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Crisis de la cuestión estratégica ciudadana en el movimiento ambiental

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¿Cómo es posible que, a esta “altura del partido” (y en un ambiente mundialero) estas organizaciones no hayan aprendido que para sentarse a dialogar hay que “tener espaldas”? Pues, ¿por qué puede Lagos ningunear a estas organizaciones? Porque manipularlas para quedar bien con los financistas “nórdicos” y con los intereses de las transnacionales mineras no tiene ningún costo político.

Acabamos de recibir un comunicado de prensa de las organizaciones ambientalistas Chile Sustentable y Observatorio Ciudadano. Nos informan que durante 2013 participaron en una “mesa de diálogo sobre los desafíos de la minería en Chile” convocada por la Fundación Democracia y Desarrollo, encabezada por Ricardo Lagos.

Que se habrían retirado de esa mesa a comienzos de 2014 debido a las importantes divergencias que surgieron entre ellas y las posiciones de la Fundación y Lagos. Las organizaciones ambientalistas habrían estado señalando “la insustentabilidad del modelo minero extractivista que ha adoptado nuestro país, desde la perspectiva de los derechos humanos y territoriales: y particularmente referidos a agua, energía, externalización y pasivos ambientales, equidad socio ambiental, derechos indígenas y participación ciudadana”.

Primera movida: las organizaciones no se habrían retirado solamente por esas razones, sino por motivos de manipulación política: aquellas “importantes divergencias”, “no se reflejaron en las actas de las reuniones”. Y como el dinero para financiar esta mesa vino de “países nórdicos” -Extractive Industries Transparency Iniciative (EITI)-, el caso parece indicar que la Fundación Democracia y Desarrollo habría ocultado las opiniones de las organizaciones ambientalistas porque en aquellos países nórdicos no pasan financiamiento para estimular el extractivismo minero actual sino para estudiar cómo transformarlo.

Ahora bien, detengámonos en este primer hecho: vamos a una “mesa de diálogo”, dialogamos –es decir, planteamos posiciones divergentes-, y entonces la contraparte nos invisibiliza. ¿Cuál es el diálogo? Más importante, ¿es este el modo de representar a las comunidades que sufren el extractivismo y el modo de hacer política a favor de las causas ambientales?

Segunda movida: el 18 de junio de 2014, R. Lagos entrega a Bachelet en La Moneda un “documento sobre política minera”, que ningunea las posiciones de Chile Sustentable y Observatorio Ciudadano. Lo único que afirmaría es que estas organizaciones no suscribieron ese documento debido a “diferencias con la metodología de trabajo”.

Entonces estas organizaciones sacan un comunicado de prensa para denunciar que la versión de Lagos y su Fundación “falta a la verdad; dado que las verdaderas razones por las cuales no suscribieron el documento se debe a profundas divergencias sobre el desarrollo minero”. Ellas estarían resumidas en un documento con sus posiciones, entregado a Lagos ya en marzo de 2014.

O sea, según esto, el político miente (o tergiversa) para hacer prevalecer sus intereses –defender la política minera como prioridad frente a cualquier cuestión de defensa de los ecosistemas y de las comunidades-. Y las organizaciones ambientalistas “patalean” por la prensa –por la escasa prensa que les da voz-. Esta no sería ni la primera ni la centésima vez que ha ocurrido semejante. ¿Por qué sucede? ¿Por qué puede volver a suceder?

En 2011, los intereses de un político como Lagos no estaban precisamente en el lado de los estudiantes. Al contrario. Pero los estudiantes fueron miles y miles en las avenidas de todo Chile, y cuando se fueron a sentar a “dialogar” con un político, poseían harto ropero con el cual vestirse. La clase política, especialmente la que rodea a un Lagos y la ex Concertación, se vio obligada a recordar otros intereses: los de la “centroizquierda” no neoliberal.

Uno no va a una mesa de diálogo con políticos sobre la base de la pura “buena fe” en lo que dice la convocatoria. Hacerlo constituye una candidez inaceptable, especialmente con los cientos de experiencias anteriores que demuestran que la convocatoria no equivale a los hechos. O decididamente una estupidez –si consideramos que lo que dice esa palabra, ser estúpido, habla no de la tontería ni de la ignorancia, sino de que, a pesar de tener conocimiento e inteligencia de las cosas, se repiten igual los comportamientos-.

¿Valen las quejas de “engaño” o “manipulación” que hoy envían a la prensa esas organizaciones ambientalistas? No valen. A lo más llegarían a ser una versión más del título de Gabriel García Márquez: “crónica de una muerte anunciada”.

Si los estudiantes tuvieron los éxitos que tuvieron –y siguen teniendo-, es porque crearon poder ciudadano para contrapesar el poder de los políticos (y de los intereses económicos que representan tantos de ellos).

¿Cómo es posible que, a esta “altura del partido” (y en un ambiente mundialero) estas organizaciones no hayan aprendido que para sentarse a dialogar hay que “tener espaldas”? Pues, ¿por qué puede Lagos ningunear a estas organizaciones? Porque manipularlas para quedar bien con los financistas “nórdicos” y con los intereses de las transnacionales mineras no tiene ningún costo político.

Nadie va a salir a la calle –en las regiones, a los caminos y carreteras-, para defender las posiciones de esas organizaciones. De hecho, la mayoría de quienes participamos en las causas ambientales chilenas no teníamos idea de que una “mesa de diálogo” como esta existía.

Lagos y su Fundación pueden hacer lo que quieran con aquella “mesa de diálogo” porque tienen al frente a personas sin poder ciudadano que las respalde. Esos liderazgos ecologistas, en esa “mesa”, se representan a sí mismos y no representan a comunidades movilizadas.

Solo parece viable negociar asuntos ambientales con el poder político desde posiciones de poder ciudadano. Entonces el político se cuida y hasta se somete. Las estrategias de los liderazgos ambientales que aquí hemos mencionado, no pueden seguir actuando en la ingenuidad de la política; no pueden esperar que las otras organizaciones tengamos mucha más paciencia con estos errores de estrategia.

La naturaleza misma nos enseña que los seres vivos se mantienen vivos en las selvas y los mares, mediante estrategias de conservación y no por presuposición de la buena voluntad de sus vecinos.

Nos gustaría que esta fuera de las últimas veces que se nos solicita solidaridad con unos liderazgos ambientales cuando la “máquina” política se los come. ¿Resulta tan complicado aprender de los estudiantes chilenos? ¿Resulta imposible apoyarse en cada paso en las miles de organizaciones comunitarias de orientación ambientalista que pululan en cada rincón de la patria?

En muchos y muchos lugares las comunidades están organizadas. Frente a las causas ambientales que implican una amenaza directa a sus modos de vida –ver el caso de Til Til, de Tocopilla, de Pelequén, de Freirina-, incluso las divisiones de izquierda/derecha quedan obsoletas. Las gentes salen en patota a protestar, las familias defienden todas juntas el agua que usan para vivir. Y son miles y miles.

No es posible ya que las organizaciones ambientalistas continúen priorizando el manejo cupular, juntándose los dirigentes ambientalistas con los políticos más influyentes para arreglar el mundo entre ellos. Parece que la estrategia adecuada es con los pueblos. ¡Qué conclusión menos original!

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Comentarios

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Julio Berdegué

20 de junio

Se puede estar en desacuerdo con el documento criticado por el autor de esta nota, o con el proceso del cual surgió. Pero lo que no es posible, o por lo menos no es comprensible, es evadir los argumentos, armarse de descalificaciones y adjetivos, y, al final, firmar como filósofo.

29 de junio

Si bien concuerdo con varios de los puntos expresados por Fernando, y por supuesto con su cierre del artículo, mas estoy en desacuerdo cuando de pasadita intenta el autor del artículo desideologizar el fondo del problema, claramente en el mundo existe un ambientalismo de derecha o otros de izquierda, que en Europa esa frontera está mimetizada gracias a la socialdemocracia que apuesta por el capitalismo verde, no es novedad. Mas aquí en latinoamérica esa frontera es clara, y se llama en algunos lugares neocolonialismo, transnacionales, neo despotismo ilustrado y un sin fin de formas que el articulista no quiere asumir o por lo menos lo deja abierto sentenciando que “incluso las divisiones de izquierda/derecha quedan obsoletas”, lo cual incurre en un error garrafal desde mi experiencia territorial y empírica. Claramente los capitalistas del conocimiento en la académia, de dónde se nutre de profesionales muchas de las Ong´s mencionadas y que jugan el juego junto a Luksic y Lagos, no están ahí por casualidad, vienen a representar justamente una coherencia de entendimiento y lenguaje que lejos de ser legible para los comunes, neófitos, campesinos, pescadores y loberos…es de clase. Quien quiera insistir en el blanqueo desidiologizado, no es ingenuo, puede sonar simpático sí para aquellos que por resabio de la dictadura todo lo que signifique política sea sinónimo de peste, pero cuidado, el new deal verde que se articula, desde las altas élites no es un acuerdo de bases territoriales, es claramente y políticamente un acuerdo de capitalistas, de ambientalistas capitalistas que hacen muy bien su lucrativo negocio, vender conocimiento para que todo calze y nada cambie en la toma de desiciones. Mientras desde el seno de los recintos dónde se desarrolla conocimiento no se sincere el lenguajear, sera ahí mismo dónde la academia muestre su signo político per se.

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