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Cien años de soledad

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Gabo se ha ido, con Aureliano, Eréndira, Florentino y muchos otros a ese Macondo que sabemos que existe porque lo hemos visto con nuestra imaginación, adonde tal vez nos encontraríamos a Simón Bolívar. Va a ser un lugar muy alegre ahora que tendrán a un hombre como Gabo viviendo allí.

Lei Cien años de soledad a los 10 años, gracias a una profesora de Castellano que nos hacía leer a los clásicos de la literatura.

En mi caso, soy una devoralibros desde que empecé a leer. Y ya a los 10 años, no sólo había leído el Ana Karenina de Tolstoi, sino Crimen y Castigo, Los miserables, a Dumas, y cada vez leía más rápido… pero con Cien años de soledad tuve que poner un freno. Si en un libro normal me tardaba un mes o un mes y medio, con Cien años necesite tres meses para terminarlo. Y sólo lo logré tras hacer todo un cuadro de relaciones, porque dado que los personajes tienen los mismos nombres pero no son los mismos, el enredo que tenía era enorme. No fue mi mejor examen, sólo logré entender lo esencial de la historia, necesité un tiempo más de madurez para entender algunos hechos. Y en cada releida que le he dado a esa novela, encuentro nuevas cosas que no ví, cosas que entendí mal, y cosas que ahora entiendo. Es que es increíble pero cada vez que tomo ese libro es una nueva novela la que leo, aunque la encuadernación diga “Cien años de soledad”.

“En el mundo están ocurriendo cosas increíbles”, le decía a Ursula. “Ahí mismo, al otro lado del río, hay toda clase de aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo como los burros”.

No sé lo que es un genio de la literatura, hay escritores que muchos consideran geniales y a mi me han aburrido (como Cervantes y su Quijote), pero Gabriel García Márquez estaría en mi  lista personal de genios. Porque Cien años simplemente me atrapó y me hizo desistir de cualquier aspiración a ser escritora. Porque no iba a poder hacer eso, no iba a poder escribir una historia sencilla (porque en el fondo es un relato sencillo sobre una familia y un pueblo, todos condenados a la soledad y al olvido) con ese grado de maestría. No porque no tenga una historia familiar parecida, porque casi todos los que vivimos en este continente americano, tenemos algun Aureliano Buendía en nuestra rama familiar (en mi caso mi abuelo materno, que tuvo una vida bastante aventurera cuando era joven). Sólo que entendí que hay personas que tienen un momento con su unicornio azul y son capaces no de escribir una novela, que es algo que podemos hacer todos en algún momento (de hecho, plantar un árbol, tener un hijo y escribir una novela son las tres cosas que uno debe hacer en esta vida), sino que describir lo indescriptible, de hacer real lo mágico, de hacernos creer que todo eso es posible y que lo que nos cuenta ocurrió, que existió ese Macondo, como damos por hecho que existió Camelot, o que existe el Casablanca de Rick Blaine. Una de esas personas fue Gabo. Otra fue Franz Kafka, y no me extrañó cuando Gabriel García Marquéz dijo que La metamorfosis había influido en su vida como escritor. Gregorio Sansa es un personaje que habría calzado perfecto en Macondo.

“Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque siempre queda algo de esa voluntad”

Gabriel García Márquez se ha ido. Murió en México, dejando tras de sí una serie de libros, entrevistas, artículos y un largo etc. En varios periódicos se han centrado en su apoyo a Fidel Castro, o en su posición política, como si eso le quitara grandeza o le restara valor a su obra. Un buen escritor puede ganar buen dinero. Sobre todo si trabaja con el gobierno, escribió en Vivir para contarla, y es cierto, por eso el no fue precisamente millonario. Pero cuando se supo que había muerto no pensé en eso, solo podía pensar en tantas personas que, como yo, se sentaron a leer Cien años de soledad y descubrimos un mundo. Es el mismo que vemos, es el mismo pueblo en el que tal vez vivimos, pero con otro color.

En alguna ciudad del mundo, en todas las paredes, tienen que estar escritas esas palabras: ‘Ojos de perro azul´ -dije-. Si mañana las recordara iría a buscarte

No lamento en sí la pérdida de la persona, porque no conocía a Gabriel padre, amigo, esposo, compañero de trabajo, y sólo adivino el dolor de esas personas, por la pérdida de alguien cercano, aunque también el poco de alivio de que alguien que estaba enfermo no tuvo una larga y dolorosa agonía. Pero siento la orfandad de que ya no tengo la esperanza de ver otro libro suyo nuevo en los estantes de las librerías. Esa orfandad de quien tiene que ver Cincuenta sombras de Grey como best-seller.

Como la que debió sentir Aureliano: antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

No creo que cuando Gabo escribió esa frase se diera cuenta que exactamente es lo que hizo con Cien años de soldad: todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre. Otros han imitado o incluso han tomado prestados personajes y pasajes de esa historia, pero Cien años quedó como eso, un texto en que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre. Y despedimos ahora a quien lo hizo así

Gabo se ha ido, con Aureliano, Eréndira, Florentino y muchos otros a ese Macondo que sabemos que existe porque lo hemos visto con nuestra imaginación, adonde tal vez nos encontraríamos a Simón Bolívar. Va a ser un lugar muy alegre ahora que tendrán a un hombre como Gabo viviendo allí.

 

 

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