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Neoliberalismo y Cultura: una relación perversa

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La actual política cultural introduce junto al concepto de industria cultural una estética discursiva que sostiene con mayor fuerza la entrada de la ciencia económica como ente colonizador del campo cultural. Conceptos como internacionalización, reconocimiento mundial, exportabilidad, aparecen en la política cultural cada vez con mayor énfasis en el mercado.

Las formas de vida de las sociedades actuales se encuentran configuradas por los principios del capitalismo. La experiencia social está dada absolutamente a la seducción y el consumo, imperando una lógica en el comportamiento humano en cuya cultura subyace fuertemente las condicionantes del libre mercado y las políticas del consenso. Bajo esta perspectiva, en donde la propiedad privada de los medios de producción sumada a las técnicas de persuasión, marketing, publicidad y en definitiva, a la estetización de los campos sociales, derivada de la ciencia económica, dará lugar a la construcción de un homo economicus, una deformación de lo que la Ilustración pretendió introducir como elemento rector de todo proceder humano: la racionalidad. El hombre que en la actualidad se considera racional es aquel que en el campo del individualismo busca su bienestar, maximizando sus oportunidades en una lógica que subyace al binomio costo/beneficio.

La instalación del fundamentalismo de mercado, entiéndase ciencia económica, ideología del consumo y técnica de gobierno, en países periféricos como los latinoamericanos, se aprecia en el diseño y puesta en marcha de sus políticas públicas en las que se evidencia una lógica de mercado, incluso en aquellos ámbitos que no se relacionan directamente con la acumulación de capital, pero que sin embargo han comenzado a configurarse en sentido mercantil. Este es el caso de la política cultural de Chile 2011-2016, a la cual se le han introducido conceptos como emprendimiento cultural, planes de negocios, servicio culturales e industria cultural, que buscan finalmente rentabilizar todo producto cultural en un ámbito que por su propia naturaleza no rentabiliza, o si lo hace, su rentabilidad es social y simbólica.

Durante la dictadura de Pinochet se anuló por completo la opción de contar con una política para desarrollar el arte y la cultura desde el Estado. Esta labor fue dada de manera indirecta a la sociedad civil que, a pesar de la indiscriminada opresión, logró cierta figuración, tanto individual como colectiva, posicionándose entre los intersticios de los dispositivos de represión, los que actuaban como marcos divisores para la apreciación y el ejercicio de los diversos tipos de arte. El arte oficial durante este período se vincula a la economía, al producto, al nacionalismo, al espectáculo y la distracción, visión muy cercana a la de economistas como Smith, Ricardo o Bentham.

Luego, con la llegada de la democracia, se impulsa la conformación de una institucionalidad cultural que gubernamentaliza su práctica -en sentido de Foucault- produciendo subjetividades que actúan como marcos para el desarrollo de las artes y la cultura.  Así comienza a consolidarse una institucionalidad cultural en Chile de la mano de un régimen que reproduce a ultranza el sistema económico mundial, con sus reglas de mercado y consumo, abriéndose paso a la globalización de los mercados y sus finanzas, y también al hegemónico modelo de las industrias culturales. La triada cultura/economía/Estado comienza a tomar protagonismo como entidad o ciencia rectora de las lógicas de desarrollo cultural del país.

En este contexto, la política cultural de la posdictadura busca establecer unidad entre dimensiones que fueron desarticuladas durante la dictadura, colocando especial énfasis en conceptos tales como: libertades publicas, libertad de expresión, fin a la cesura, democracia, entre otros.  Sin embargo se observa también una tendencia hacia la primación del concepto de industrias culturales como paradigma del desarrollo cultural o de los denominados bienes culturales, ante los cuales, se construye socialmente la figura del consumidor de cultura. Si bien la introducción no alcanza a desarrollar un enfoque dominante para esta primera política cultural, sí responde a una lógica de mercado que se hará evidente en la política cultural actual, 2011-2016, toda vez que la ideología neoliberal se edifica como metarelato del gobierno gerencial. En este sentido no debemos olvidar que cada política pública se edifica como un instrumento discursivo que deviene narraciones hábilmente nutridas de argumentos y figuras literarias y retóricas.

En esta lógica, la actual política cultural introduce junto al concepto de industria cultural una estética discursiva que sostiene con mayor fuerza la entrada de la ciencia económica como ente colonizador del campo cultural. Conceptos como internacionalización, reconocimiento mundial, exportabilidad, aparecen en la política cultural cada vez con mayor énfasis en el mercado. De esta manera el campo cultural chileno comienza a inundarse de conceptos económicos que generan efectos de realidad en sus dinámicas y lógicas de comportamiento, se introduce la eficiencia como ente rector del desarrollo cultural y los fondos consursables como el emblema de la competencia. El neoliberalismo, dirá Mattelart “no tiene cuenta más que una sola de las lógicas con que trabaja el mundo, la lógica de la homogeneización, silenciando las lógicas de las fracturas, de la fragmentación”.

Así, el arte pierde su capacidad de enunciación desde las fracturas, los márgenes y los bordes, y va desnutriendo su espíritu crítico en un contexto en que la propia política cultural exige al artista convertirse en un gestor, en un técnico del campo cultural, o un gerente, que a través de sofisticadas postulaciones, debe competir contra otros tecno-artistas para acceder a un espacio de enunciación y agenciamiento.

 

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Comentarios

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jose

08 de junio

La sociedad es consumista, y no le importan los valores espirituales, pero el mundo artistico es totalmente al revés, diria que el artista es de los pocos que paga el pato en una sociedad consumista, junto con otras profesiones que hacen una suerte de voluntariado, el discurso de “trabajar gratis” se instaló fuerte en el mundo del arte hace muchas décadas y no creo para nada que los artistas estén ganando dinero a manos llenas. Los pocos que pueden escribir o crear y entre comillas vivir de eso, son los academicos, los que tienen algun trabajo universitario que les permite escribir libros de vez en cuando, lo que no es vivir del arte realmente, sino de la academia. En suma, creo que pedirle a los artistas que lleven el peso de ser desprendidos y dadivosos en una sociedad en que muy pocas son gratis es excesivo, además como bien se sabe existen muchas alternativas artisticas gratuitas y de entrada libre, y no veo que la estima o apreciacion social de los artistas crezca. Como digo, la sociedad es materialista y eso debe cambiar pero el camino no pasa por exigirle al artista que trabaje gratis mientras todos compran y consumen, y por supuesto cobran por lo que hacen, el camino no es debilitar al artista, los artistas necesitan recursos y ese discurso de trabajar gratis es ampliamente aceptado y ademas, no es la realidad del mundo artistico una vida de bonanza, exito, y dinero a manos llenas. Saludos

servallas

14 de junio

La famosa retorica del neoliberalismo en realidad es tan vacía como cualquier slogan, lo que tenemos al día de hoy son estadios de desarrollo humano en evolución, y como siempre lo muestra la historia, han habido malos, otros regulares y habrán buenos. El arte en general tiene un rol fundamental en todos esos estadios, el problema de hoy, es que cualquiera se cree artista, cuando en realidad un artista es quizás el individuo más completo, reflexivo, innovador y orientador de cambios de una sociedad, pero en el caso chileno, y probablemente latinoamericano, nos hemos llenado de gente incompetente, mediocres e ideologizados que se dicen a si mismo artistas, y claro, la gente no les cree.

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[…] eso, apela a la solidaridad y al sentido colectivo. “Soy muy crítico con toda esta cultura neoliberal derivada de los 80 y de los 90 (‘la era del yo’): “yo y mi casa”, “yo y mi tarjeta de […]

10 de noviembre

Perdona, yo naci a fines de los 70’s y vivi en los 90’s, y para nada me parece ese egoismo que tu describes… Mas bien al reves, si hay quienes son hijos de Pinochet es la generacion actual, los milennials, esos son mas hijos de Pinochet que nadie. Disculpa si te ofende, pero la generacion actual es mas egoista que nadie, mas individualista que nadie, mas fria que nadie y mas racionalista que nadie, son muy neoliberales en su forma de pensar, actuar, a nosotros al menos nos llego un poco la educacion fiscal, de nuestros abuelos, de rebote es cierto pero nos llego, a los mas jovenes de hoy… solo recibieron neoliberalismo y eso es lo que aprendieron, lo siento. Saludos

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