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Algunas lecciones de la educación superior en Alemania

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Si bien la educación es gratuita en la mayoría de los 16 Estados alemanes, esto no es realmente un dogma (algunos cobran los magíster o a los alumnos que se quedan estudiando demasiado tiempo como desincentivo). Sin embargo, aunque la gratuidad de la educación no es un dogma para todos, no es necesario que lo sea, porque se considera que el financiamiento primordial del sistema educativo debe ser estatal. Y en la absoluta minoría de tres Estados en que la universidad no es gratuita, el valor semestral no llega a los 315.000 pesos chilenos (500,-€).

Si bien las realidades son diferentes y el sistema de educación superior en Alemania no es perfecto, observarlo nos puede servir para, por lo menos, revisar algunos paradigmas que asumimos como ciertos en el modelo chileno.

1. Educación pública

El sistema de educación alemán es primordialmente público. Ni los colegios ni las universidades privadas están prohibidas, pero son una minoría del sistema. En  el caso de la educación superior, esto no se concentra solamente en las universidades, sino que también hay un interés en promover la educación técnica. En casi todos los lugares donde se instala una universidad, también se instala un instituto técnico. A los alemanes esto les parece obvio y necesario. La educación pública la tienen internalizada en su mentalidad y pocos la discuten. La razón es profunda y tiene que ver con que históricamente la universidad no se ha entendido, como sucede muchas veces en Chile, como una fábrica de profesionales, sino el lugar donde se genera el conocimiento. En la universidad se investiga y se discute y eso le agrega valor al país, aunque no tenga resultados económicos directos.

2. Calidad

El hecho de que las universidades sean públicas permite una distribución equitativa de los recursos. A diferencia de lo que sucede en países como EE.UU., donde las diferencias son abismantes, aquí hay una tendencia a la homogeneidad en la calidad de las universidades. Es cierto, siempre alguna destaca más que otra en algún área específica y eso se debe a la gestión de quienes la dirigen o a su tradición. Pero muchas veces las diferencias son sutiles. Una universidad es mejor en un tema, porque uno de los profesores es una gran autoridad en él y ha formado un equipo con esa orientación. Así, por ejemplo, en el caso de los doctorados, es mucho más importante el profesor que fue tu tutor, que la universidad donde estudiaste.

Esto se refleja en la menor importancia que aquí se le da a los rankings de universidades (aunque existen). Todas son buenas por igual, por lo que es muy difícil medirlas comparativamente y la elección entre una y otra tiende a ser muy personal.

En Chile está muy arraigada la idea de la competencia y es algo que nos debería preocupar. Si, como efectivamente sucede, una universidad pública es dramáticamente mejor que otra, ¿no es evidente que el Estado está descuidando una de ellas? Y si una privada, que también sucede, es mucho mejor que algunas públicas, ¿no significa también que el Estado no está invirtiendo lo suficiente para la educación de calidad, obligando a los estudiantes a buscarla en planteles privados? Un médico alemán no me podía creer que las ofertas de trabajo en Chile a veces exijan graduados de una determinada universidad. Eso implica, como es obvio, que el sistema permite que malas universidades, que dan una mala formación, estén funcionando. Eso sólo significa que se toma más en serio el valor del libre mercado omnipresente que el valor de la educación.

Desde hace algo más de un lustro en Alemania, en todo caso, existe la llamada “iniciativa de excelencia”, que ha seleccionado universidades alemanas para hacerle una inyección especial de fondos, de modo que pueden competir con algunos gigantes anglosajones. Esto no contraviene lo anterior, sino que permite tomarse más en serio la investigación, pudiendo financiarse, además de los proyectos normales, los grandes proyectos que suelen ser más cotosos. En todo caso, esta iniciativa ha sido objeto de críticas, precisamente, porque se considera que priman más los criterios políticos que los académicos en la asignación de recursos (se benefician proyectos en o con aliados estratégicos como EE.UU. y China) y porque la diferenciación permite beneficiar a una cierta elite que proviene de universidades más tradicionales.

3. Financiamiento Público

Si bien la educación es gratuita en la mayoría de los 16 Estados alemanes, esto no es realmente un dogma (algunos cobran los magíster o a los alumnos que se quedan estudiando demasiado tiempo como desincentivo). Hace algunos años el Tribunal Constitucional decidió que cada Estado podía decidir si cobraba o no. En Hessen, donde yo vivo, el Estado decidió hacerlo y los estudiantes llevaron a cabo protestas que, tras un acuerdo político, lograron revertir la situación.

Sin embargo, aunque la gratuidad de la educación no es un dogma para todos, no es necesario que lo sea, porque se considera que el financiamiento primordial del sistema educativo debe ser estatal. En la absoluta minoría de tres Estados en que la universidad no es gratuita, el valor semestral no llega a los 315.000 pesos chilenos (500,-€). Actualmente el arancel semestral de algunas privadas chilenas puede ser hasta cinco o incluso casi diez veces ese monto, en un país donde el ingreso per cápita es menor y la desigualdad mucho mayor. ¿No es violento que el valor de la universidad sea varias veces el sueldo mínimo? Por lo demás, aunque seguiría siendo una injusticia, semejante valor no es posible de justificar por una mucho mejor calidad de las universidades en Chile. Simplemente no es el caso.

Un dato más a considerar: en los Estados en que se empezó a cobrar (insisto, un valor mucho menor que en Chile) bajó la matrícula de sus universidades en la misma proporción en la que subieron las de otros estados. Eso muestra que el costo de la universidad puede ser un elemento que promueve la segregación.

¿Otro elemento? Uno como estudiante sí debe pagar algo. Un equivalente a 162.000 pesos chilenos (250,-€ aproximadamente), pero no de arancel. Ese dinero va en beneficio de las organizaciones estudiantiles y me permite viajar totalmente gratis en buses urbanos y regionales dentro mi estado, además de comer a precio muy razonable en la cafetería de la universidad. Al final son más los beneficios de ese pago.

4. Descentralización

En mi opinión, en la descentralización está la gran garantía de la calidad de la educación universitaria en Alemania. Por supuesto, el contexto es propicio para ello. Alemania debe ser uno de los países más descentralizados del mundo. Eso permite que, por ejemplo, la universidad en la que yo estudio, con 40.000 estudiantes, esté en una ciudad de 75.000 habitantes. Por supuesto, hay excelentes universidades en grandes ciudades como München, Berlin, o Frankfurt, pero dentro de las mejores y más famosas universidades de Alemania están las de Göttingen o la de Heidelberg, ambas en ciudades relativamente pequeñas. Las universidades, así, se pueden convertir en focos de descentralización y promotores del desarrollo de la zona en que se encuentran.

Cuando en Chile se rechazó hacer una universidad en Aysén por falta de “demanda” se hace evidente el enfoque mercantilista que predomina. La universidad crea su mercado, atrae público y promueve el desarrollo de la zona, no a la inversa. Si la universidad es de excelencia, alguien de Santiago podría preferir ir a estudiar allá. Es una vergüenza la peregrinación de miles de alumnos que van desde las regiones a estudiar a Santiago y que eso no sea recíproco.

5. Integración

Por último, el sistema de educación alemán entiende el valor de la riqueza de la multiculturalidad. Se promueve, como en toda Europa, que los estudiantes cursen semestres en otros países de la unión con el programa Erasmus.

Por otro lado, y lo agradezco infinitamente, la vocación de Alemania por la integración hace que el DAAD (Servicio de Intercambio Académico Alemán),entregue becas a estudiantes extranjeros para que realicen sus estudios de posgrado acá y que otros tantos alemanes los cursen en el extranjero. Esta experiencia permite ampliar la riqueza cultural del país y que se aporten perspectivas académicas distintas. No importa el país de donde venga, mientras pueda aportar algo.

En Chile, la situación es la contraria. Se entregan becas, pero no importa la riqueza multicultural, sino que se centra en una sola perspectiva, donde el único diálogo que se produce es con el mundo anglosajón, convirtiéndonos en una sucursal pobre. Tal vez las respuestas que busquemos las podríamos encontrar en fronteras lejanas que ni siquiera hemos notado.

*Esta columna es fruto de largas conversaciones con muchos amigos alemanes, chilenos y de otras latitudes. A ellos y quienes me hicieron comentarios o correcciones a esta columna les agradezco y les debo el resultado final.

—–

Foto: Universidad de Heidelberg – Elke / Licencia CC

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Comentarios

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11 de diciembre

Excelente! Felicitaciones Jaime! muy buena columna!

JAVIER PUMARINO

11 de diciembre

Excelente columna, muy triste ver las diferencias. Ojalá vuelvas de Alemania cargado de iniciativas para que esto de una vez cambie en este país.
Abrazo

11 de diciembre

Esa es la idea, pero pienso que el mayor problema no es ni la falta de recursos, ni de ideas, ni de iniciativa, sino que hay muchos intereses comprometidos de personas que les conviene que se mantenga el statu quo.

Isabel Margarita Pacheco

12 de diciembre

Muy bueno tu articulo, ojala sirva para promover el intercambio de estudiantes chilenos a los paises europeos.

12 de diciembre

Concuerdo completamente contigo Jaime.

13 de diciembre

Estimado Tomás,

Gracias por tu comentario. Si bien transplantar otras realidades es algo no recomendable, perfectamente podemos sacar algunos ejemplos de qué cosas son posibles y qué cosas tienen sentido.

Saludos

Jaime

MauricioSch

12 de diciembre

Gran aporte!!
Sería bueno un artículo similar que trate con el mismo detalle el enfoque de la educación técnica en alemania, creo que ahí es donde Chile tiene demasiado que aprender.

13 de diciembre

Estimado Mauricio,

Gracias por tu comentario. Totalmente de acuerdo. Un enfoque que se quede sólo en la universidad es insuficiente. Lamentablemente la educación técnica alemana excede mi área de conocimiento. Eso sí, creo que el asunto vale la pena verlo desde el colegio. El sistema acá es muy controversial. Se basa en separar a los estudiantes desde muy temprana edad en colegios distintos según sus capacidades académicas. Sólo uno de ellos permite llegar a la universidad y los otros permiten trabajar desde antes. Lamentablemente eso podría llegar a tener sentido en un sistema donde todos tienen oportunidades relativamente similares.

Saludos

Jaime

Ale Asdf

12 de diciembre

Mil gracias por la columna, he estado pensando en este último tiempo en ir a estudiar a Alemania, tu columna sólo refuerza mi opción.

13 de diciembre

Estimad@ Ale,

Para mi estudiar acá ha sido una experiencia muy enriquecedora. La decisión depende mucho de lo que cada uno quiera hacer, pero ofertas hay. Muchas oportunidades de estudios -en inglés y en alemán- y becas las puedes encontrar en la página del DAAD (www.daad.cl). Y, aunque no soy ningún experto, encantado de contestarte cualquier duda.

Saludos

Jaime

13 de diciembre

El sistema universitario alemán así como el sistema escolar en muchas casos están interconectados. Es decir, para alguien que está en el colegio y quiere ir a la universidad debe preparse desde ya para ingresar, en cambio para quienes quieren realizar una carrera técnica, pueden salir antes del colegio y comenzar a estudiar. Por lo demás, en Alemania una carrera técnica como una universitaria poseen un estatus importante en la sociedad. No es mal visto que alguien haga una carrera técnica, incluso en muchos casos ganan más y cuentan con mayor campo laboral.
Y como bien dices, los estudiantes universitarios tienen bastantes beneficios por estudiar en una U (transporte, comida, descuentos, etc.) que en Chile sonarían como a marxismo-leninismo.
Creo que como dices, Chile debe ir en el sentido de aprender de otras experiencias, hacer que la educación universitaria esté en conexión con lo que requere el país (que no es lo mismo que funcional).

15 de diciembre

Carlos,

Gracias por tu comentario. Efectivamente tienes razón en lo que dices. Como comenté en respuesta a Mauricio, el sistema escolar, también público y gratuito, está divido entres tipos de colegio según el tipo de capacidades que tengan los niños. Ese es un asunto que excede sí conocimientos, pero que vale la pena revisar. El peligro de un sistema similar en Chile es que tendería a segregar a los estudiantes según las familias de las que provienen. Incluso aquí, en una sociedad más igualitaria, se produce ese fenómeno: es más probable que el hijo de un profesional vaya también a la universidad. Sobre las carreras técnicas, es cierto que pueden tener campos e ingresos. Me pregunto, por otra parte, si no será un problema que muchas carreras técnicas las,convierten en profesionales sin que sea necesario. En el ámbito computacional, por ejemplo, está lleno de ‘”ingenierías” que perfectamente podrían ser técnicas. Terminar la carrera profesional implica no sólo un costo económico sino que en tiempo al estudiante. En fin, hay muchas cosas por revisar en Chile.

Saludos

Jaime

Matìas Arel

12 de abril

excelente columna, Alemania es un ejemplo a seguir en temas educacionales.

28 de mayo

Sin duda alguna: ¡un buen artículo!
Saludos.

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