Columna en Cultura
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Radrigán y los idiotas crónicos

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Lentamente los medios masivos han comenzado a informarnos sobre el deceso de Juan Radrigán, autor punzante, ácido, autor de textos atrapantes, textos inteligentes, fundamentales para el teatro chileno. Era un autor ético, de compromiso social, crítico, reflexivo, pero por sobre todo escritor de una enorme humanidad, así lo conocí por allá por 1979, subiendo a escena la obra “El Invitado”, con dos actores que siempre estaban dispuestos a trabajar con él, a jugársela, Mariela Roig y Pepe Herrera.


La poca difusión de la muerte de un autor chileno no me extraña, casi nada me extraña, este contrapunto entre la muerte de un teatrista maravilloso y los cuerpos hedonistas de un puñado de cabezas vacías.

 Los tiempos eran duros, difíciles, peligrosos, oscuros para el Teatro Chileno y su pueblo trabajador, pero él era un militante del teatro, militante de la vida, militante de la cultura, solucionaba los inconvenientes con valentía y compromiso, se adaptaba a los momentos que iba transitando, entonces su obra estaba allí, se hacía presente y se abría a las conciencias para ser vista por todo aquel que no podía pagarse la entrada a una sala comercial; de este modo, un teatro comprometido con el sufriente comenzaba a deambular por el Santiago postergado y por las regiones inhóspitas, que conocen el abandono, la desesperanza y la postergación de su gente. En su recorrido visitaba sindicatos, centros culturales, poblaciones, colegios, vecinales. Y yo pude recibirlo y disfrutar sus textos en una peña folclórica, La Casa del Cantor, un escenario pequeñito, para poca gente, pero qué importaba si sus actores nos envolvían con la magia de un remecedor entramado de palabras mágicas y le daba voz a los que no tenían voz, eran seres marginales que se rebelaban contra el tirano y su dictadura genocida, personajes desamparados, abandonados, que lo único que tenían era su humanidad incondicional y nos enseñaban a solidarizar con los que aún sufrían más que ellos, si ya lo habían perdido todo, ¡cómo no iban a perder el miedo! Así es la obra de Radrigán, una obra entera, llena de luces y dolor.

Es extraño, pero los diarios de tirada masiva, diarios con historia en Chile, diarios importantes, apenas si han publicado una foto de nuestro dramaturgo y un precario texto anecdótico que acompaña su defunción, ha sido más significativo para la prensa informar, incluso a dos páginas coloridas, la fiesta linda, la “pool party” de una ¿celebrity?, con baños espuma en la cool piscina del Ritz, exclusivos tragos, perfumes fashion, mucho glamour, ropa de cuero que insinúan sadomasoquismo, prendas carísimas de grandes marcas en invitados estelares, eso es “lindo” para un Chile cuico, donde el roterío se debate en las calles exigiendo No+AFP, educación gratuita y solucionar con urgencia la causa del pueblo mapuche, demandando como personajes valientes, salidos a la calle igual que en los textos agudos de Radrigán.

La poca difusión de la muerte de un autor chileno no me extraña, casi nada me extraña, este contrapunto entre la muerte de un teatrista maravilloso y los cuerpos hedonistas de un puñado de cabezas vacías, muchos rotos con plata, incultos con plata, brutos con plata, portadores de apellido y otros tantos iletrados, luciéndose entre luces centelleantes y admirándose las pieles bronceadas, sólo me hacen sentir un poco más de pena por mi país, a eso nos ha conducido el neoliberalismo a ultranza, para qué libros, para qué cultura, para qué educación, para qué teatro, para qué formación a lo largo de toda una vida, si con siliconas, botox, potos y muy poquitas neuronas un grupo de frívolos recalcitrantes se divierte, entreteniendo con música chabacana y risas la gran noche santiaguina, los medios la difunden y destacan, como una gran noticia ¡y los idiotas la consumen! ¿Qué canal de TV ha puesto en escena las obras más emblemáticas de Radrigán para ser vistas por el pueblo de Chile? ¿Qué programación televisiva ha incluido los textos políticos del autor, en un gran ciclo del teatro chileno?

Buen viaje, Juan Radrigán, pero todo Chile no es así, te lo puedo refrendar, Chile es eso que tú reflejaste un tus obras, te admiro profundamente. Buen viaje, compañero.

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Comentarios

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28 de Octubre

Hermoso homenaje a un verdadero comprometido con el pueblo y sus verdades. Debemos inculcar a nuestros hijos que para ser un ser social deben buscar donde se encuentra la verdad y donde debe estar el compromiso y en ese viaje se haran mas humanos y solidarios.

Daniel Tilleria Perez

12 de Noviembre

Muchas gracias, Sergio, por tus palabras, pero no podía dejar de rendirle mi profundo homenaje a Radrigán en su partida, a quien conocí hacia fines de los años ’70, vi su obra, compartí con algunos de sus actores fetiche de aquella época, Mariela Roig y Pepe Herrera. Ojalá que su Teatro no se extinga y sea reivindicada por las jóvenes generaciones de actores, que sus textos estén presente en los manuales de estudio y que la TV, tan chabacana y comercial, ofrezca un ciclo con sus obras más emblemáticas. Un abrazo.