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Pintura y exilio: el arco argumental en la vida de José Balmes

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El pasado 28 de agosto una triste noticia enlutó el arte y la cultura a nivel nacional e internacional. Producto de una neumonía que lo aquejaba hace meses, el pintor José Balmes Parramón dejaba de existir a los 89 años de edad. Apenas supe la noticia, en esa maldita costumbre que tiene el chileno de acordarse de nuestros genios cuando parten, volví a revisar la obra de este eximio artista visual y encontré un precioso documental en el sitio YouTube llamado: “Balmes, El Doble Exilio de la Pintura” del año 2011. La ópera prima de Pablo Trujillo Novoa, nos muestra el lado más humano e íntimo del pintor, desde su hogar, familia y el taller que vio nacer y desperdigar innumerables obras de su informal y comprometida pintura.

Montesquiu y la Guerra Civil Española: el primer exilio


Balmes fue tildado por los medios oficiales como el culpable de la politización del arte chileno, el destructor del alma nacional y responsable del alejamiento del mismo de nuestras raíces. Esa carga y el peligro que corría en Chile por su compromiso político, lo llevó a un segundo exilio, esta vez fue Francia quien lo cobijó por una década.

La película estrenada en diversas salas el año 2012 y que tiene una duración de 90 minutos, inicia su recorrido introduciendo una serie de arcos narrativos que convierten la misma en un rompecabezas de varias piezas unidas por un leitmotiv: la relación pintura y exilio del artista. El filme nos adentra en la casa de Balmes, en el taller donde junto a su esposa y pintora Gracia Barrios (hija del afamado escritor Eduardo Barrios) construyen o re-construyen el mundo a través del trazo y la mancha pictórica. La relación –comunión de Balmes con la pintura fue a muy temprana edad. Hijo de un político de la Izquierda Republicana avecindado en el pueblo catalán de Montesquiu y amante de la pintura y el teatro, fue incentivado desde pequeño a dedicarse a la música, específicamente el piano y el violín. Para decepción de su progenitor, ese no era el camino del pequeño Balmes. Éste hurtando los papeles para envolver pasteles de la tienda de su madre Marisa, creaba ya a los 9 años sus primeras acuarelas. El destino pictórico estaba trazado, el fátum del exilio también. En plena guerra civil y al caer Barcelona en manos de las fuerzas fascistas de Francisco Franco, su familia huye a Francia, primero a la localidad de Perpignan y finalmente Montpellier donde vuelve a reunirse con su padre Damián.

Con solo 12 años llega a Chile, pues tras las gestiones de Pablo Neruda es uno de los dos mil españoles que escapando de la España franquista llegan en septiembre del año 1939 a nuestro país. Como ya he señalado el genio y la maestría de este artista visual quedó reflejada a temprana edad y apenas puso un pie en la costa del puerto (o incluso antes). En un acto de encomio por parte de los refugiados al presidente en ejercicio de la época, Don Pedro Aguirre Cerda, un telón con el retrato del mandatario se desprendió desde las alturas del barco. Los creadores: un decorador de apellido Menéndez y el mismísimo José Balmes.

De ahí en adelante el joven Balmes inicia un proceso de transculturación y asimilación de la cultura chilena, con raíces tan profundas que su pintura fue un fiel reflejo de los momentos políticos e históricos que vivió el país. Desde sus iniciales estudios en Liceo Manuel Barros Borgoño, pasando por el Instituto Secundario y la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile que lo tuvo en sus aulas hasta el golpe de estado, provocó una ruptura en la pintura contemporánea objeto de su técnica y compromiso con el devenir de la historia.

Serie de Santo Domingo (1965)

“Agresión Yanqui: 400 muertos en Santo Domingo” se puede leer en los trozos de periódicos, fragmentos y recortes de la noticia dispuestos a través del collage. La técnica mixta sobre madera del artista, está comprometida con la realidad social de su época y cargada de emoción. La mezcla del papel desgarrado, los brochazos de pintura y la madera como soporte, son la vía para denunciar la masacre realizada por EE.UU el 28 de abril de 1965 durante la segunda ocupación de República Dominicana. Se estima que murieron entre 6.000 y 10.000 dominicanos, la mayoría civiles.

El compromiso político de Balmes lo hizo trabajar codo a codo con el movimiento musical y social chileno que de la mano de la Unidad Popular y el triunfo electoral de Salvador Allende, tiñeron las calles, los muros, escenarios y el arte en general de una cultura comprometida con el hombre y su circunstancia. El pintor colaboró con los diseños de las carátulas de los discos de Quilapayún e Inti Illimani y del icónico “El Pueblo Unido”. La Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, la cual dirigía, impulsó fuertemente la campaña de Allende a su vez que el soporte de los muros y de la calle a través de las brigadas muralistas, volvían el arte con un fuerte componente de consigna, contestatario y social. El arte sale del lienzo, de la tela. El año 1971 en el marco de la “Operación Verdad” y de la mano del crítico de arte español José María Moreno Galván, inició una recolección de pinturas desde la clandestinidad franquista hacia Chile. El propósito de estas 450 piezas que conformaron así la primera colección del actual Museo de La Solidaridad Salvador Allende, era apoyar desde la pintura y las artes el proceso político iniciado por la Unidad Popular.

Sedición (11 de Septiembre de 1973) y el segundo exilio

Con un tinte de presagio y hado de tragedia griega, el cuadro “No a la Sedición”del año 1972, con colores rojo y amarillo propios de su militancia comunista y la culata de una pistola en color negro, vaticinan lo que sucederá meses después en Chile. El derrocamiento del gobierno de Salvador Allende y la instauración de la dictadura militar de Pinochet, lo llevarán a un segundo exilio. Irrumpe el apagón cultural que caerá sobre nuestro país, la quema de libros, persecución de artistas, destrucción de música y todo vestigio de arte tildado de subversivo por el régimen fascista de facto. La destrucción de la Universidad de Chile, su hogar y bastión cultural durante el proceso allendista, pondrá fin a esta primera etapa tras la llegada del artista a bordo del Winnipeg en la década de los treinta.

Balmes fue tildado por los medios oficiales como el culpable de la politización del arte chileno, el destructor del alma nacional y responsable del alejamiento del mismo de nuestras raíces. Esa carga y el peligro que corría en Chile por su compromiso político, lo llevó a un segundo exilio, esta vez fue Francia quien lo cobijó por una década. Balmes fiel a sus principios lideró desde el desarraigo un arte de la resistencia, nostálgico y que tuvo la virtud de no dejar morir el imaginario colectivo artístico del muralismo y las brigadas durante la dictadura pinochetista.

Tras una década regresa a Chile, una patria culturalmente distinta que ha recibido el influjo del neoliberalismo, el apagón cultural y la cultura de masas propia de una nueva escena artística que desde la oficialidad (o clandestinidad) reemplazaron ese discurso artístico del compromiso por uno conceptual, intelectualmente ambiguo con un no discurso (o discurso frágil) y poco claro de la contingencia (Eugenio Dittborn, Valentina Errázuriz por citar algunos). Este nuevo arte de los ochenta y noventa era cómodo para el sistema y régimen imperante, pues sus obras sin mensaje claro, abstractas y sobre intelectualizadas fueron punto ciego para los organismos de represión de la época evitando la persecución directa.

Es por ello que la llegada del artista el año 1983 provoca un remezón, anticuerpos e incomodidad en muchos de los artistas pro-régimen, oficiales e incluso aquellos que siendo opositores propugnaban un arte muy conceptual. Balmes debe insertarse en la Universidad Católica por seguir proscrito en la Universidad de Chile e iniciar un nuevo proceso de transculturación donde no perderá el sentido de la reconstrucción social, el socializar la creación, la cultura, la plástica con la contingencia. El pintor nunca va a separar su vida, los hechos que presenció y le tocó vivir con el lienzo y la mancha pictórica. Ese arte del compromiso humano, social, de denuncia y preocupación por el hombre y su circunstancia queda fielmente reflejado en su obra, técnica mixta sobre tela “Lota El Silencio” del año 2007. La traumática y triste situación de cientos de trabajadores carboníferos durante el cierre definitivo de la mina sirvió de inspiración al artista en el ocaso de la extracción del carbón en la octava región.

Es por esta razón que en momentos que la escena artística nacional e internacional encumbra hasta el cenit lo conceptual, ambiguo y la política de “cualquier cosa es arte” desde una escoba pintada de colores (Edificio de la Tate Modern en Londres, Inglaterra, 2016) o unas cuantas licuadoras con peces de colores a punto de ser triturados por ella (Museo de Arte Contemporáneo, Santiago, Chile, año 2000), se hace aún más lamentable la partida de este artista. Por fortuna tenemos su vasta y magna obra para en tiempos de charlatanería plástica, visual y perfomática aferrarnos por un momento al informalismo pictórico del maestro José Balmes Parragón.

TAGS: #Balmes Arte Exilio

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