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Votaciones simbólicas electrónicas en el exterior: Alegoría ciudadana a modo de operación Deyse

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El dilatar el voto en el exterior sólo logrará que la democracia chilena siga siendo mostrada como un sistema inconsistente, entre lo que es y lo que le gusta que la comunidad internacional diga que es. Todas y todos esperamos que estas votaciones simbólicas sean las últimas que se celebren en el exterior. Y aunque padecemos de una ciudadanía obstruida, también le hemos señalado al mundo que somos una ciudadanía resistente.

“Un país es más que un territorio” se titula el emotivo video que la campaña “Haz tu Voto Volar” publicó en su canal Youtube “Chilenos sin Voto”. El mensaje y las imágenes que se suceden unas a otras, representan el anhelo de cientos de miles de chilenas y chilenos que residen en el exterior, por ejercer su derecho a voto fuera del territorio nacional. En un país donde muchos de los derechos constituyen una realidad distante de la vida cotidiana de las personas, la ciudadanía -una vez fuera del país- también se transforma en una alegoría, en una condición cívica truncada, en letra muerta escrita en los recovecos de la institucionalidad política chilena.

En estas dos últimas décadas, se han organizado en el exterior un sinnúmero de votaciones simbólicas. Y, al igual que el ballotage que se realizará en Chile, fuera del país se realizarán -entre el 09 y el 15 de diciembre de 2013- unas votaciones de carácter simbólico, a través del portal de internet www.votociudadano.cl. Realizadas de manera electrónica en torno a las elecciones presidenciales y parlamentarias del 17 de noviembre, en esta segunda vuelta presidencial, la plataforma electrónica estará abierta para que las chilenas y chilenos emitan su voto simbólico, como acto alegórico que pone en relieve a una ciudadanía que no puede continuar siendo una entelequia política.

¿Es relevante participar en estas votaciones electrónicas? Nosotros creemos que sí. Las votaciones simbólicas (electrónicas) realizadas en torno a la primera vuelta presidencial concluyeron con una participación de más de doce mil compatriotas residentes en el exterior. Algunos denostaron la actividad debido a la cantidad de participantes, con relación al hipotético número de quinientos mil connacionales en condiciones jurídicas de votar. Para otros el voto electrónico fue una novedad y una forma de demandar el ejercicio del sufragio extraterritorial. En esta segunda vuelta presidencial, el acto de votar en esta plataforma electrónica constituye, no sólo el ejercicio simbólico de la voluntad ciudadana, sino que también una suerte de ensayo futurista de cómo sería el acto de sufragar desde el exterior, en una eventual elección real.

Cuando se anunció la realización de esta votación simbólica (electrónica), un mes antes de la primera vuelta presidencial, surgieron en las redes sociales algunos llamados a no participar. Las aprehensiones redundaron en torno al cuestionamiento de la privacidad del voto electrónico, al uso malicioso de la información del participante, a un carácter de “encuesta” de la actividad, además de una eventual oposición al voto exterior, por parte de los sectores políticos que resultasen menos favorecidos en esta votación electrónica. Estas aprehensiones son legítimas. Más de dos décadas de democracia formal y de promesas no cumplidas al respecto, hacen de la desconfianza una comprensible reacción.

Sin embargo, INRIA-Chile, autores de la plataforma informática, ha explicado técnicamente cómo -vía proceso de encriptamiento de datos- se asegura la privacidad de la información del o de la participante. Del mismo modo, si se analiza el diseño metodológico del proceso de votación, no es difícil afirmar que su configuración adolece de falencias técnicas que impiden que esta votación electrónica pueda constituirse en una “encuesta” propiamente tal. Esto significa que no se puede asegurar la validez “técnica” de los resultados, respecto de las tendencias electorales de las chilenas y chilenos en el exterior.

En concreto: La participación depende de factores no controlables por los organizadores, tales como la voluntad de participar, el conocimiento de la existencia de la actividad y el manejo informático, entre otros aspectos relevantes. Por otra parte, el universo poblacional y sus características son desconocidos. No existe información fidedigna y actualizada, con relación a la totalidad de las chilenas y chilenos en el exterior. En esas condiciones no se puede estimar la estructura, ni el tamaño de una muestra (participantes); menos establecer técnicas de selección de ésta, ni asegurar su representatividad y su potencial generalizador. Si a partir de los resultados, alguien sugiriera hacer cálculos político-electorales para decidir si apoya o no el ejercicio del derecho voto en el exterior, a dicha actitud no se le podría atribuir el carácter de seriedad.

El valor de esta votación electrónica radica en su simbolismo y en sus implicancias prácticas para el futuro. El trabajo realizado por Voto Ciudadano ha permitido que actores de la sociedad civil en Chile y en el exterior participen de forma coordinada y transversal, a pesar de que sus actores participantes, es decir, las ONGs, fundaciones y redes ciudadanas empoderadas no tienen la facultad jurídica de realizar una “votación de verdad”. En tal sentido, la experiencia de la primera vuelta electoral ha puesto en evidencia que la sociedad civil es capaz de organizar una votación a nivel internacional. Entonces ¿por qué, en más de dos décadas, el Estado de Chile no ha implementado el voto exterior? No es menor que el 27 de noviembre de 2013, la campaña “Haz tu Voto Volar” haya denunciado al Estado de Chile ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), por violación a la libertad de expresión y al derecho a sufragio de los chilenos en el exterior. Esta denuncia ha dejado al desnudo ante la comunidad internacional las profundas grietas de la democracia chilena.

Para el Estado no será fácil asegurar la participación efectiva desde el exterior, en unas eventuales elecciones reales. Las experiencias de voto simbólico en el exterior muestran que existe el riesgo de una baja participación, vinculado con la falta de preparación de las diásporas para enfrentar el voto real y formular un voto válido. Desde esta perspectiva, esta votación simbólica tiene el carácter de “operación Deyse”, de un “Plan Cooper“cívico realizado a escala internacional, para preparar a la ciudadanía chilena globalizada ante un eventual ejercicio futuro del derecho a sufragio desde el exterior. Como es de conocimiento público, la gran enseñanza que deja ese plan de seguridad, que cientos de miles de estudiantes han practicado en las escuelas de Chile, es saber reaccionar ante cualquier suceso de carácter catastrófico, ya sea natural o debido a causas humanas.

No cabe duda que ese trabajo de prevención está destinado a evitar el mayor número de víctimas posibles, en una situación de desastre. Y, al igual que con los terremotos, más temprano que tarde, las elecciones vendrán a remecer a los “pequeños Chile” que constituyen las miles de chilenas y chilenos que residen en el exterior. Las elecciones simbólicas electrónicas, se transforman así en una acción de prevención para limitar los estragos de la ausencia del ejercicio del voto extraterritorial y preparar a los futuros electores para un buen manejo de una plataforma virtual, permitiendo el ejercicio efectivo de su derecho a sufragar. Se transforma, entonces, en un entrenamiento frente a los eventuales tsunamis de abstencionismo no deliberado, reforzando los cimientos de la identidad chilena y afrontando la fractura ciudadana que produce la vulneración crónica del principio de Igualdad ante la Ley. Es educación cívica. También es protesta contra la discriminación de la cual se consideran víctimas las cientos de miles de chilenas y chilenos que residen fuera del país.

Es por todo esto que los chilenos en situación de migración, residentes temporales o establecidos en el exterior, no tan sólo deberían participar en las votaciones simbólicas organizadas por Voto Ciudadano, sino que además, de forma empoderada, instalar urnas electrónicas y físicas en sus respectivos territorios. En París se instalarán dos lugares de votación el próximo 15 noviembre, ambas con urnas electrónicas (la computadora conectada al sitio www.votociudadano.cl) y con urnas físicas. Será la Maison du Chili y el Théâtre Aleph, ambos soles culturales de la comunidad chilena en Francia, los que oficiarán de locales de sufragio.

El dilatar el voto en el exterior sólo logrará que la democracia chilena siga siendo mostrada como un sistema inconsistente, entre lo que es y lo que le gusta que la comunidad internacional diga que es. Todas y todos esperamos que estas votaciones simbólicas sean las últimas que se celebren en el exterior. Y aunque padecemos de una ciudadanía obstruida, también le hemos señalado al mundo que somos una ciudadanía resistente. Cada día que transcurre es necesario que cada compatriota en el exterior utilice todas las herramientas posibles para que un día en Chile se configure el sufragio universal. Y las votaciones electrónicas son una de ellas. Así como esa bandera chilena, que plegada como un avioncito de papel ha llegado a golpear las puertas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, sea usted también la persona que le enrostre -con su voto simbólico- a la institucionalidad política chilena, su legítimo derecho a participar de los destinos de nuestro país.

* Entrada escrita en coautoría con Rodrigo Olavarría, chileno residente en París, consultor en formación y medio ambiente, Master en Ciencias de la Educación (Sorbona) y miembro activo de las redes por el voto en el exterior.

TAGS: #VotoExterior

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