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Educadores silenciados, entre el Simce y el poder

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La agenda de la reforma de la educación no dice nada al respecto. Es una agenda que busca modificar las condiciones en las que ocurren los procesos de aprendizaje, pero no dice nada respecto de los procesos mismos. Es una agenda de la cual se han apropiado ingenieros sociales y economistas, excluyendo a los educadores. De llevarse a cabo con éxito, en veinte años tal vez la brecha sea un poco menor, pero seguirá persistiendo.

Una vez más los resultados del SIMCE muestran la persistencia de la llamada “brecha de los aprendizajes” entre establecimientos escolares, según niveles de ingreso de las poblaciones a las que atienden. Con fluctuaciones, con altas y bajas, con excepciones, las brechas persisten a lo largo de los años. El año 2012, las diferencias de puntajes de comprensión lectora entre los estudiantes de nivel socioeconómico bajo y alto en segundo básico era de 53 puntos, un 18,7% a favor de los de NSE alto. En segundo medio la brecha alcanzaba 74 puntos en comprensión lectora, un 24,3% a favor del NSE alto; mientras que en matemáticas la brecha era de 111 puntos, un 33%.

Si bien hay quienes cuestionan el SIMCE como indicador de “calidad de la educación” arguyendo –con razón- que la calidad incluye otras dimensiones, la dimensión de logro de los aprendizajes es importante. De hecho, es la razón de ser de los establecimientos escolares pues la institución escolar tiene por función organizar procesos de comunicación entre las generaciones mayores y las más jóvenes; o entre adultos –profesionales de la educación- que tienen el poder de certificar qué y cuanto saben otros adultos interesados u obligados a recibir tal certificación.

Dichos procesos tienen por finalidad generar aprendizajes relativos a temas que están fuera del ámbito de las comunicaciones cotidianas de los individuos, sus familias y comunidades, y que los Estados, a través de los llamados “planes y programas oficiales” consideran que son básicos, fundamentales, primarios, imprescindibles, indispensables o necesarios para sus ciudadanos.

Si se parte de la base de que el aprendizaje se facilita cuando los aprendices poseen un contexto de referencia, un trasfondo discursivo e interpretativo desde el que reciben las nuevas distinciones lingüísticas a que la institución escolar los somete, se hace fácil comprender porque las poblaciones con mayor nivel socioeconómico disponen de mejores condiciones para aprender. Para explicar lo anterior recurriré a un ejemplo que podría considerarse pedestre, pero que a mí me resulta muy aclaratorio y lo suelo utilizar en mis cursos y talleres:

Mire la siguiente secuencia de siglas, luego cierre los ojos y repítalas. NCN BIF DPC OUN ACR… ¿Cuántas pudo repetir?

Ahora haga el mismo ejercicio con la siguiente secuencia: CNN FBI PDC ONU RCA… Posiblemente pudo repetirlas todas. Eso ocurre porque la segunda secuencia, construida con las mismas letras de la primera, lo remite a siglas comunes, ya conocidas por usted. Del mismo modo, las conversaciones cotidianas de los niños, niñas y jóvenes de los niveles socioeconómicos más altos están llenas de referencias lingüísticas, discursivas, textuales, semejantes a las de la institución escolar. Es lo que se denomina “capital cultural” o lo que una corriente sociológica llama “código ampliado”.

En cambio las conversaciones cotidianas de los estudiantes provenientes de los niveles socioeconómico bajo no disponen de ese bagaje, aún cuando puedan ser muy ricas en otros ámbitos, como ocurre por ejemplo con la cultura campesina. Esos ámbitos no forman parte de los temas tratados por los planes y programas de estudio: mal que mal la institución escolar es un “arbitrario cultural”.

Conociendo lo anterior, ¿Se pueden cambiar las cosas de modo que los niños, niñas y jóvenes de los niveles socioeconómicos más bajo obtengan cada vez mayores logros de aprendizajes hasta cerrar las brechas? Sí, se pueden cambiar las cosas. Para quienes trabajamos en las aulas, se trata de cambiar los enfoques, las metodologías y didácticas.

Se trata de abrir las instituciones escolares a nuevas prácticas pedagógicas, cambiando de una vez y para siempre el aula frontal, tipo auditorio por aulas activas, participativas y digitalizadas (cada estudiante, una tablet) en las que ante cada tema de entrada se familiarice a los estudiantes con las nuevas distinciones desde el cuerpo, la emoción y el lenguaje y luego se les haga jugar ejercitándolas una y otra vez hasta llegar finalmente a Gutenberg, al libro de texto que –tablet mediante- será un hiperlibro de texto.

Sin embargo, nos encontramos ante un gran escollo. La agenda de la reforma de la educación no dice nada al respecto. Es una agenda que busca modificar las condiciones en las que ocurren los procesos de aprendizaje, pero no dice nada respecto de los procesos mismos. Es una agenda de la cual se han apropiado ingenieros sociales y economistas, excluyendo a los educadores. De llevarse a cabo con éxito, en veinte años tal vez la brecha sea un poco menor, pero seguirá persistiendo.

Lo dramático del caso es que desde Maturana y Varela en adelante, desde su biología del conocimiento, en Chile hemos producido una nueva y potente interpretación respecto de lo que es “saber” y “aprender”. Y más dramático aún es el hecho de que el Estado chileno cuenta o va a contar con recursos para revolucionar los procesos. Y también dispone de la institucionalidad necesaria para hacerlo (Centro de Perfeccionamiento, Agencia de Calidad).

Sin embargo, como la agenda no dice nada al respecto, tras una disputa apasionada por el destino de los recursos, en las aulas las cosas seguirán igual: un aburrido profesor o profesora que habla y unos estudiantes de poblaciones a quienes nada de lo que dice hace sentido, y que prefieren hablar, chatear, pelear entre sí, hacer avioncitos de papel, dormir…

—–

Foto: talcahuanofotos / Licencia CC

TAGS: #SIMCE

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Comentarios

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11 de junio

“Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romperá el odre, y se pierde el vino y también los odres; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos.”

Tiene razón al decir que la agenda “busca modificar las condiciones en las que ocurren los procesos de aprendizaje” y eso es adecuado,las viejas estructuras no resistirían los cambios o los ahogarían, por eso es absolutamente necesario cambiarlas ya que su esencia apuntan a otros fines que no son el educar.
Pero de nada valen nuevas estructuras o condiciones si no no se cambia lo que ocurre dentro de ellas.
Si queremos una educación de calidad no basta cambiar un instrumento de evaluación o mejorar algunos aspectos curriculares, se necesita entender que los aprendizajes se producen más allá de la sala de clases y por tanto deben darse las condiciones para ello. los alumnos ,sobre todo los menos aventajados, necesitan espacios y tiempos para experimentar, reflexionar sobre los contenidos y para ello requieren la guia de los profesores y ahí también la tecnología nos brinda actualmente posibilidades de brindar apoyos personalizados impensados hace unos años atrás. Necesitamos menos clases y más aprendizajes. Necesitamos una educación enriquecida por la información colaborativa entre los colegios. Necesitamos un sistema nacional descentralizado de apoyo a la labor docente que acopie y sistematice la enorme información que se encuentra en los colegios y en su práctica . Necesitamos instituciones formadoras de docentes ligadas directamente al sistema educacional, donde los aspirantes a profesores se empapen desde el primer año con la realidad en la cual se desempeñarán.
Tiene razón, colega Rojas hace falta vino nuevo para estos odres.

11 de junio

De acuerdo Patricio. Cambios al interior de la escuelas. Odres nuevos…

12 de junio

Necesitamos que los padres se pongan los pantalones.

Mucho hablar contra los profesores, contra las salas, contra el sistema, pero la clave siempre esta en los padres. Un crio bien puede estar en el mejor colegio de Chile y no aprender nada, no por ser “menos aventajado” sino por ser un flojo, algo que se lo fomentan en su casa.

Un profesor es eso, un profesor, no un mago. Puede hacer cosas, sobre todo podria hacer mas cosas si no tuviera el problema de que le piden que sea sicologo, terapeuta, mama-papa, y no se le deja ser profesor. Pero nada va a servir, ningun cambio sera realmente efectivo, si los padres no hace su trabajo. Si ellos no estan supervisando que realmente su hijo aprenda, si no estan atentos a que su hijito estudie y no ande haciendo bullying a sus compañeros, si no se preocupan de que entienda la importancia de estudiar y deje de hacer la cimarra, no importa lo que se haga, no va a servir de nada. Los profesores no pueden preocuparse por cada niñito, porque un profesor que va rotando por tres colegios (que es lo que hacen muchos) tiene mas de 100 alumnos al día de que preocuparse. Es hora que los padres realmente se preocupen de su niñito y no que lo tiren al colegio hasta que tenga 40 años

13 de junio

Estoy muy de acuerdo con el análisis. Quisiera agregar además que cuando hablamos de “comunicaciones cotidianas” no podemos descartar el rol de los medios de comuncación masivos, algo que el país ha dejado a las manos del mercado por demasiado tiempo.

El capital cultural no solo está dado por el código a nivel de primer orden (palabras, términos) también en un segundo orden por temas y conceptos. Los temas y conceptos que se tratan en la televisión y la radio, los medios masivo con mayor audiencia en Chile hoy a pesar del creciente uso de la “cola larga” via Internet, son de una calidad extremadamente cuestionable, y las notables excepciones a esta tendencia, por no ser de interés comercial, quedan relegadas a horarios de poca audiencia.

Es impresionante que el país, siendo dueño del recurso fundamental para la comunicación masiva (espectro electromagnético) desaproveche ese recurso, de una manera tan evidente y como ningún otro países de la OECD. Si nos comparamos con países vecinos, la estupidez de nuestra televisión y radio se evidencia rápidamente por diagnóstico diferencial.

Creo que hay que sumar al complejo análisis de nuestros problemas de educación y cultura los aspectos relacionados con los mass media, y la crítica le cae a toda la clase política de todo el espectro, que no se ha querido hacer cargo de esto, quizás por no valorar la diferencia entre un pueblo educado y despierto versos un pueblo anestesiado intelectualmente.

13 de junio

Excelente comentario. Sin lugar a dudas el tratamiento de los temas y los temas mismos en la TV constituyen parte de las conversaciones cotidianas de nuestros estudiantes. Su pobreza empobrece la cotidianidad de quienes no tienen acceso a otros medios. También hay que poner mucha atención a los juegos de video, vez más realistas y “calientes” (en el sentido de Mcluhan: agarran desde el paroxismo emocional). Por ejemplo, ver: https://www.youtube.com/watch?v=yK29MwK1t2c

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