Entrada en Ciudadanía
8
Difunde: Envía

Países árabes: El inicio del fin del colonialismo occidental

img-341280

Desde la Primera Guerra Mundial, las potencias occidentales se repartieron el Medio Oriente y el Norte de África en zonas de influencia, para usufructuar de sus recursos naturales y mantener bajo control la región. 

Lo hicieron primero a través de mandatos y luego mediante gobiernos títeres que bajo la forma de monarquías absolutas, tiranías disfrazadas, simples dictaduras u ocupaciones extranjeras, como en el caso de Palestina. Les aseguraron que mantendrían a los pueblos árabes a raya para no estropear sus intereses económicos y geopolíticos.

A cambio, occidente en su conjunto se tapó los ojos, toleró y, en algunos casos, promovió sistemáticas violaciones a los DDHH y a los Derecho Colectivos de los Pueblos. Mientras, construía relaciones de poder y dominación con las clases dominantes que tendrían todo a cambio de constituirse en Estados agente,  clientes de occidente.

Durante más de medio siglo hicieron la vista gorda sobre lo que sus amigos hacían con los pueblos árabes, llegando al extremo de construir sociedades tremendamente fracturadas y segmentadas en su interior, a pesar de ser algunos de los países más ricos del mundo, permitiendo que sus reyezuelos se gastaran millones de dólares en las tiendas, casinos y  burdeles de occidente, mientras sus pueblos se empobrecían y sufrían hasta la muerte.

Los ayudaron a construir aparatos de seguridad nacional, redes de espionajes y completos sistemas de sojuzgamiento mediante encarcelamientos administrativos, torturas y asesinatos masivos. Y nunca dijeron una palabra para criticar las sistemáticas y permanentes violaciones a los derechos humanos y fraudes electorales que, uno tras otro, se sucedieron durante décadas.

Hoy se muestran impresionados y tratan de limpiar sus conciencias haciendo llamados a la calma y a dar respuesta a las demandas democratizadoras de los pueblos árabes, mientras siguen brindando todo el apoyo a los dictadores. 

El ejemplo más patético es el apoyo norteamericano al nombramiento que Mubarak, en Egipto,  ha hecho de su ex jefe de seguridad Omar Suleiman como vicepresidente de la nación en su supuesto renovado gobierno.  Es como si Pinochet, en su obstinación por mantenerse en el poder, pero tratando de demostrar su voluntad de enmendar el rumbo, hubiera nombrado como vicepresidente a Manuel Contreras.

Al parecer, en medio siglo de masacres para defender los intereses de occidente no han aprendido nada y no se cansan de abusar de la paciencia de pueblos que lo único que reclaman es poder escoger, de manera libre y soberana, colectiva y mayoritaria, los caminos que sus sociedades deben adoptar para proveer democracia, desarrollo, bienestar, integración y respeto a los derechos.

Es de esperar que los gobiernos árabes se allanen a respetar, por primera vez en su historia, los derechos humanos y los derechos colectivos de sus pueblos, y se abstengan de seguir usando la fuerza para impedir los cambios por los que sus mayorías nacionales se vienen manifestando sin resultados durante décadas.

Es de esperar también, que las potencias occidentales enmienden el rumbo y presionen a estos gobiernos completamente antidemocráticos para permitir un pacífico tránsito de la región hacia gobiernos verdaderamente representativos de sus pueblos y de sus propios intereses. Que no caigan en la tentación permanente de cerrar los ojos y adoptar un silencio cómplice, para tratar de restablecer, a cualquier costo y en el menor tiempo posible, su influencia y su poder en la región mediante renovados pero viejos gobiernos y gobernantes.

—————–

Foto: Joseph Eid – AFP / The Big Picture

Comentarios

Ordenar comentarios por:

30 de enero

Buena su columna señor Jadué!!

30 de enero

De los últimos dos párrafos ¿tú crees Daniel que algo así pueda suceder? ¿que enmienden su camino, que respeten los derechos del otro, su hermano, que se abtengan de sus eternos afanes de poder, que dejen de complotar… crees que eso pueda suceder?… yo no. Es cierto que la esperanza no debe morir nunca, sino, nos quedaríamos sin horizonte, solo que jamás esperaré el más mínimo gesto de humanidad, de cordura, de ética, de honor o de cualquier otro valor, de parte de estos chacales que pudren el planeta. Deberemos swguir luchando por lo que queremos, quizás, quijotescamente, pero seguir luchando.

30 de enero

Estimada Gloria, no ha sido mi intención plantear que ellos cambiaran por su propio convencimiento, La libertad no es unn regalo, es un triunfo y un derecho. Creo que será porque no les quedará otra ante los ojos del mundo y concuerdo contigo de que debemos seguir luchando como si no existiera la posibilidad de entablar el dialogo pero hay que abrirse al mismo tiempo, al dialogo, como si perder tambien fuera una alternativa.

30 de enero

Daniel: Para animar el debate y para reflexionar acerca de los sucesos de Egipto, me permito decirte (escribirte en realidad), que creo que tu mirada tiene tres falencias importantes, relacionadas con sus omisiones más que con sus asertos.

La primera es meter en un mismo saco (“gobiernos títeres prooccidentales”) a todos los gobiernos del mundo árabe desde la descolonización en adelante. Eso implica desconocer el proceso de generación del panarabismo, de los no alineados y de las revoluciones de los militares reformistas que generaron gobiernos desarrollistas y modernizadores como respuesta a las oligarquías feudales existentes. Omisión doblemente grave cuando hablamos de Egipto, tierra de quién es quizás el principal exponente de dicho movimiento: Gamal Abdel Nasser, a quién yo no etiquetaría como prooccidental. Recordemos que el alineamiento de Egipto con Estados Unidos es posterior. Incluso, si tenemos memoria, debemos asumir el alineamiento del propio Israel con Washington no es pecado de origen sino que adquirido con el tiempo.

La segunda es entender que, sin perjuicio de la mano de occidente, también son las dinámicas internas las que conspiraron contra la democratización de los procesos panaribistas o baathistas,básicamente por la doble tensión bélico política de la zona, vinculada, primeramente al permanente conflicto externo vinculado a la instalación de Israel y la situación de Palestina. y, en segundo lugar a la fuerte pugna del laicismo con el fundamentalismo religioso, que siempre estaba asomándose tras cada convulsión. Ambos temores son la base de sustentación de un autoritarismo que se fue autocratizando cada vez más. Y no son temores infundados, sino que lo digan en Argelia. No es facil elegir entre una dictadura laica y una democracia donde la sharia gana las elecciones a la vuelta de la esquina. Hoy, paradójicamente, es el Ejército el que sostiene la educación laica y los derechos de las mujeres en Turquía, Si nos quejamos permanentemente de la intromisión de la Iglesia Católica en nuestras dinamicas sociales y públicas, no cabe tener sino una mirada de rechazo al integrismo musulmán.

En tercer lugar, creo que asumir que todo lo anterior es obra del titiritero gringo y que la explosión popular de estos días es la expresión pura de un pueblo árabe que recién abre los ojos es menospreciar un poco a una civilización con una profundidad de campo inconmensurable.

Creo que lo que está en crisis hoy es la versión extremádamente autocratizada y oligarquizada de un panarabismo que no fue capaz de dar un salto democrático, atenazado por las dos pinzas del temor ya descritas y por otro lado, la explosión de los problemas del subdesarrollo que todos nuestros países comparten, como ya sabían Nehru, Nasser, Perón, Velasco Alvarado o Allende. Es otra versión de la crisis de nuestra propia izquierda que, tras la dictadura militar y tras un par de decadas perdidas adorando la pretendida revolución cubana, perdió tiempo en el desafío de aggiornar la propuesta desarrollista, reformista y tercermundista que en algún momento puso al Sur en movimiento. Lo que hoy está cayendo en Egipto no es la mano del “satán gringo”, sino que es el fracaso de los que no supieron dar los pasos siguientes al proceso que Nasser había comenzado.

Saludos

30 de enero

EStimado Felipe el Panarabismo fue un movimiento cultural que fracasó y Nasse, además de los discursos inflamados no generó ningun bienestar ni para su pueblo ni para el mundo árabe pues era una aplicación burda de las posturas de izquierda en un mundo que no estab preparado para ello.
Respecto de lo segundo, es cierto pero la única forma de resolver la tensión es mediante un ejercicio democrático que no estuvo nunca en los programas de ninguno de ambos bath. Ellos solo pretendían disputarse el liderazgo al interior del mundo arabe, nunca pasaron de ser caudillos que jamás seplantearon ni la necesidad ni la voluntad de construir algo distinto, solo jugaron un juego de alineamiento por descarte con el bloque contrario al de su enemigo pero de forma burda y carente de contenidos democratizadores. por eso que fracasó.

Te comparto “el desafío de la izquierda en medio oriente contemporáneo” que podrás encontrar en mi blogg para que podamos seguir con el intercambio de ideas.

Un abrazo y gracias por tu comentario.

31 de enero

Estimado Daniel. El panarabismo efectivamente fracasó, a la larga. No sólo en sus acciones más espectaculares, como la fallida República Árabe Unida de Egipto, Siria y Yemen, en 1958, sino que porque fue incapaz de ganar en el largo plazo la competencia contra aquellos que entendían que el Islam era el elemento identitario aglutinador principal. La mirada propiamente árabe, construida en una lógica nacionalista propia de esa época, sin embargo, tenía componentes interesantes, que marcaron en gran parte el desarrollo de esos países y del llamado tercer mundo y ello le hace merecedor de un análisis más exhaustivo antes de borrarlo de una plumada.

En primer lugar, el caracter laico de la administración. La rebelión antioligárquica debía devenir en regímenes laicos y no en el integrismo religioso. Los grandes líderes de esa época, o bien son musulmanes que entienden la fe fuera del ámbito de la política o, incluso algunos como Arafat no profesaban esa religión. Uno de los aspectos importantes de la actual rebelión en Egipto es el poder detectar si el laicismo se abrirá paso en el nuevo escenario o estamos ante un reforzamiento del islamismo radical.

En segundo lugar, el desarrollismo y la autonomía económica fueron ejes importantes de la acción de dichos movimientos. Nasser no sólo derroca a la monarquía, sino que culmina la liberación del país, con la expulsión de los ingleses y la nacionalización del Canal de Suez y genera las bases para la construcción de un proyecto económico nacional. Como soy de esos pocos izquierdistas que aún no le tenemos fobia a las hidroeléctricas, ni creemos que todo se resuelve con molinos de viento, permiteme la osadía de defender Assuan como un gran paso en ese sentido :-)

Nasser permitió, por la vía del desarrollo industrial, universitario y (Alá tiene caminos misteriosos), por el reforzamiento del aparato militar, la generación de una clase media urbana en el país, con un desarrollo sin precedentes.

Claramente el déficit está donde ambos estamos de acuerdo, en la carencia absoluta de una dirección democratizadora en dichos procesos. La izquierda reformista árabe, a diferencia de su par latinamericano, no ve en la democracia formal más que un peligro y con ello va sentando las bases para la acumulación del descontento. La represión política fue desde un principio la respuesta de estos movimientos a las presiones de cambio social y las consecuencias las vemos hoy.

Pero esto no es muy distinto que algunos de los procesos que vivieron nuestras propias izquierdas, especialmente cuando empezamos a avergonzarnos de nuestro pasado reformista y comenzamos a vestirnos con ropajes revolucionarios en los años 60, olvidando que la democracia tiene mucho más capacidad de expresar las aspiraciones populares que las ilumnaciones de la vanguardia.

Curiosamente, nuestra solución para aceptar la democracia fue renunciar al reformismo, pero esa es otra discusión.

Los problemas de la democracia se solucionan con más democracia. Los problemas del desarrollismo tercermundista también. Si hoy vemos el estertor de la versión esclerotizada de dicho proyecto en el Magreb y Mashrek, es una confirmación de ello. Habrá que seguir atentos los acontecimientos.

Una abrazo

alfredo-rojas

31 de enero

Estimado Felipe: Estoy de acuerdo con tu análisis. Los problemas de la democracia se solucionan con más democracia.
Considero que eres muy prudente al no señalar que la evolución más probable de estos movimientos termine por reforzar el extremismo musulmán. El de las leyes del Corán y las lapidaciones de mujeres.
No todas la revoluciones, los caudillos o las revueltas son revolucionarias o siquiera progresistas.

31 de enero

Me parece errado culpar -bajo un sesgo más bien ideológico- sólo al colonialismo de Occidente, de la situación actual del Medio Oriente, sin considerar otros factores tremendamente relevantes y aún vigentes como la debilidad del secularismo y otras instituciones democráticas en tales países.

Supongo que al hablar del colonialismo también se incluye el colonialismo soviético, por ejemplo en Afganistán que controlo tal país hasta 1989, donde también se produjo una sociedad tremendamente fracturada y segmentada.

Creo que el problema radica no sólo en los resabios del colonialismo, sino también en la tremenda influencia que ejerce la religión en tales sociedades.