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El sentido de las proporciones, un concepto artístico

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Lo desproporcionado en nuestra sociedad se nota. Se nota por una falta del elemento sensitivo, porque lo proporcionado se percibe. No se piensa. Es una habilidad que sólo puede desarrollar el arte

¿Qué es el sentido de las proporciones? Como muchas afirmaciones, debemos descomponer la frase y analizarla: sentido, viene de sentir, es decir es un tipo de percepción, de sensación. Tal sentido es una intuición o capacidad de estimar o percibir las cosas dentro de un rango, relacionado con otro tipo de variables. La capacidad de “estimar” tiene mucho que ver con el criterio, pero el sentido de las proporciones, como tal, es un concepto artístico. Se liga con la armonía, con la proporción de las formas, por ejemplo, en un edificio o una pintura. Es difícil dar una definición exacta de esta capacidad, porque el arte en sí no es medible. De todas las disciplinas y ocupaciones humanas es, tal vez, la que menos puede ser evaluada. No hay forma de someter el arte a un “test” para definir qué es mejor o peor, precisamente porque el sentido de las proporciones es una habilidad netamente artística.

De cualquier manera, aplicando esta capacidad a la sociedad, y en particular a la nuestra y a muchos de sus problemas, vemos que falta el sentido de lo proporcionado. Por ejemplo, el que existan en una ciudad como Santiago edificios muy altos al lado de edificios o casas muy pequeñas, es una muestra muy evidente de desproporción. No todos pueden percibirlo. La misma ciudad es desproporcionada en su forma, en su extensión, en la manera en que ha crecido, sin contar con que ocupa un lugar excesivo entre las ciudades del país. Se dijo de Santiago, cuando era muy bajo de altura, que debía densificarse: se tomó la decisión de densificar, y se densificó demasiado. Tal decisión es un ejemplo de acción o idea desproporcionada. En vez de tomar una noción, una idea, y aplicarla con criterio, se lleva a su extremo. El descriterio, la majadería, muestran una falta de sentido de las proporciones.

El análisis no termina allí. Podemos seguir y encontraremos más acciones, argumentos e ideas desproporcionadas. Se dice por ejemplo que la educación es un bien de consumo, o un servicio por el que hay que pagar, que no es gratis. Es verdad. El problema está en que en nuestra sociedad, la educación no es cara, es carísima. Por ahí podemos ir entendiendo el problema; no se trata sólo de absolutos, sino de grados. Igual sucede con el tema de la desigualdad. Muchos afirman que la desigualdad es inherente al ser humano. Cierto, pero depende también de cuánta desigualdad estamos hablando. Porque no es lo mismo un índice de Gini de 0,3, a uno de 0,5.

Todas estas cosas, en muchas sociedades, se dan por entendidas. En la nuestra no. El sentido de lo proporcionado parece fuera de toda mente que se aboque a dialogar. Absolutamente fuera. No está. Por ejemplo si alguien sostiene que en la educación no debe haber lucro, y otro sostiene que en toda actividad humana hay lucro, se termina la discusión. No parece seguir, porque uno dice una cosa, otro dice la opuesta, y ambos argumentos se anulan: o uno u otro es cierto, como si estuviésemos en una clase de álgebra, o de lógica.

Por consiguiente, ninguna discusión continúa por su cauce porque aparenta agotarse a los pocos segundos. No hay forma de debatir: o uno u otro tiene la razón. Pero no los dos. Todas estas cosas, porque no existe el sentido de las proporciones. Porque lo artístico, lo combinatorio, lo sensible, no está.

En lo personal, me parece evidente que todo Estado debe proveer educación gratuita. Al menos en las universidades que son estatales, que no tienen que ser todas. Es cierto que no existe nada gratis: a los profesores hay que pagarles igual. Sin embargo esto puede hacerlo el Estado. Tampoco es falso que la educación no sea un negocio, porque basta ver clases de pintura, o talleres literarios para darse cuenta de que se percibe una utilidad económica por ellos. Sí: depende del nivel del negocio. Una cosa se llama negocio, y otra negociado. Una se llama negocio muy grande, y otra, negocio muy chico. Depende, es una cosa de proporciones.

Podemos seguir con el tema de la desproporción. Da para mucho. Hablar por ejemplo de la desproporción entre la fuerza aplicada y lo que se quiere corregir, o evitar. O entre el castigo aplicado y lo que se juzga. O entre la reacción y lo que la provoca. Muchas personas creen, con toda seguridad y confianza en sí mismos, que cualquier error o falla ajena los autoriza a hacer lo que quieran. Con frecuencia, reaccionando, pasan el límite de lo tolerable y se ponen en una situación más agresiva y abusiva que aquello que la provocó.

No es cierto que para lograr lo proporcionado haya que buscar siempre la mitad. Tal cosa se llamaría actitud salomónica. Muchas personas tienen siempre una actitud de encontrar la razón a ambas partes, o de buscar un equilibrio. Otros en cambio se abstienen de participar en cualquier interés: se consideran moderados. No hablo necesariamente de involucrarse en política, sino de algo más profundo; es una apatía general, hacia las cosas de la vida. Hacia la existencia misma. No puede haber equilibrio si no se hace nada, porque el equilibrio del arte es dinámico. No es estático. El arte juega con la tensión entre formas, colores, significados, sonidos, disposiciones, y luego resuelve esa tensión buscando un equilibrio. El arte es combinatorio: necesita elementos. No es una simple afirmación de cosas, sino que juega con los claroscuros. Para que haya equilibrio en el arte tiene que haber primero algún interés, alguna pasión. Si no, es simplemente inmovilidad, aburrimiento.

Lo desproporcionado en nuestra sociedad se nota. Se nota por una falta del elemento sensitivo, porque lo proporcionado se percibe. No se piensa. Es una habilidad que sólo puede desarrollar el arte. Por eso, el descarado odio hacia lo artístico que manifiesta nuestra sociedad, derribando edificios antiguos y demoliendo nuestro patrimonio, se refleja en una falta de sentido de las proporciones, en muchas materias.  Y esa falta de sentido de las proporciones hace que nuestros debates sean estúpidos, y sus afirmaciones, peores. Sería muy fácil no tener que explicar estos conceptos tan simples si pudiésemos percibir e intuir, y no sólo razonar.

Todas estas ideas y percepciones tienen aplicación inmediata: no son volada. Están ahí, para que usted las vea, todos los días al salir a la ciudad.

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