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Economía chilena: ¿Qué irá a pasar?

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Una actividad importante y recurrente de la vida económica  es la elaboración de  proyecciones o cifras de anticipación sobre el  o los posibles futuros. Muchas de estas proyecciones se expresan en indicadores o variables como: Producto Interno Bruto (PIB), comercio exterior, precios de materias primas, tasas de interés, índices de precios y de sectores manufactureros y de servicios e indicadores de felicidad, contaminación entre otras.


Sería más prudente, al anticipar cifras tan fundamentales como las demandas y los precios, agregar a los datos históricos y sus proyecciones, los posibles cambios en las tendencias, las disrupciones, eventos y los fenómenos sociales, políticos, ecológicos o tecnológicos en ciernes que puedan invalidar las estimaciones futuras de esas variables

Las anticipaciones de  variables sobre  la economía local o global ayudan a tomar decisiones a  las autoridades y al público en general o reciben los efectos de ellas. A su vez, las proyecciones difieren entre instituciones y profesionales, lo que es  lógico, por los métodos empleados y por  la incertidumbre intrínseca del futuro.

Las instituciones y los profesionales que realizan estas proyecciones utilizan diferentes  métodos y modelos, los que  convendría que fueran mencionados explícitamente, especialmente  cuando son modelos complejos o muy particulares o personales o saber si solo son intuiciones e instintos.

Esta nota se refiere a una proyección, hecha hace pocos días por un grupo de profesionales, que recomendaba la mantención  de la tasa de política monetaria (TPM) basada en aspectos  económicos, como: nivel de Imacec, IPC, dólar, precios de los productos básicos, términos de intercambio, flujos comerciales de capital e inestabilidad financiera, especialmente en China. Todos estos hechos habían ocurrido o estaban ocurriendo y, por lo mismo, se disponía de los datos e información respectiva con certeza. En el comunicado que conocimos por medios de comunicación pública para escribir esta nota  no se indicaba  él o los métodos empleados para llegar a dicha recomendación, ni los beneficios que se obtendrían de aplicar dicha recomendación.

Lo anterior lleva a preguntarse: ¿Qué hubo de futuro en la recomendación  de mantener la  TPM  y en la decisión respectiva?  La recomendación tendría efecto si es que la autoridad la usaba en su decisión, la que se tomó al día siguiente. Y aunque  muy cercanas las fechas de la recomendación y de la decisión, en ese día pudieron ocurrir hechos que no fueron anticipados por la primera.

Es posible, también, que el decisor haya optado por mantener la TPM sin tomar en consideración  la recomendación ya que el  informe oficial recurre a  otras  variables económicas para justificarla: la tasa de interés de la FED, la volatilidad de los mercados financieros, los eventos en China, la depreciación de las monedas de países emergentes, la caída en las bolsas, la baja en el precio de las materias primas, en particular el cobre y el petróleo, la actividad económica mundial, la variación del IPC,  los índices de confianza,  la tasa de desempleo, la variación anual de los salarios, todo lo cual corresponde a: “información histórica”. Y se agrega que las “expectativas de inflación a dos años permanecen en 3%” (¿?) y se reafirma el compromiso de que la inflación proyectada se ubique en el mismo porcentaje.

Estas frases se refieren al futuro, pero como ese futuro es incierto, lo más probable es que ese punto en el recorrido de la variable inflacionaria no ocurra. Además, no se explica, ni se sabe, por qué la inflación a comienzos del 2018 será 3%, es decir, se soslaya, por lo menos,  lo que tendría que ocurrir entre ese día y comienzos de 2018 para que el compromiso se cumpliera. Y como eso se refiere al futuro, e insistimos que es intrínsecamente incierto, sería muy arriesgado anticipar con tanta certeza el camino que se está suponiendo se recorrerá en los dos años.

Lo que sí se sabe es que la TPM estará vigente en un futuro, indeterminable para los agentes económicos. Por los antecedentes obtenidos, tanto  en la recomendación como en la decisión, el comportamiento en ese tiempo futuro se ha anticipado sólo sobre la base de  datos presentes o históricos (una proyección del pasado). Lo que no sabemos es si tendrán  mucha o  escasas relación son los acontecimientos  reales futuros. Sólo en ese momento futuro por ocurrir  se sabrá si la cifra anticipada, por los expertos, fue acertada o no. Es posible que la TPM que produzca los mejores resultados en términos del futuro logro de la meta inflacionaria (expectativas de inflación a dos años de 3%) esté alrededor de la cifra decidida. Pero, lo que sí se sabe con certeza es  que: en los dos últimos años la TPM elegida no fue la adecuada, con un IPC del 2014 del 4,6% y del 2015 fue 4,4%, bastante lejos del, también, 3% anticipado.

En las noticias que comento no se hace ninguna referencia a elementos de anticipación que podrían ocurrir entre el día de la decisión y principios de 2018, los que podrían tener valores muy muy diferentes a los utilizados para hacer la recomendación y para tomar la decisión, cuando siempre es posible que en el futuro se presenten situaciones completamente desconocidas o indeseadas, que hagan que los resultados futuros se aleje más o menos de la realidad esperada o casualmente coincida con ella.

Si es que modelos empleados para tomar estas decisiones, de gran repercusión pública y económica -por las grandes transferencias de riqueza extra mercado que conllevan- se basan en información histórica sería importante que se anticiparan, por lo menos, en algunos aspectos de futuros inciertos para la economía nacional o mundial, sobre la base de las tendencias y los cambios en las tendencias, así como de las turbulencias y rupturas posibles, de manera de tener antecedentes alternativos sobre el futuro en el que indicadores como al TPM o el IPC van a producirse.

Así, se darían más antecedentes para la toma de decisiones de los agentes económicos y las personas. Por esto, nos parece complicado  que se tome la decisión de mantener la TPM basado sólo en información presente o pasada y que se excluya la incorporación de elemento de anticipación que señalen que es posible que uno o más de esos elementos futuros posibles altere dramáticamente las consecuencias de tener, por ahora, una TPM inmóvil sobre: ahorro, inflación, crecimiento, inversión, productividad e innovación.

La frase: “las expectativas de inflación a dos años plazo permanecen en 3%” se presta para llegar a distintas inferencias:

a.- Que sea  un objetivo a lograr, por lo que podría no tener casi relación con lo que ocurra al término de los próximos dos años, dado que los cambios de precio están fuera del control del decisor.

b.- Que sea  una anticipación de lo que se ha estimado es el valor más probable que ocurra al término de los dos años y, si no se dan sus rangos posibles, terminaría por ser un valor futuro cierto, lo cual atenta contra el sentido de incertidumbre del futuro.

¿Es posible mejorar las anticipaciones?

Nos interesa que esta nota sea una colaboración para ayudar a dirigentes públicos y privados, que tan repetidamente  tienen que dar cambios bruscos a sus anticipaciones, porque se apartan de sus valores reales,  como ocurrió con los  “brotes verdes” del 2015 y con la seguidilla de baja en las estimaciones del PIB del año pasado y del presunto PIB de este año. Reconocemos que no es posible tener acierto en las cifras que se anticipan y que quienes son responsables de estos trabajos tienen el mejor de los propósitos de contribuir al desempeño de los agentes económicos y de las personas en general. Además,  con los  métodos y modelos de anticipación que se dispone en el presente, tal vez  nunca seamos capaces de acertar con estas anticipaciones económicas. Pero, por lo mismo, es importante entregar más detalles sobre el camino que se tendría que recorrer para que las cifras anticipadas se cumplieran y, por lo menos, los más significativos cambios que podrían echar por tierra lo anterior.

Algo muy parecido ocurre con las anticipaciones en otros temas económicos, como le ha ocurrido a las profesionalizadas empresas mineras y petroleras con costosas estructuras de dirección y asesorías y estudios que por haber anticipado cifras de demandas y de precios y costos alejadas de la realidad,  han tenido pérdidas de billones de dólares en sus capitalizaciones en el último año y medio.

Tal vez, sería más prudente, al anticipar cifras tan fundamentales como las demandas y los precios, agregar a los datos históricos y sus proyecciones,  los posibles cambios en las tendencias, las  disrupciones, eventos y los fenómenos sociales, políticos, ecológicos o tecnológicos en ciernes que puedan invalidar las estimaciones futuras de esas variables, por los dramáticos impactos sobre las personas y empresas y con las enormes transferencias de riqueza: extra competencia, extra mercado y carentes de innovación y de productividad que las decisiones de la autoridad económica conlleva.

Omar Villanueva Olmedo
Director OLIBAR Consult Ing. Lic. Universidad de Chile
TAGS: control de precios Futuro Inflación

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