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La crisis del transporte rural

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Durante estos días hemos visto por televisión varias "tomas" de calle como consecuencia del retraso en el recorrido de micros del Transantiago. Incumplimientos de contrato que han provocado el malestar de la gente. Al menos hay alguna forma de expresar este descontento porque existe una licitación y una norma que las empresas deben cumplir.

Quienes vivimos en las comunas de la Región Metropolitana donde el servicio no es licitado -las zonas de Talagante, Peñaflor, Isla de Maipo, Melipilla, Colina, Buin- ni siquiera podemos reclamar por el atraso de una "liebre" o bus, porque ni siquiera existe eso: un compromiso de que una micro pasará a determinada hora y en ciertas condiciones. Los pasajeros vivimos en la más completa indefensión.

Los dueños de las empresas son un verdadero poder en las sombras que hacen y deshacen; no existe regulación sobre cuándo y cómo subir los precios de los pasajes (un viaje adulto Talagante – Santiago cuesta $900 ó $950); no existe norma respetada sobra la cantidad de pasajeros que se transportan de pie; los escolares deben pelearse día a día para que sus pases escolares sean considerados y por que las micros les paren para subir y bajar.

Con el afán de llevar más pasajeros sentados y maximizar las ganancias, los dueños de micros instalan asientos en la bajada trasera, dejando sólo una vía de escape; la distancia entre los asientos muchas veces no da ni siquiera para ir sentado cómodo durante la hora u hora y media de viaje… y qué decir de sentarse en el asiento de la rueda…

Hubo un momento en que las máquinas de la Flota Talagante vieron amenazada su seguridad por varios asaltos seguidos. La solución fue instalar barreras de protección que separan al chofer de los pasajeros. Sólo hay comunicación a través de una reja. Sería bueno saber cuáles son los estándares de seguridad de esa medida, sobre todo en caso de accidente grave, si mejoran la seguridad de los pasajeros o sólo velan por los dineros de las flotas.

¿Quién regula todo esto? Supuestamente, la autoridad competente, pero ésta poco hace por solucionar el problema. Cuando se denuncia mal trato a los estudiantes, por ejemplo, aparece un par de días fiscalizando con las cámaras del Matinal de Chile en frente, un par de fotos por aquí, un par de cuñas por allá, y después el problema de fondo no es resuelto.

El mismo portal institucional del Ministerio en su página "ciudadana" cuenta con una foto tomada a estudiantes de la zona (y publicada sin su autorización) que por varios años demandaron una solución al problema de los estudiantes que en aquel entonces eran discriminados y esperaban en filas aparte para que -sólo una vez que las micros se llenaran- pudieran hacer uso de sus pases y subir a los buses, aunque sólo en cantidades limitadas.

Ese problema particular se solucionó para que hoy los adultos y los estudiantes hagan sólo una fila (un logro digno de recitar aquel célebre discurso de I have a dream… medio siglo más tarde que Luther King). ¿Hubo solución? Vaya usted después de las 20 horas al terminal San Borja en Estación Central y vea las filas enormes de pasajeros que deben esperar -mínimo- una media hora para abordar un bus de vuelta a casa.

Después de las 21 horas, el terminal San Borja es tierra de nadie y las micros van abarrotadas de gente de pie. ¡Suerte que no ha ocurrido un accidente en la Autopista del Sol con un bus de la Flota Talagante involucrado porque las pérdidas humanas serían varias!

Este abarratamiento de gente no se debe a la ausencia de andenes en el terminal. Ni a la falta de máquinas. La razón es única y exclusivamente que la avaricia se ha apoderado del negocio y no hay quién le ponga coto al asunto y regule como corresponde.

En las mañanas, ocurre lo mismo, pero en dirección contraria. En un comienzo, el servicio "autopista" llenaba sus asientos y tomaba la autopista en Talagante. Hoy, con el afán de maximizar sus ganacias, llenan de pasajeros de pie y captan pasajeros hasta Malloco y la gente debe viajar en condiciones cada vez más precarias.

Y hasta el momento sólo hemos hablado de lo que ocurre en la ruta que conecta a Santiago con el resto de las localidades. Pero ¿qué pasa en los servicios que conectan comunas al interior de estas zonas? Bueno, si usted vive en Isla de Maipo y desea viajar a Talagante (capital provincial, a sólo 15 minutos de distancia), procure no hacerlo después de las 9 de la noche, porque ya tendrá problemas para movilizarse. Y qué decir si vive en otras zonas más rurales.

Las ganacias, la rentabilidad del servicio, el número de pasajeros transportado, las variables utilizadas para modificar las tarifas, etcétera, son factores desconocidos en lo más absoluto. De tal modo, es imposible saber si las ganancias de estos señores son acordes con las rentabilidades "normales" de un buen negocio (10% anual) o se han transformado en empresarios rentistas ante la falta de regulación.

En conclusión: no hay un marco normativo claro que proteja al consumidor. Y si existe, no es conocido por nadie. No están determinadas las frecuencias de los servicios, las horas de partida y de llegada, los tiempos de duración de los recorridos, la cantidad de pasajeros de pie, las tarifas, las condiciones de los buses, los castigos en caso de incumplimiento.  La autoridad policial parece no saber cómo reaccionar ante una denuncia por discriminación hacia un estudiante y, en sentido contrario, parece no existir demasiada confianza entre los estudiantes por acudir a la policía en caso de algún atropello a los derechos mínimos. En definitiva, opera la ley del más fuerte.

Hace algunos días ha vuelto a reflotar la idea de un tren suburbano como supuesta medida que solucionaría los problemas de la ciudadanía en materia de transporte. Sin embargo, esta no es la verdadera solución al problema, puesto que sólo logrará satisfacer de manera parcial la necesidad de transporte en tanto que el resto de los usuarios deberá seguir usando un sistema de transporte desregulado.

Es más, la idea del "tren suburbano" parece ser la solución perfecta para seguir dilatando la solución de fondo. El "chiquichiqui" del tren suburbano lo hemos oído quienes vivimos en las comunas mencionadas desde hace más de 20 años y sólo rinde provecho para quienes necesitan una propuesta electoral de corto plazo, pero que necesariamente implica años de desarrollo (tiempo suficiente para que la gente se olvide de ella). Por el lado de los empresarios del transporte, les permite distraer el foco de atención hacia un tema accesorio.

La solución parece ser otra, mucho más simple: licitar el servicio, poner normas claras, regular y, a partir de ahí, fiscalizar y multar a aquellos que vulneren la ley. Por lo pronto, ya sabemos lo que pasará en el contexto actual, en marzo próximo las distintas flotas subirán coincidentemente los precios a un valor idéntico, los pasajeros deberán seguir viajando en condiciones precarias y nuestras comunas seguirán empobrecidas.

Por último, no nos olvidemos de la importancia que tiene el transporte en el desarrollo. Muchos creen que comunas urbanas como La Pintana son las más pobres de la Región Metropolitana. Esto no es así. El sitial lo ostentan comunas rurales como El Monte y María Pinto, según la Casen. Y el transporte es fundamental para cambiar esto: un pasajero que no toma la micro a tiempo es un trabajador que pierde la confianza de su empleador por no llegar a la hora o un estudiante que no llegó a tiempo a rendir un examen. O un pasajero que se pelea con el chofer porque acarrea decenas de pasajeros de pie es un ciudadano que comienza el día molesto y no rendirá lo suficiente en las actividades que debe realizar.

¿Qué dice el Informe de Competitividad Global al respecto? Que el transporte es "pre-requisito para el acceso de las comunidades menos desarrolladas a las actividades y servicios económicos clave". Que "los modos de transporte efectivos facilitan el movimiento de trabajadores a los trabajos más adecuados". Y concluye que "los consumidores pueden ser más exigentes en algunos países que en otros" y que esto impacta en el desarrollo. Hasta el momento parece que no hemos sido lo suficientemente exigentes para tener un servicio de transporte decente y de calidad. Tal vez llegó la hora de hacerlo.

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Foto: Chilebuses.cl

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Comentarios

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22 de diciembre

Muy buen tema planteado, puesto que el problema al que apuntas es tan sencillo y real como lo es la “tierra de nadie” que son la obtención de ganancias de este sector empresarial; también se puede conectar directamente con dos temas muy importantes: primero, el transporte urbano y rural en las regiones, que actualmente sirven de chatarrería de las antiguas micros amarillas metropolitanas; y segundo, la necesidad de Chile de un sistema ferroviario de calidad. Buen arítculo, tema que lamentablemente está opacado por el feroz centralismo de Chile.

Falsas tarifas adultas para cobrar más a los estudiantes | El quinto poder

19 de junio

[…] Talagante es una empresa de transporte que nos tiene acostumbrados a sus abusos con los usuarios. El listado de faltas de respeto a los consumidores es extenso, pero estos días nos ha dado cátedra con un nuevo modus operandi para vulnerar la ley. Elevó el […]

cristian contreras

03 de septiembre

muy incisiva tu critica, y lo que mas lo avala es que es 100% real. Como nos gustaría que Flota Talagante fuese mas confiable, la debemos usar por que simplemente tienen el monopolio.
éxito y ojala juntes fuerzas para con esta lucha.

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