelva a consolidar en un mismo sentimiento, tendrá algo nuevo que discutir en favor del profesorado y las consecuencias que hoy vemos como algo no resuelto; el no ver las definiciones “técnicas” que originaron el SIMCE, nos tiene involucionando y dando palos de ciego, las político-ideológicas las conocemos muy bien.
Un abrazo.

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