#Ciudadanía

Ciudadanos egoistas y ordenamiento territorial

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Hace unas semanas hemos recibido noticias que han reabierto de manera auspiciosa el debate acerca de la participación ciudadana en nuestro país.  Un conjunto de vecinos organizados ha logrado detener la construcción de un centro comercial, argumentando el rechazo a que su calidad de vida se viera afectada por la llegada de miles de automóviles que habrían congestionado de manera intolerable su barrio con una contundente y casi única victoria en las urnas.

No parece ser una excepción.  Por todos lados y en casi todas las comunas en donde se están actualizando o ejecutando por primera vez los Planos Reguladores Comunales, la comunidad se levanta y reclama por las decisiones que se están tomando a sus espaldas, mientras comienzan a criticar abiertamente los resultados de determinados estudios que solo aplican proyecciones sobre tendencias económicas para responder ciegamente a ellas, pasando por alto las expectativas de los más directamente involucrados.

Salvo contadas excepciones, las autoridades comunales se disponen a abrir a dichas comunas a lucrativos negocios inmobiliarios representados por edificios en altura y centros comerciales que se desarrollan sobre añosos y consolidados barrios residenciales de mediana y baja densidad, buscando jugosos permisos de edificación para las municipalidades y cuantiosas ganancias para las empresas desarrolladoras.

Pero lo cierto es que la responsabilidad no recae exclusivamente en las autoridades. Ésta se encuentra repartida entre todos los actores que directa o indirectamente participan en la manutención de la actual forma de organización de la sociedad.

Primero, está la responsabilidad de los ciudadanos y ciudadanas, que no se interesan en los problemas mientras estos no les toquen directamente sus intereses y que luego de quejarse, en forma reiterada, de las decisiones cupulares y la falta de participación, se abstienen de participar o vuelven a votar por los mismos candidatos y partidos políticos que han mostrado un sistemático desprecio por la comunidad, por la participación y por la democracia como forma de relacionarse con su entorno, permitiendo que el sistema se reproduzca autopoyéticamente.

Luego están quienes hacen las leyes, que han validado una y otra vez el hecho de que los Planes Reguladores y el ordenamiento territorial se desarrollen sin la participación de la comunidad. De hecho, la Ley General de Urbanismo y Construcciones actual, que ellos han modificado al menos en cuatro oportunidades, solo obliga a incorporar a la comunidad en una función meramente consultiva, una vez que el proyecto está terminado, sin exigir siquiera que sean  incorporadas las observaciones emanadas de las simbólicas reuniones informativas o asambleas populares.

Pero la responsabilidad recae también en las escuelas de arquitectura y urbanismo y en gran parte de las consultoras dedicadas a la planificación territorial, que con una visión absolutamente sobre ideologizada y con cada día menos capacidad de crítica, han ido consolidando una forma de entender la planificación y el ordenamiento territorial, completamente reñida con la participación y con las expectativas de los destinatarios de las mismas, reduciéndola solamente a una forma más de movilizar recursos con miras a la tan ansiada reproducción del capital.

Por último, están las autoridades de los gobiernos locales que no asumen que la ley, en cuanto a participación ciudadana se refiere, solo establece mínimos obligatorios, convirtiendo la participación en un tema casi exclusivo de voluntad política. Así, todos deben saber que nada impide a los alcaldes de las comunas y a las consultoras dedicadas a la planificación y el ordenamiento territorial, incorporar la participación comunitaria de manera temprana y vinculante, es decir, incorporarla durante el proceso de elaboración del proyecto, con el compromiso de que las decisiones mayoritarias de la comunidad, se vean efectivamente reflejadas en los instrumentos legales.
 
Pero la responsabilidad mayor recae en la ciudadanía, por su egoísmo y su falta de visión y de solidaridad. Hay que asumirlo, nunca vimos a los ciudadanos y ciudadanas de La Reina reclamar contra la Costanera Norte en solidaridad con los habitantes de Pedro de Valdivia Norte. Tampoco vimos a los habitantes de Recoleta solidarizar con los habitantes de Providencia que hace años vienen reclamando por la destrucción de sus barrios y espacios públicos. Tampoco hemos visto a los ciudadanos que hoy reclaman hacerse cargo de las innumerables denuncias de la agrupación Defendamos la Ciudad que encabeza Patricio Herman. Sin embargo, a todos los hemos visto reeligiendo una y otra vez a sus alcaldes, concejales, diputados y senadores para luego volver a quejarse de las decisiones que, de manera inconsulta, toman la mayoría de las autoridades.
 
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Comentarios

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19 de julio

¿Dónde queda el Estado de derecho y el respeto a la propiedad privada? Lo que el autor propone es la tiranía de la mayoría. Desgraciadamente, el germen totalitario está en el ADN de la izquierda y termina aflorando por diversos caminos. Las pesonas no tienen el derecho a retener el valor de su propiedad impidiendo que se construya un edificio que le quite sombra a su jardín o evitando que aumente el tráfico en el barrio consecuencia de un nuevo centro comercial u hospital. Ah, ¡que fatal arrogancia!

19 de julio

Por cierto, hablar de solidaridad es una trampa, porque a lo que realmente apela es a la coacción, a organizar un grupo de ciudadanos suficientemente amplio para torcerle la mano a los derechos de un dueño legítimo de una propiedad.

19 de julio

Estimado Murray, es un tema valórico. Para algunos el derecho a la propiedad es superior al bien común y para otros, como yo, es mucho más relevante el bien común y la sociedad en su conjunto antes que el derecho a propiedad de alguien o de unos pocos. Los males que hubiera traído a ese barrio ese tremendo edificio no lo hubiera asumido ninguno de los promotores inmobiliarios que están detrás de ese proyecto y eso tb es un tema valórico pues el respeto a la propiedad debe tener un limite y ese limite es cuando con tus bienes y tu libertad eres capaz de destruir los bienes y las libertades de los otros.

19 de julio

Estimado Daniel,

Partes de premisas falsas. Primero, el concepto del “bien común” es es una quimera, una herramienta política, pero cuando se busca una definición exacta del término uno se encuentra con puras vaguedades. Es así porque apelar es un resabio de nuestro pasado tribal premoderno, donde aquel que sobresalía es porque se aprovechaba del grupo. Hace mucho que dejamos atrás ese socialismo primitivo donde todos los hechos particulares se podían conocer, de ahí que la planificación centralizada funcionase. La expansión de la división del trabajo ha dado lugar a un tipo de orden social más abstracto, donde los hechos relevantes no son conocidos y obtenemos certidumbre gracias a instituciones como la propiedad privada y el sistema de precios. Lo que tú sostienes va justo en la dirección opuesta a tu objetivo inicial. De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

Segundo, de la búsqueda del bien común no se desprende una violación de los derechos de propiedad. Habría que analizar en un plano teórico inicial si es ello es así. Desde que Ludwig von Mises demostró la imposibilidad teórica del socialismo ese es un capítulo cerrado por más que se empeñe la gente, de igual manera que no hace falta hacer un experimento para demostrar que el hombre no puede volar como un pájaro.

Tercero, el “tema valórico” no puede ser contrario a derecho. Dices que los límites de la propiedad privada son los bienes y libertades de terceros. Sin embargo, con la construcción de un centro comercial no se está violando la libertad o propiedad de un tercero. Le podrá molestar la construcción, el aumento del transito, la polución que ello genere, pero lo que tú propones es evitar que ello suceda porque extiendes el derecho del individuo más allá de su propiedad. El tema de las externalidades es resultado de títulos de propiedad mal definidos. Nadie es propetario del aíre que respiramos, por lo tanto se contamina. Las vías de transporte son municipales o estatales, consecuentemente están llenas de eventos. Lo que es del común es del ningún.

19 de julio

Parece ser que la propiedad privada es demasiado importante para ti. Te recuerdo que es consenso que ella nace del trabajo y por tanto los únicos enemigos de la propiedad privada son los que pagan a los trabajadores menos de lo que vale su trabajo y asi construyen lo que tu llamas propiedad privada. La verdad es que tus conceptos son aun más relativos y partes de una posición sobreideologiszada que pretendes sustentar nombrando autores que solo son validos para ti y para quienes piensan como tu. Ese es un ejercicio teórico burdo y demasiado antiguo como para caer en él. Lo importante es que la propiedad no puede ni debe pasar por sobre los derecos de los otros, y el derecho a vivir sin contaminación y en un medi ambiente sano es tb un derecho adquirido que para ti parece no existir. Es decir para quienes piensan como tu no es la propiedad privada lo importante, sino tu propiedad privada, no la de todos.

20 de julio

Lo siento, pero el consenso científico desde la década de 1870 es la Teoría subjetiva del valor, por eso se habla de la Revolución marginalista. Ideas como “los únicos enemigos de la propiedad privada son los que pagan a los trabajadores menos de lo que vale su trabajo” son arcaicas y no tienen fundamento, son una forma de tribalismo. Marx se equivocó al tomar la idea errada de los economistas clásicos sobre la Teoría objetiva del valor, que es lo que tú propones. Nuevamente, las premisas sobre las que argumentas tu posición no se sostienen.

“Es decir para quienes piensan como tu no es la propiedad privada lo importante, sino tu propiedad privada, no la de todos.”

Eso no es cierto, yo nunca dije eso. Por cierto, ¿puedes explicar en qué consiste eso de la propiedad privada de todos? ¿Somos todos juntos dueños del algo en particular? ¿Podrías fundamentar tu argumento?

“Lo importante es que la propiedad no puede ni debe pasar por sobre los derecos de los otros, y el derecho a vivir sin contaminación y en un medi ambiente sano es tb un derecho adquirido que para ti parece no existir.”

La contaminación es el resultado de una externalidad negativa debido a unos derechos de propiedad mal definidos. Cuando todos somos dueños del aíre y del agua su calidad se empobrece. Querer vivir en un medio ambiente sano no es un derecho, es un deseo, legítimo, pero deseo al fin y al cabo.

20 de julio

Si bien se debe respetar el Estado de derecho y la propiedad privada, no hay que confundirse.

Proteger la propiedad privada no implica amparar prácticas Crony capitalistas, donde ciudadanos comunes deben enfrentarse a la asociación nefasta entre el poder corporativo y el poder político, como suele ocurrir.

Porque como dice Roderick Long “el favoritismo del Gobierno también asume la irresponsabilidad de las grandes empresas con el medio ambiente. Por ejemplo, los contaminadores a menudo gozan de la protección contra demandas, a pesar de que la contaminación es una violación de los derechos de propiedad privada.”

En Chile hay varios ejemplos donde las corporaciones piden audiencia y las obtienen de inmediato mientras que otros ciudadanos deben esperar meses para que apenas les atienda una secretaría.

No hay que confundir libre mercado con capitalismo de amigotes…

20 de julio

“No hay que confundir libre mercado con capitalismo de amigotes…”

La paradoja es que cuanto más grande sea el gobierno más susceptible es de tener amigotes.

Moro

16 de julio

Prezado Nepomuceno,Venho procurando a esseancia da corabolae7e3o e penso que caiu a ficha neste teu post com a frase abaixo:3- a palavra chave, me parece, foi ampliar a comunicae7e3o, para sf3 ente3o abrir corabolae7e3o, atrave9s de uma rede de conexe3o e ne3o o contre1rio;De que maneira poderemos examinar melhor este assunto?Felicidades,Formanski

skycqrhyb

17 de julio

Ve7ASb moegidibtoun

20 de julio

No es paradoja, esa es la realidad, mientras más amplio es el gobierno, más amigotes tiene.

Lo paradójico es que algunos que plantean defender el libre mercado olvidan que la competencia genuina es la gran pesadilla de las grandes empresas, y terminan defendiendo una estructura de privilegios basada en conexiones cercanas al gobierno de turno, los favores y ventajas económicas que éste les asegura.

20 de julio

Yo creo que nos enfrentamos a un dilema en el cual en el momento que instauramos el Estado, por pequeño que sea, su tendencia será siempre a crecer. Las constituciones y la división de poderes son una ilusión, eventualmente todas son violadas. Ejemplo gráfico de ello es EEUU con el concepto de Living Constitution, donde una constante reinterpretación de lo que dice va de la mano del crecimiento del gobiernos federal a expensas del poder estatal. Los supuestos epistemológicos sobre los que descansa el modelo de Estado son un quesos gruyere, lleno de hoyos.

20 de julio

Pero acá no se discute el origen del Estado -podríamos estar horas en eso- sino que la capacidad de acción que tienen los ciudadanos frente a la real asociación entre el poder corporativo y el poder político.

En ese punto, si se quieren defender posiciones libertarias, no se puede partir defendiendo una estructura de privilegios como la imperante, donde aquellos con mayor poder económico imponen sus derechos de propiedad sobre los de otros, simplemente porque son amigos de los burócratas de turno, de los legisladores o porque les financian las campañas políticas.

Acá el dilema, es que aquellos que dicen proclamar libre mercado son los primeros en pedirle al Estado que les favorezca o que coloque barreras de entrada a la competencia.

20 de julio

Acá todos se aprovechan del Estado, de uno y otro lado, la culpa está bien repartida, aunque hay que reconocer que la hipocresía de los que pregonan las virtudes del libre comercio y después pretenden socializar las pérdidas y evitar la competencia, se están serruchando el piso ellos solitos. Creo que vale la pena recordar a Adam Smith al respecto:

“Las gentes de la misma industria rara vez se reúnen, aunque sólo sea con fines de celebraciones y fiestas, sin que la conversación acabe en una conspiración contra el público o en alguna maquinación para elevar los precios. Es realmente imposible impedir esas reuniones mediante una ley que pueda ser aplicable y que sea compatible con la libertad y la justicia. Pero si la ley no puede impedir que las gentes de la misma industria se reúnan a veces, al menos no debería hacer nada para facilitar esas asambleas y mucho menos hacerlas necesarias.”

20 de julio

“Sí, lo digo en alto, son los propietarios de bienes raíces, aquellos que se consideran como los propietarios por excelencia, quienes han socavado el principio de la propiedad, puesto que han apelado a la ley para dar a sus tierras y a sus productos un valor ficticio. Son los capitalistas quienes han sugerido la idea del nivelamiento de las fortunas por la ley” Bastiat.

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