#Educación

A mi nadie me enseñó a ser pasivo

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La imagen del hombre penetrado que muchos se imaginan es violenta: muchos la encuentran asquerosa, supone un hombre que renuncia a su masculinidad para ser accedido como una mujer… ¿Qué nos ha llevado a pensar que un mecanismo de placer que se encuentra naturalmente en los hombres, no debe ser usado, o que es una afrenta al sexo masculino? ¿Qué nos causa tanto horror?

Para los que anden perdidos, ser pasivo es ser penetrado analmente durante el sexo entre hombres. Usualmente cuando alguien dice ser homosexual, gay o bisexual, el impacto que genera la noticia es producto de que se nos ha acostumbrado a imaginar inmediatamente al individuo teniendo sexo. Humoristas como Tony Esbelt, varios sketch del Club de la Comedia y otros de su clase presentan una imagen tristemente popularizada del homosexual hipersexuado, que sólo puede pensar en ser penetrado o en conseguir la mayor cantidad de penes posibles, y que ha renunciado al género masculino. Es por esto que en el imaginario de muchas personas el homosexual es una persona que tiene inevitablemente una dicotomía “hombre-mujer” dentro de su existencia y sus relaciones, alguien que es sinónimo de sexo y cuya vida amorosa o aspecto emocional se ve completamente opacado por el ejercicio de su sexualidad.

La imagen del hombre penetrado que muchos se imaginan es violenta: muchos la encuentran asquerosa, supone un hombre que renuncia a su masculinidad para ser accedido como una mujer. Algunos lo hacen siempre, dejan de usar su pene y sienten el placer por el ano-próstata-recto; otros, como yo, lo hacemos ocasionalmente, alternando entre el rol activo y pasivo. Como sea, dentro del mismo mundo homosexual hay bromas en torno al que ejerce el rol pasivo en la relación, y para muchas personas, el penetrador es “más hombre” que el penetrado. Los roles de género se trastocan, pero cuando me penetran yo sigo siendo hombre, sigo teniendo pene ¿Qué nos ha llevado a pensar que un mecanismo de placer que se encuentra naturalmente en los hombres, no debe ser usado, o que es una afrenta al sexo masculino? ¿Qué nos causa tanto horror?

La verdad es que es la mala educación. Todos tenemos ano, todos los hombres tenemos próstata, por tanto todos podemos disfrutar, de una u otra forma, del sexo anal (por razones de espacio no me referiré en esta columna a las mujeres, pero les dedicaré su columna en otro momento). Hoy en Chile la educación sexual es inexistente, el Estado reniega de su deber de educar en el uso y cuidado del cuerpo, por tanto a nadie se le dice que según el Informe Kinsey, el estudio sobre la sexualidad masculina más grande y acabado jamás hecho, muchos más hombres de los que pensamos, pueden verse eróticamente atraídos y estimulados por personas de su mismo sexo, o que el juego anal puede ser parte de rituales sexuales perfectamente heterosexuales. De hecho, todo lo que sabemos sobre sexo no-reproductivo, lo sabemos por el porno, por lo que le pasó al  amigo de un amigo, por las bromas de mal gusto de un comediante, o cualquier otro medio informal (y sesgado, por lo demás). Sexo oral, sexo anal, masturbación, frotación, fetiches y un sinfín de prácticas sexuales que existen y se practican, no tienen cabida en la educación formal por valores morales importados desde la fe, sin sustento lógico o práctico. Ni si quiera la penetración vaginal convencional tiene su explicación responsable.

Los jóvenes no estamos aprendiendo autocuidado, ni de diversidad sexual, ni de sexo ni de nuestro cuerpo; y la imagen que se tiene actualmente del autocuidado es saber usar un condón, anticonceptivos y tener sexo preferentemente con la persona con la que tenemos una relación afectiva. ¿Y el sexo fuera del pololeo? ¿Y si andamos calientes? ¿Y si quiero que me penetren? A mí nadie me enseñó a ser pasivo, nunca supe que tenía que usar un lubricante especial, que tenía que tener cuidados particulares con mi higiene interna y externa, que el condón es primordial por razones que van más allá del VIH, nadie si quiera me dijo que ser pasivo no tiene nada de malo, y cuando quise intentarlo sentía culpa y dolor. La misma culpa y dolor que sienten las niñas calientes que les dicen putas y las denigran porque no callan su sexualidad, el mismo riesgo que corre cualquier adolescente hoy al experimentar con su cuerpo: no saber usarlo bien, tener prejuicios con su propio deseo. Y usar bien el cuerpo no tiene que ver con que hay cosas que deban o no deban hacerse, sino que para vivir una sexualidad plena, debe hacerse todo lo que se quiera de forma responsable, y así hay partes del cuerpo que por su naturaleza hay que tratar de forma distinta, como el ano, que debe estar dilatado, lubricado artificialmente y bien higienizado antes de practicar el sexo a través de él.

Esta falta de educación sexual a consciencia, sin los artificios del pololeo y la moralidad eclesiástica, es lo que genera una alta tasa de contagio de ITS (infecciones de transmisión sexual), lo que genera embarazo adolescente, lo que genera traumas injustos relacionados con el sexo y el deseo, lo que genera el desborde sexual de los jóvenes que buscan como sea un escape para su bullente sexualidad reprimida por el silencio y las malas enseñanzas. Nos urge ahora una educación sexual laica, objetiva, pluralista, inclusiva y de calidad para todos.

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Comentarios

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Esteban Paiva

15 de julio

Hace mucho que no leía una columna tan honesta, clara y necesaria. Felicitaciones al autor.

javier enrique pinda mancilla

15 de julio

Muy Bueno !

Jimmy

15 de julio

Estoy completamente de acuerdo con lo que señalas, aunque esto va más allá de las prácticas homo bisexuales ya que nuestra sociedad no tienen referentes adecuados de la sexualidad y como vivirla de manera plena, más bien en un entorno religioso y culposo, donde el placer del cuerpo debe ser reprimido. En el ámbito de la sexualidad gay es peor aún ya que no existen modelos ni referentes y solo se toma el modelo heterosexual. En dónde, tal como señalas, el penetrado se compara a la mujer, que en una sociedad patriarcal sigue siendo débil e inferior. Creo que todos los que hemos trabajado en el ámbito de la educación e investigación en sexualidad tenemos presentes los múltiples prejuicios que nuestra sociedad tiene y se empeora más la situación cuando aún no contamos con políticas claras y coherentes en torno a una educación en salud sexual.

15 de julio

evidentemente, mi caso es sólo un ejemplo de muchos… finalmente cualquier sexualidad que no sea la heterosexual-reproductiva-posición del misionero no es considerada.

santiago figueroa

15 de julio

Me da mucha alegría leer esta columna. Un gran aporte. Mucha claridad y transparencia. Gracias!

15 de julio

Jamás se habla del sexo como es. Las palabras de Camilo no son solamente para los homosexuales, son para todos los chilenos, pues ninguno recibe educación sexual siendo que es responsabilidad del Estado brindarla.

Camilo, has hablado fuerte y claro, muy bien.

Jessica Arévalo

18 de julio

Me encanto la columna 🙂 , la educación sexual debería ser primordial en un país donde el índice de embarazo adolescente es tan alto, y donde no existe orientación para los niños en proceso de desarrollo que no saben como enfrentar su cuerpo.
Muchas veces nuestros padres no saben como hablarnos de sexo porque se sonrojan y no cuentan con herramientas para ser claros en la definiciones, por lo tanto recurrimos a nuestros amigos que están igual que uno con mil pajaritos en la cabeza buscando respuestas.

20 de febrero

Estas palabras deberían de ser pronunciadas en todas las iglesias del mundo.
Ya que muchos curas , que se llaman a si mismos los representantes de dios, no tienen ni puñetera idea de quienes somos los humanos.
Su falta de educación sexual convierte a muchos de ellos en enfermos sexuales.
Con tu permiso ( AUTOR)
Hago mías tus palabras.
he aprendido mas con un solo folio que en 40 años escuchando gilipolleces.
gracias

Majo

08 de enero

Busco alguien que me enseñie. es mucho pedir?

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