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María C. Cifuentes y Twitter: sobre las trastienda de la economía

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Siempre me he preguntado cuál es el papel que los economistas deberían jugar en esta sociedad realmente. Si se supone que estudian la maximización de recursos limitados, entonces la mayoría de los que están realmente comprometidos con esta profesión deberían tener un auto híbrido o eficiente en el uso de bencina y espacio.

Revuelo causó, tanto fuera como dentro de las redes sociales, la explicación que la economista Maria Cecilia Cifuentes le entregó a un tuitero ante las alzas de precios en el norte. El repudio fue masivo, y si bien esta explicación puede tener mucha validez para mis “ex colegas”, lo cierto es que no puedo estar indiferente ante lo que se esconde detrás de sus aseveraciones.

Por una parte, cualquier estudiante o licenciado en economía responde inmediatamente que una baja en la oferta, en este caso la escasez de alimentos en la zona, provoca un alza en el precio de estos. Pero lo que el “ciudadano a pie” suele desconocer y los economistas obviar, es que dicha explicación se sostiene a partir del cumplimiento de determinados supuestos que se asumen como dados en la mayoría de los análisis que ellos realizan: cetreris paribus (todas las demás variables que pueden influir en el fenómeno en estudio se mantienen constantes), y que los agentes que toman decisiones económicas intentan optimizar algo “tangible”. Este punto de vista se inscribe dentro de lo que se llama la economía positiva (carencia de una postura moral al respecto). Pero, el suponer estoicamente que la economía positiva sea amoral creo que es un craso error, porque en sí asume una postura determinada respecto del ser humano, posición que aparentemente es de sentido común para muchas personas pero que no es impermeable al análisis crítico.

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Y es que, en muchas ocasiones, el tratar de cuestionar la economía y los planteamientos de los economistas es como conversar con una pared. Yo, durante el tiempo que estuve en la escuela de economía, enfrenté esa pared varias veces, siendo incluso ridiculizado en público por muchos de mis compañeros y profesores, y más de alguno auguro que sería un fracaso como profesional. La idea del homo economicus, maximizador y egoísta, se asumía como algo natural y no afecto a ningún debate. Además, la sociedad no ha cooperado mucho al respecto, elevando a los economistas a la calidad de vacas sagradas, mesías que acuden a salvar el mundo y cuyas palabras son ley, en especial para aquellos que pusieron todas sus esperanzas en lo que ellos podían decir y hacer.

Pero, la economía es una “ciencia” curiosa. La mayoría de sus aseveraciones a nivel mediático se entregan después que los hechos han ocurrido, y si bien existen profesionales que sí son capaces de proporcionar adecuadas orientaciones a futuro, en el caso puntual de Maria Cecilia y de otros más, lo que entregan son herramientas analíticas para analizar lo que ya sucedió. Si bien se ha avanzado mucho al respecto, hay que tener siempre en mente que la economía es una ciencia social y que, por tanto, su capacidad predictiva aun esta lejos de la precisión de otras disciplinas, como la física.

Lamentablemente, dicha distancia es omitida a diario en los medios. Y muchas veces las diferencias de opinión entre un economista u otro pueden estar impregnadas de discrepancias que son de tipo moral, en especial respecto a sus ideas de lo que debe ser la sociedad o de que debemos privilegiar como seres humanos. Y dichas diferencias, para muchos economistas sentados cómodamente en su altar, son irreconciliables. Recuerdo a una profesora que tuve, trabajólica, que planteaba livianamente en clases que le parecía inconcebible que una persona no pudiera sobrevivir con el sueldo mínimo. Cuando la cuestioné al respecto, terminó diciéndome que me olvidara de conseguir un puesto en la empresa en la que ella trabajaba.

Con todo esto no quiero decir que la economía no sirva para nada. Muchos estudios y conocimientos que los investigadores serios en esta disciplina han ido acumulando han servido para hacer mejor nuestro mundo, y para que tomemos mejores decisiones a diario. Pero hay que tener cuidado con los supuestos que manejan los economistas para analizar ciertos fenómenos, y en especial con las implicaciones morales que puedan tener estos.

Siempre me he preguntado cuál es el papel que los economistas deberían jugar en esta sociedad realmente. Si se supone que estudian la maximización de recursos limitados, entonces la mayoría de los que están realmente comprometidos con esta profesión deberían tener un auto híbrido o eficiente en el uso de bencina y espacio. Claro, ahí aparece como argumento la libertad del ser humano en sus decisiones, un valor tan defendido en el mundo de los economistas. Pero ese discurso se acabó cuando yo decidí hacerme dreadlocks mientras era estudiante, siendo mirado con horror por algunos profesores y por la mayoría de mis compañeros. Y se sigue acabando cada vez que los economistas le piden a las clases más desposeídas que se “aprieten el cinturón” en tiempos de crisis por el bien del país. Esto me parece preocupante, porque es lo que yo detecto en muchas ocasiones cuando los economistas aplastan con su visión de mundo la que pueden plantear otros profesionales de las ciencias sociales. Prefiero esperanzarme en ese puñado de sabihondos y trabajólicos “ex colegas” que, ofrecen su visión profesional de mundo y sus conocimientos como un complemento a otras disciplinas, con el fin en común de lograr mejorar en algo las cosas en este mundo.

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08 de abril

Como en todo, la realidad no es única, y tiene muchísimas variables, y puntos de vista. Lo que ha pasado durante los siglos XX y XXI ha sido que la economía le ha ido ganando terreno a otros puntos de vista (políticos, sociales, etc), y, efectivamente, se ha vuelto muy dogmática. Porque, claramente, todos entendemos mas o menos bien la oferta y la demanda, y algunos elementos estructurales de como funcionan las personas; pero, como cenit de esta pseudo-ciencia, se declara que el homo-economicus es una realidad tangible y que, si te fijas bien, el mercado perfecto existe, y solo hay algunos mercados imperfectos (de hecho se estudia como una anomalía). Y la realidad parece ser que practicamente todos los mercados son imperfectos, por lo que se debería mejor estudiar ese tópico y dejar las perfecciones de mercado como un capítulo aparte y casi optativo.
Pero el hecho es que la economía se hizo fuerte porque ha podido dar explicaciones racionales y convincentes de porque pasan las cosas (aunque, como es bien conocido, después tienen que dar las explicaciones de porque no pasó lo que debía pasar). Y las otras variables (política, social, etc) tienen incluso menos elementos “duros” y convincentes como para aunar criterios. Por eso su supremacía.

08 de abril

Interesante opinion, porque abre la puerta al debate de por qué la economía ha ocupado un lugar tan preponderante. ¿Mi respuesta al respecto? La dare en una proxima entrada.

08 de abril

A partir de la superstición de la paloma skinneriana podemos extraer algunas enseñanzas aplicables al ser humano. Cuando un ser humano, no importando su nivel educativo o su cultura, está frente a cierto “éxito” de sus propias teorías, estas se refuerzan tendiendo a cegarse ante la evidencia contraria e hipersensibilizándose a la que le favorece. Esto desplaza la teoría que en un comienzo es “racional” a lo que es “dogmático” y ciertamente supersticioso.
El caso del homo economicus es uno de esos dogmas. Lo más interesante es que en el caso de la economía la diatriba historicista kuhniana tiene bastante de acertado: una teoría no muere hasta que no mueren todos quienes las sostienen. Luego, puedo asegurar que no habrá el cambio tan ansiado que desea el autor ni a corto ni a mediano plazo. La academia se protege a sí misma, y en este caso es la sociedad dirigida por los oligarcas quien los protege, ya que al hacerlo se están protegiendo a sí mismos.
Por eso vemos casos en que la academia justificó los actos de corrupción de grupos económicos (Inside Job) y por eso las teorías de darwinismo social, malthusianismo o el problema de los comunes son formas sofisticadas de falacias naturalistas que justifican la concentración del poder y la coerción legitimada por parte de unos pocos.
Concedo que es válida la teorización sobre estos últimos temas, pero justificar la explotación del hombre por el hombre a partir de la necesidad de, por ejemplo, seleccionar a los mejores o controlar la sobrepoblación es análogo o equivalente a justificar la ley de la selva o un anarquismo puro a partir del hecho que todos vamos a morir y que por tanto no importa el sistema social en que vivamos.
La economía, al ser parte de las ciencias asociadas al estudio de una actividad humana jamás adquirirá el status epistemológico de una ciencia natural, a pesar de que se la quiera vestir de ropajes de objetividad o bien de realismo científico. Luego, la economía está, aunque no se quiera admitir, al servicio de la ideología moral o política de turno, ya que sus propios fundamentos dependen de una concepción determinada de la psiquis del ser humano.
“Racionalidad” o “cientificidad” son palabras usadas en la argumentación sofista de quienes no son capaces de reconocer las limitaciones inherentes a sus propio estudios. Por eso cuando se llega a la desnudez de la economía lo único que queda es la fuerza bruta: quién tiene más ejército o quien tiene el poder en la academia. Por eso es que al final del día lo único que queda es la oligarquía protegiendo sus intereses. Ocurrió en Roma, ocurrió en todas las monarquías y feudos, ocurrió en las primeras repúblicas modernas y sigue ocurriendo hoy en día. El sustrato teórico ciertamente ha variado, pero el fondo sigue invariable: hay unos pocos que concentran el poder frente a un grupo “desechable” y frente al cual se justifican con palabras grandilocuentes como “defender la libertad”, “amar la democracia” o “tener vocación pública”.
¿Una síntesis del espíritu de este escrito? Dejemos de buscar en el plano intelectual problemas y soluciones. Dejemos de modelar con conceptos que están enmarcados en una teoría que justifica la depredación. Hay nombres y apellidos, hay una serie de hechos que están claramente marcados como inmorales – no necesarimente ilegítimos, pero la ley no es lo bueno necesariamente – ¿no es tiempo ya de pedir explicaciones a los seres de carne y hueso culpables de la explotación neofeudalista contemporánea? ¿no es tiempo ya de reeducarnos como sociedad para entender que en soledad indiviualista no sobrevivimos y que necesitamos cooperación entre nosotros para sobrevivir? ¿no es tiempo de dejar de interpretar la riqueza como papelitos y metales y pensarla como la salud que gozamos, la cantidad de tiempo de ocio en que podemos cultivarnos y la técnica y recursos concretos que tenemos disponibles para hacer nuestra vida más llevadera?

08 de abril

Luis G. me quitaste las palabras de la boca… totalmente de acuerdo contigo… aunque para mi era necesario “racionalizar” dentro de lo posible el tema en un intento de apelar a ciertos “ex-colegas”.
Muchas gracias por tu comentario.

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