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Dobleces del instructivo del Club de Golf

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El instructivo del club de Golf ubicado en Chicureo puede ser entendido como un dispositivo de regulación y control de las jerarquías sociales y es tanto clasista, como racista y sexista. Tres tipos de mecanismos utilizados socialmente para posicionar como subordinados a parte de la población, en este caso particular a las mujeres trabajadoras domésticas.

Las nanas, como las ha llamado en parte de la prensa, son este caso tanto ellas como su clase social; de ahí que hablemos de clasismo. Aun cuando decir “su clase social” sea una naturalización de su posición social.

Racismo, porque los grupos que se creen superiores quieren preservar su pureza –que no es más que otra naturalización de sí mismos- y temen confundirse, tocar y usar los mismos espacios que estas mujeres, que si pueden tocar, mudar, consolar y alimentar a los hijos de las elites.

Sexismo, porque no hay nunca que perder de vista que la medida infringe violencia contra mujeres trabajadoras y las hace a ellas el objeto por medio del cual los patrones reafirman sus creencias sobre las jerarquías sociales, que son igualmente naturalizadas, es decir parte del orden de la sociedad, y que establecen aquello que no hay que cambiar ni modificar y defender a toda costa: a veces con instructivos, otras negándose a medidas redistributivas y en caso extremo con golpes de estado.

Dada la conmoción de la opinión pública, el Club de Golf, emite un comunicado señalando que se cometió un error y que el instructivo fue mal entendido, que no es el propósito discriminar y, desde su punto vista, esto debe ser cierto, no quieren discriminar porque no están usando la violencia –simbólica en este caso- para expulsar o impedir el paso, sino solo estableciendo un nuevo pacto entre socios de manera tal que todos sepan cual es su lugar en la sociedad a escala del club y nadie se confunda o se salga de su lugar. Esta práctica de identificar y posicionar a las trabajadoras domésticas como subordinadas porque con el sueldo no se paga su fuerza de trabajo sino su vida por ocho o más horas diarias, no emerge con este instructivo, sino que más bien este representa la continuidad de una práctica cotidiana que se aprecia en el supermercado cuando la “patrona” echa las cosas al carro y “su nana lo empuja”; en las playas del litoral central donde los niños van con su “nana vestida de nana” a la playa, así nadie se confunde, no saluda de besos, no comparte bebidas ni alimentos y no se contamina.

Todo el episodio me recuerda la película "The Help" (Tate Taylor 2011) –ojalá llegue a los cines- que muestra las humillantes prácticas a las que las patronas blancas sometían a sus “criadas” negras en el momento en que la emergencia de los movimientos por los derechos civiles en los Estados Unidos hacía temblar su mundo de privilegios construido en base a la subordinación y segregación. La esperanza de cambios profundos emerge, ya que no es posible en el mundo de la emergencia de nuevas formas de ciudadanía seguir manteniendo el absurdo pensamiento de la pureza de clase, de raza y de género.

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27 de diciembre

Sólo quisiera aprovechar esta tribuna para agradecer a las Brisas de Chicureo por recordarnos con precisión el ADN de nuestra “alta sociedad” que de distinguida no tiene nada.
Estos “instructivos” centrados en la discriminacón social, rara vez son públicos, pues en general se reconocen como políticamente inconvenientes, sin embargo están presentes cotidianamente en las conversaciones de las familias enriquecidas de nuestra sociedad, que creen que de la mano de sus fortunas casi siempre mal habidas, han adquirido una suerte de superioridad que los lleva a perder la cabeza.
Debo agregar que,tanto como el instructivo, he sido sorprendido por las declaraciones de numerosos residentes que intentan justificarlo con frases para el broce como ” permite ordenar las cosas” o “las nanas no son socias del club” u otras voludeces como esa. Si las nanas no son socias, entonces porqué las mandan? ¿quién cuidaría a los hijitos de papá si no las dejaran entrar?
Me pregunto cómo, a pesar de la teoría de la evolución, subsiste esta subespecie humana residente en las Brisas de Chicureo y tantos otros ghettos en donde la estupidez no encuentra límtes.

28 de diciembre

El uso de los uniformes en Chile es un tema bien interesante. Como lo dice su nombre, el uniforme (única forma) tiene un efecto homogenizador sobre el grupo y los miembros: intenta llevar al extremo la igualdad (de apariencias) y supeditar las identidades individuales a una identidad colectiva, de grupo. La institución social moderna más señera respecto del uso del uniforme la constituye el sistema escolar. El sistema escolar moderno intenta que sea el mérito (es decir, el logro de objetivos por desempeños individuales) el principal calificador y estratificador dentro del sistema escolar, en detrimento de las apariencias y origen (adscripciones naturales).

En ese sentido, no es llamativo que en Chile hayan sido los colegios privados los que hayan elaborado sus propios uniformes (corbatas, faldas, chalecos y similares), como una forma de distinción social que superaba con creces a la tradicional insignia. Así, se hizo posible distinguir visualmente, a los niños y adolescentes que estudiaban en establecimientos públicos, de aquellos que no (los hijos de los sectores acomodados del país). Con la municipalización esta situación fue llevaba al extremo, principalmente por los colegios particulares-subvencionados, los que al tener sus propios uniformes, buscaban diferenciarse de los colegios municipales (para la gallá, la pobla y/o similares) y, al mismo tiempo, mimetizarse con los colegios privados (donde estudia la gente bien). El mensaje subliminal es claro, dirigido principalmente a los sectores medios-bajos, emergentes y aspiracionales: “papi-mami: que sus hijos estudien en nuestros colegios, porque así no se van a juntar (y por lo tanto, parecer, porque recuerde: dime con quien estudias y te diré quién eres), a los niños de poblaciones marginales y similares (esos estudian en colegios con número). Los niños de nuestros colegios usan sus propios uniformes, igual que en los colegios del barrio alto. Mire, pruébele el uniforme a su hijo ¿ve que le queda bien? Incluso se parece a los niños del barrio alto; es medio rubio su hijo, cierto? Además, un padre siempre quiere lo mejor para sus hijos. Venga, pase por acá ¿Cuántos chiquillos quiere matricular en nuestro colegio?”. Así, los The Wuashateichon School, The Pulento’s Academy con sus variopintos uniformes, se transformaron en los productos prototípicos del nuevo sistema educacional fundado por la dictadura.

En el caso que nos convoca, el uniforme para las nanas funciona como una operación de significación social invertida: a través del uniforme de nana (significante), se quiere imponer y revelar públicamente la condición social de su portadora (significado). Lo interesante a saber en este caso es por qué lo estiman necesario los impulsores de la medida. Creo que el miedo a la mímesis nuevamente opera como pulsión subyacente: le miedo a lo que se estima como diferente, no sea distinguido como tal y sea considerado como igual, como homogéneo. Y creo que este miedo opera, porque quienes impulsan la medida no logran distinguir, visualizar a ojo desnudo, las diferencias que podrían existir entre las señoras y las nanas. Con eso lo administradores del mencionado club, están relevando una constatación por omisión: en y por apariencia, no es posible distinguir de buenas a primera a las señoras de las nanas. En la psico-sociología de la sociedad chilena, eso constituye un pequeño y soterrado insulto, no sólo para las nanas, sino que para las señoras: a partir de las apariencias de ambos grupos (significantes), no es posible distinguir mayores diferencias de fondo (significado). Y esto implica: que entre la apariencia de las señoras (físico más vestimenta) y de las nanas, no hay mayor diferencia, por lo tanto, no es posible establecer las diferencias sociales aspiradas, a ojo desnudo. O las señoras se visten como las nanas o las nanas como las señoras (seguro que hay de lo uno y de lo otro). De ahí la necesidad del uniforme, porque al ojo del discriminador social a cargo del servicio (administrador del mentado club), porque al parecer, las nanas y las señoras son muy parecidas entre si. Y decir eso en Chile es un cuasi-insulto. En una sociedad aspiracional y arribista como la nuestra, que anda sacando en cara al tátara-tatara abuelo europeo, o al primo en noveno grado que tiene apellido sonoro (como para decir: oye, si yo soy descendiente de europeo; por eso me gusta la pasta; no soy indio como la chusma), develar eso es un verdadero escupitajo en el rostro. Tales aspectos se ven acentuados en aquellos sectores medios que en generaciones anteriores han logrado cierta movilidad y posición social; por lo que buscan y necesitan constantemente estar revalidando las distinciones sociales que en algún momento las llevaron a su posición actual. Esos sectores sociales se reconocen de manera inmediata porque son expertos en andar roteando a los demás (mmm… recuerdo como Manenita, hija de chatito, roteo a Bielsa por no darle la mano con el mejor rostro). Lo peor de todo, es que los miembros de tan insigne grupo, no han reparado en la verdad que los administradores del club han dejado expuesto a la luz pública: que entre las señoras y las nanas, parece que no hay grandes diferencias.

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