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Ciencia: la batalla cultural que no estamos dando

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Chile podría albergar el 85% de la capacidad de observación astronómica del mundo en el 2025, si el Telescopio de 30 metros (TMT) es construido finalmente en la Región de Antofagasta. Así es, tal como lo oye. No deja de ser irónico, rayando en lo cruel. Chile refuerza su condición de potencia mundial astronómica en el sentido de la capacidad instrumental instalada (observatorios), a los que por supuesto y, desde el punto de vista tecnológico, el país no aporta prácticamente nada, salvo contadas excepciones que son como gotas en un mar de lágrimas… lágrimas de científicos para ser exactos.


Esos niños y niñas, si llegan a puestos de poder político o económico, independiente de que sean o no científicos, se darán cuenta de que, no es posible seguir sacando piedras del suelo hasta que no tengamos donde pisar, que las sequías harán inviable tener a las forestales como motor económico, y que los peces, que una vez fueron muchos, ya no lo son tanto.

Cómo es posible que, en paralelo a esta inmejorable capacidad instrumental en un ámbito particular de las ciencias duras como es la astronomía, existan miles de científicos chilenos en el extranjero (miles, no cientos) y muchos otros perfeccionándose en universidades chilenas, de todos los ámbitos, quienes estudiaron pagados y motivados por el Estado. Con dinero de todos los contribuyentes para convertirse en eso que CONICYT llama Capital Humano Avanzado cuyo objetivo es, entre otros, mejorar la calidad de la formación que reciben los hijos e hijas de esos mismos contribuyentes. Sin embargo, estos científicos, no pueden volver o encontrar trabajo en Chile porque simplemente nuestro modelo de desarrollo es tan básico que, teniendo un mero PhD, ya estas sobre calificado prácticamente para cualquier trabajo y ni siquiera las universidades, que son las que principalmente deberían absorber parte importante de nuestros científicos no tienen financiamiento suficiente (o no les importe dados los incentivos económicos) para hacer ciencia.

Cómo es posible que, en paralelo a esta inmejorable posición en la astronomía, tengamos a científicos marchando frente a CONICYT y a la Moneda hartos de la falta de ya, ni siquiera planificación, lo que implicaría la existencia de al menos una reflexión previa básica, si no más bien de la ausencia total de sentido común.

Cómo es posible que la Región de Antofagasta, donde probablemente se encuentra la mayor concentración de observatorios del mundo, no sea un núcleo a nivel mundial de la astronomía, con un aeropuerto internacional (y decente).

Cómo es posible que Antofagasta obtenga la certificación Starlight de la UNESCO y en paralelo recibamos una carta de Ricardo Díaz Cortés, vocero de “Este Polvo te Mata“, agrupación que denuncia la cantidad de polimetales presentes en el polvo en suspensión (lo mismo que pasó y pasa en Arica, Copiapó, y quien sabe cuantas ciudades más), y que está envenenando lentamente a la gente en la ciudad?

Cómo es posible que no haya astronomía en todas las universidades del Norte de Chile, siendo probablemente el territorio con la mayor cantidad de observatorios top del mundo.

Aventurando una tesis que seguramente no será compartida por muchos, creo que la respuesta a estas alturas es simple: Chile eligió la ignorancia, y es en parte importante culpa de nosotros mismos, los científicos.

Si usted es un científico en Chile, o viaja a Chile de vez en cuando, ¿Cuándo fue la última vez que dio una charla acerca de algún tema en un colegio o a un público general? Si usted considera este tipo de actividades como pérdida de tiempo, porque no contribuyen al CV ni aportan a los índices que mide CONICYT para obtener financiamiento, bueno, estas son las consecuencias. Adultos que llegan a puestos de poder político y económico, siendo científicamente ignorantes, que crecieron con la idea de que un científico es alguien con una bata blanca encerrado en un laboratorio que hace cosas que nadie entiende y que no le afectan en su calidad de vida, no tendrán ningún interés en la única actividad humana que ha llevado el progreso tangible a la civilización, y no me refiero solamente del ámbito material, si no del reino de las ideas.

Es cierto que, y aquí cuento algo de experiencia personal, el simple acto de dar una charla en un colegio es complicado. Generalmente los colegios son reacios a este tipo de actividades y se escuchan argumentos como: es que no podemos “perder horas“ porque sino no alcanzamos a pasar los contenidos del MINEDUC.  Calificar como “perder horas” la charla de un investigador o investigadora que pretende motivar a nuestros niños y niñas a descubrir la naturaleza y el mundo en el que viven, refleja fielmente lo que somos. Un MINEDUC que entiende que la mejora en la educación pasa por aumentar el contenido de la malla curricular y mantener a los niños y niñas 8 horas en el colegio, ese el Titanic que hemos creado como sociedad.

Para pasar de la problemática a la solución, creo firmemente que si cada científico que fue a marchar frente a CONICYT, juntos con los que se quedaron sentados en sus oficinas y aquellos que viajamos a Chile de vez en cuando, saliésemos en masa a dar charlas públicas de forma sistemática acerca de lo que hacemos, o cualquier tema relacionado, esto tendría un real impacto en el largo plazo, especialmente si el público de dichas charlas son mujeres. Estoy convencido de que una de las claves para el cambio de mentalidad nacional pasa necesariamente por educar científicamente a nuestras mujeres. Ellas son las que, por diversas razones, desde culturales hasta producto del “modelo de desarrollo“ del país con hombres ausentes del hogar (por ejemplo, debido a trabajos por turnos en mineras) terminan educando a nuestros niños y niñas. Son las que terminan inculcándoles sus valores, y muchas veces su visión de mundo. Mujeres científicamente cultas, implicaría un cambio radical en la visión de nuestros niños y niñas acerca de como enfrentarse al mundo, en el que van a tener que enfrentar las consecuencias de un cambio climático que va a afectar la forma en la que la sociedad se organiza, hasta el aumento explosivo de la tecnología que esta afectando la vida de todos.

Esos niños y niñas crecerán siendo ciudadanos de este tiempo, con una visión crítica de las cosas que los rodean, con herramientas que les permitirán juzgar las cosas que ven y escuchan. Esos niños y niñas, si llegan a puestos de poder político o económico, independiente de que sean o no científicos, se darán cuenta de que, no es posible seguir sacando piedras del suelo hasta que no tengamos donde pisar, que las sequías harán inviable tener a las forestales como motor económico, y que los peces, que una vez fueron muchos, ya no lo son tanto, y que sus ciclos reproductivos no siguen las decisiones de las juntas de directorio de CORPESCA cuando se reparten las cuotas de caza.

Tenemos tantas carencias, que es difícil mantenerse optimista, pero si hay un reducto de esperanza, esos son nuestros niños y niñas. Ellos serán los que le cambien la mentalidad a nuestro país, si somos capaces de darles las herramientas para hacerlo. Quedarse esperando que nuestras autoridades políticas, que son científicamente ignorantes, cambien de mentalidad y producto de las movilizaciones cambien el modelo de desarrollo del país es, por decirlo suavemente, optimista.

El cambio, en mi opinión, es cultural y de estructura mental. En el intertanto, ciertamente es necesario manifestarse y visibilizar la problemática actual, ya sea saliendo a marchar o escribiendo columnas, pero es la batalla cultural es la que hay que ganar. En paralelo, la ciencia chilena tiene ahora como rostro visible a dos astrónomos: Mario Hamuy a la cabeza del huracán llamado CONICYT y Maria Teresa Ruiz como punta de lanza de la Academia Chilena de Ciencias. Si esto no es una paradoja, como diría Pinilla… pega en el palo.

TAGS: #CienciaInnovación Científicos Conicyt

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Comentarios

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28 de marzo

“Chile eligió la ignorancia”, es cierto y muchos programas populares en televisión lo son gracias a a la ignorancia de sus espectadores.
Otro motivo más para enseñar ciencia desde pequeño:

¿Cuál es la utilidad práctica de enseñar Ciencia en el colegio?

Saludos y buen artículo

31 de marzo

Sinceremos el discurso aún más… A nuestros políticos le importa un bledo todo lo que tenga con elevar el espíritu científico, las artes, la razón…
Porque ahí radican los peores enemigos de la política.
Porque ello implica alimentar una cantidad de personas con educación, con instarlos a investigar, descubrir, aportar y más aún… Cuestionar.
Lo lamentable es que, según mi parecer, esto no lo solucionarán ninguno de los que hoy están en política.
Porque implica, trazar políticas de largo plazo. Y los de hoy, sólo piensan en inaugurar, lo que sea.
Que triste leer esto, me deja acongojado.

Macarena Gutiérrez

01 de abril

Te encuentro toda la razón, soy Enfermera, estudié en un colegio (otrora) particular subvencionado científico-humanista en el que mis docentes del área científica nos estimulaban a leer e interiorizarnos en la ciencia, pero sin apoyo de la escuela, no teníamos laboratorios ni espacios necesarios para fomentar y así estimular a los más pequeños a que ser científico o dedicarte a eso es entretenido y muy enriquecedor. Con lo anterior quiero decir que desde las bases de la enseñanza, partiendo por nuestros padres, pero fundamentalmente por la escuela es que no hay conciencia de parte del estado, están mal repartidos los recursos, no se le da la importancia que tiene la educación y los beneficios económicos que trae al país que existan científicos de alto calibre a los que en el extranjero le sacan provecho y son bien remunerados. Leí tu artículo anterior en el que hablabas lo difícil que es ser científico o dedicarte a la investigación, si no es bajo el alero de una buena universidad, mejor buscate otra pega, porque al estado le da miedo que la gente se informe, porque los cuestionamos y ponemos en duda su “labor”.
Me gustan tus artículos de opinión.
Ojalá desde el área de educación los leyeran y dieran más facilidades a los científicos chilenos.

03 de abril

Me parece legitima tu indignación frente al poco apoyo que reciben científicos de todas las ciencias para promover, difundir y poder trascender con sus conocimientos, sobre todo en un modelo que no está preparado para recibir de vuelta a tan calificadas personas.
Pero de ahí a decir que el cambio de mentalidad pasa por “educar científicamente a nuestras mujeres”, me parece una patudez, en primer lugar porque instrumentalizar a la mujer para difusor de la ciencia, no contribuye a la lucha que han y están dando muchas mujeres precisamente en la ciencia, la idea es acabar con esos patrones culturales que responsabilizan eternamente a la mujer del cuidado y la formación. La responsabilidad es de la sociedad completa.
Y segundo, porque tampoco se trata de llegar solo a “nuestros niños y niñas”, ya que hoy en día las expectativas de vida son bastante altas y la capacidad de aprendizaje de las personas es durante toda la vida, ojalá llegara a personas de todas las edades, sobretodo a “nuestros” políticos, ya bastante grandecitos y que son los que ahora están decidiendo.

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