#Ciudadanía

Las paradojas de la participación en Chile

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Frente a la severa crisis de representatividad de los partidos políticos, el discurso mayoritario ha vuelto la mirada hacia la sociedad civil, poniendo las esperanzas de conseguir una mejor calidad de la política a través de la participación del “ciudadano de a pie” proponiéndose para esto implementar instituciones de democracia semi-directa como el referéndum, la iniciativa popular de ley o la revocatoria de autoridades. 
 
No obstante, paralelo a este discurso que apela a una ciudadanía crítica y reflexiva, la tendencia ha sido implementar medidas que apuntan en el sentido exactamente contrario. A la trágica eliminación de la asignatura de educación cívica, transformándola en objetivo transversal, hoy se suma la decisión de reducir las horas de historia y ciencias sociales, dificultando aún más la formación de ciudadanos alertas a los asuntos públicos. En la misma línea se encuentra el establecimiento del voto voluntario, que según la experiencia de los países que lo han implementado, tiene el efecto de reducir los niveles de participación, genera sobre-representación de los sectores de mayor capital cultural, y por consiguiente, resulta en una elitización de la política.
 
No deja de ser paradojal que mientras más esperanzas pone la sociedad chilena en la participación de personas comunes y corrientes, se promueven mecanismos en las antípodas de lo necesario para formar ciudadanos concientes y capacitados para concurrir a la formación de la voluntad pública. El ejercicio de los derechos políticos resulta ilusorio si no se acompañan de una educación que habilite para comprender la relevancia de la vida en sociedad, la participación política y de cómo esta incide en la cotidianidad de las personas.  
 
De seguir así, muy probablemente nos encontremos en un futuro cercano con un abanico de instituciones que permitan la participación de todos, y sin nadie –o casi nadie- capacitado para participar. Salvo, claro está, la desprestigiada “clase política”. 
 
* Columna publicada el 1 de diciembre de 2010 en El Diario de Concepción
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01 de diciembre

Lamento decir que ya existe el futuro que avizoras al final de tu texto, con “un abanico de instituciones que permitan la participación de todos, y sin nadie –o casi nadie- capacitado para participar. Salvo, claro está, la desprestigiada “clase política”.

En este sentido, existen derechos civiles iguales, pero no derechos políticos iguales.

Con ello, también entramos en otro ámbito que tiene relación con el mito que plantea la existencia previa de una especie de ciudadanía más formada, crítica e interesada en los asuntos políticos y que tenía acceso a esos derechos políticos negados, y que supuestamente el voto voluntario desmantelaría.

Creo que el foco es otro, y tiene relación con que la sociedad civil no debe depender del poder político y sus mecanismos para desarrollarse, y un ejemplo claro en desarrollo son por ejemplo, las organizaciones de consumidores.

10 de diciembre

Hola Tania, que bueno verte por estos lados.
Tengo que estar de acuerdo con Jorge. El punto que plantea, sobretodo en el último párrafo, es más o menos lo que he venido insistiendo en otras discusiones sostenidas por este medio y en otros espacios.
Para resumir, aparte de esta mirada nostálgica a lo que no existió, hay como una suerte de creencia infundada respecto al supuesto contenido democrático o participativo del voto obligatorio, cuando no tiene nada que ver. Es como la continuación de la esperanza en el potencial mesiánico del proletariado… y ya está probado que no pasa precisamente por ahí.
Por otro lado, el tema de la educación política es correcto. Pero como dice Jorge, no tiene por qué pasar precisamente por las instancias establecidas por la sociedad política (estado): la educación política se va forjando con instancias de acción política que no necesitan estar necesariamente vinculados al voto obligatorio. Así, cualquier instancia cotidiana de participación libre -desde un club de ajedrez a un sindicato, pasando por asociaciones de comerciantes y mujeres rurales e indígenas- ayuda a aprender política. Pero, eso sí, para que esta educación se extienda, hay que extender la cantidad y calidad de estas “escuelas”.
Quizá, Tania, esto que tú ves como un crimen político, puede más bien ser la oportunidad de formar una democracia fuera y contra el estado y contra la burocracia… o quizá no.
Un abrazo!

12 de diciembre

Coincido con la columnista y creo que intenta introducir importantes elementos políticos que tienden a ser dejados a un lado en el debate actual sobre el progresismo.
Con respecto a los argumentos planteados por el señor Leo Salinas tengo algunas objeciones. Estas apuntan a la excesiva fe puesta por este en las “nuevas formas de cudadanía”, asociadas a la sociedad civil organizada, como “escuelas políticas”, por sobre la “sociedad política” general y el estado”.
cabe decir que es en el marco de la eleccion de las autoridades representativas donde los ciudadanos se igualan. La participación en instancias asociativas locales es importante, pero tinde a favorecer a aquellos grupos con mayor capacidad de presión y a dejr a un lado a lso grupos socialmente más débiles. Por otra parte, estas asociaciones tinden a actuar con fines conroprativos que no necesaiamente tienen que condecirse con ideales progresistas de ciudadanía. Despues de todo, basta recordar que los vecinos que se organizaron contra la clínica de enfermos de SIDA del padre Baldo Santi también eran sociedad civil organizada.

Sarah

17 de julio

meninas……eu vim dizer q amo vcs…..eu sou uma dessas minenas q passaram a se divertir, a se arrumar muito mais, a sair atre1s de promoe7e3o de coisas q me deixam lindas sim….olha q depois q eu comecei a ler vcs( q foi o segundo blog q encontrei…) o primeiro foi o da claudinha….eu passei a me arrumar mais …a querer ficar mais linda….e eu curto demais vim aqui ver e ler vcsss…e axo q vcs devem sim falar quem ta colando d evcs….q coisa feia!!!!bjos lindonasss;;;)))

Yuver

18 de julio

Tambe9m acho que vceas deveriam duglivar.A quantidade de leitoras assiduas aqui, e9 imensa!Juntas ne3o deixaremos essas copiadoras descaradas ficarem desfilando com os cre9ditos de pessoas que tanto se dedicam para nos ajudar.Super valida a atitude da Alea de denunciar.Acho que alertar as descaradas sobre isso antes de tomar uma atitude mais drastica, e9 bom. Insistiu? Vai pro limbo.

12 de diciembre

Muchas gracias por los comentarios.

Jorge: No entiendo cuando dices que hay derechos civiles iguales pero no derechos políticos iguales. Me parece que tienes una confusión entre el plano del deber ser, de los derechos (que SI son iguales para todos) y el plano del ser, donde el ejercicio efectivo de dichos derechos no es igual y para algunos se hacen ilusorios.

Leo: Estimadísimo, a mi también me encanta verte por estos lados. Cuando señalas que la participación política no tiene por qué pasar por las instancias establecidas por el Estado, y que la educación política se va forjando con no necesesariamente vinculadas al voto obligatorio, olvidas que el voto obligatorio no se opone a ninguna de las formas de participación que Jorge y tu señalan. Me cuesta comprender por qué los partidarios del voto voluntario oponen al sufragio obligatorio el resto de las formas de participación, como si hubiera que elegir entre una y otra.

Ahora, dicho lo anterior, es necesario comprender que como correctamente señalaba Joaquín, el voto es la única instancia en que la participación de todos los integrantes de la sociedad se igualan, y es este el punto que justifica al sufragio como un modo de participación política de mayor valor que los otros que se mencionan. Es la unica instancia donde la participación del pobre vale igual que la del rico, o donde el ciudadano “de a pie” vale lo mismo que el “político de carrera”. Otros modos de participación son valiosos, pero son fácilmente manipulables por minorías. Para dar un ejemplo fácilmente reconocible, piénsese en las asambleas de estudiantes que se dejan sin quorum o prácticas similares.

El punto de la igualdad no es menor. El discurso liberal admite la defensa del voto voluntario. Sin embargo, me parece que el discurso de izquierda tiene dificultades importantes para justificar la adopción de una medida que probadamente tiene efectos similares al voto censitario (más representación para quienes tienen más). La defensa de la voluntariedad del sufragio por sectores progresistas es una clara demostración de la pérdida del norte que nos afecta como sector político, pues hemos olvidado que nuestro compromiso principal, nuestra identidad, ha de estar centrada en el combate de la desigualdad social.

13 de diciembre

Hola!
Excelentes respuestas. Ambos, Joaquín y Tania, tienen razón en algunos puntos. En primer lugar, reconozco que los movimientos sociales pueden o no ajustarse a una mirada progresista y que todo depende de las capacidades de ejercer poder, ya en términos de recursos físicos como relacionales. Incuso, es muy posible que un agente social de pequeñas dimensiones e intereses muy estrechos sea capaz de armar redes sociales tales de lograr imponer sus políticas. En segundo lugar, Tania, tienes mucha razón cuando dices que el voto obligatorio y las otras formas de participación no se excluyen mutuamente.
Ahora bien. creo que hay mucha inocencia al hablar del efecto de igualdad política introducida por el voto obligatorio. Esta igualdad sería tal en caso que la población partipara activa y efectivamente en el nombramiento de los candidatos: es más, sería aún más isonómico en tanto los representantes fueran elegidos de modo aleatorio de entre la ciudadanía.
Sin embargo, en el momento en que nos enfrentamos a la existencia de mecanismos que reproducen las condiciones de los “notables” y las aristocracias/burocracias partidarias, esta apelación a la igualdad es contraproducente con los objetivos de combatir la desigualdad social. Mal que mal, solventar gastos de campaña requiere dineros que no son de fácil acceso para el ciudadano “de a pie”.
Por otro lado, la relativa escasez de espacios de elección pública, donde los cupos de representación o escaños son limitados, aumenta la competencia y la necesidad de contar con maquinarias electorales grandes. Estos dos elementos contribuyen a, y son reforzados por, la falta de educación y preparación política y ciudadana.
Por otra parte, Tania y Joaquín, no veo la correlación entre voto obligatorio y menos desigualdad. El argumento que Uds. plantean sugiere que al estar la ciudadanía obligada a votar, la mayoría logrará imponer sus candidatos y sus intereses sociales (de clase, solían llamarse). Así, asumiendo que más de la mitad de la ciudadanía pertenecería a la clases media baja y baja, la mitad de los representantes en el Congreso, gobiernos regionales y concejos municipales pertenecería o representaría estos intereses de clase. Y, creo, no hay nada más alejado de la verdad en el caso de Chile.
En primer lugar, los mecanismos institucionales, donde podemos contar tanto el sistema binominal como la prohibición a los dirigentes sindicales de sostener cargos de representación, impiden esta traducción de intereses de clase social a los cuerpos de representación política. Segundo, asumiendo que estos intereses de clase fueran así de marcados, es decir que hubiera una conciencia-de-sí y una conciencia-para-sí de las clases baja y media baja, los candidatos que compiten en las elecciones parecen no participar de esta conciencia. Finalmente, esa misma suposición debe ser puesta en duda, ya que no parece existir una conciencia de clase desarrollada entre estos sectores sino todo lo contrario. En este sentido, no es hecho menor el que tanto en la clase baja como en la clase alta, y especialmente en la primera, haya individuos que se consideren clase media. No se debe olvidar el efecto del acceso a crédito y consumo como mecanismo de igualación percibida.
De esto modo, tras la defensa del voto obligatorio, lo que hay es un apego a la idea de la clase trabajadora como clase emancipadora y liberadora en-sí-misma. Ese potencial emancipador que Uds. asignan no es automático ni un hecho, y además es problemático en tanto sigue fundando las estrategias y tácticas políticas de la izquierda. Es aquí donde yo creo, Tania, que se ha perdido el norte estratégico, y es esta suposición la que tiene que ser problematizada para pensar modos efectivos de lucha contra la desigualdad social.

Ridwan

17 de julio

Yo que soy optimista por deetcfo, no alcanzo a comprender que tanta gente como habita esta Europa nuestra, sin ir mas lejos, pues digo, que personas preparadas y honradas no faltan para haber evitado la situacif3n que nos empobrece social y econf3micamente, bfque ha sucedido? bfporque no nos anticipamos a todo lo que tenemos encima? bfporque asumiendo la presente situacif3n, no consigamos adoptar medidas contra quienes nos este1n subyugando? Seguro que soluciones imaginativas las hay para de una u otra manera hacerles la vida imposible a todos los que este1n especulando en contra del bien estar social de nuestras familias. Por ejemplo en EEUU en una e9poca cercana, cuando los negros utilizaban el trasporte pfablico tenie1n que hacerlo subiendo en la parte trasera de los autobuses, hasta que un deda decidieron no usar este medio de transporte pfablico, la contestacif3n no se hizo esperar ante la perdida de dinero en las empresas concesionarias del transporte pfablico, de tal manera que a partir de ese deda ya podie1n usar los atobuses y sentarse donde quisieran. Moraleja: cuando les tocas la pela al capital pronto encuentra soluciones que satisfagan a todos reciprocamente.

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