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Asamblea Constituyente: más que ideología

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No repetir malos ejemplos regionales y otros escandalosos intentos de reforma a nivel mundial, me parece sensato. Instrumentalizar una constitución para imponer cierta postura política, un modelo económico, no creo que sea nuestro norte. Más aún considerando que estas son las principales críticas que se hacen a la constitución del 80, además ya de la debatida ilegitimidad de origen a la que muchos adherimos. El debate ante una nueva constitución debe ser transversal, inclusivo, plural, serio y, por supuesto, democrático.

Con bastante eco se ha atendido últimamente el llamado a crear una nueva Constitución. #AsambleaConstituyente es una de las etiquetas más usadas en Twitter y en otras redes sociales, como Facebook, hay distintos grupos que hacen llamado a crear una nueva Carta Fundamental. Sin embargo existe un enorme desafío. Ese desafío no es otra cosa que la educación. La educación no de los tópicos tradicionales de lenguaje, matemáticas, historia y ciencia, sino de educación cívica, política y, por qué no decirlo, constitucional.

El común del chileno, me refiero a aquel que no lee mucho, que se informa a través de ciertos medios que parecen entretener más que informar; aquel al que le importa más recibir el catalogo de ofertas de la multitienda que leer un diario relativamente serio; ese chileno normal ¿podrá entender el significado de términos como “asamblea constituyente”, “poder constituyente derivado u original”?

Con años de lectura especializada en el tema, charlas, coloquios, seminarios, aún se me hace difícil entender ciertos alcances del constitucionalismo, por eso el eterno hábito del estudio. A pesar de lo anterior no dudo de las capacidades del común de las personas, y veo bastante posible que sean aptos para recibir la capacitación en estos temas adecuadamente. No obstante aparece otra interrogante. ¿Qué constitución queremos para Chile? ¿Queremos utilizar este proceso políticamente o de verdad queremos hacer un debate serio, inclusivo, pluralista y moderno?

No repetir malos ejemplos regionales y otros escandalosos intentos de reforma a nivel mundial, me parece sensato. Instrumentalizar una constitución para imponer cierta postura política, un modelo económico, no creo que sea nuestro norte. Más aún considerando que estas son las principales críticas que se hacen a la Constitución del 80, además ya de la debatida ilegitimidad de origen a la que muchos adherimos. El debate ante una nueva constitución, sin duda, debe ser transversal, inclusivo, plural, serio y, por supuesto, democrático.

Los temas a revisar sin duda serán el binóminal, el sistema de libre mercado, el reconocimiento de los pueblos originarios, la inclusión de los derechos sociales, económicos y culturales a los derechos que gozan de protección efectiva, lo referente al sistema presidencial exacerbado, fuerzas armadas, recursos naturales, etcétera.

Mi humilde llamado a la comunidad constitucionalista y humanista es a unirse y transmitir lo dicho. Educar a las organizaciones sociales, a los estudiantes, obreros, a los pueblos originarios, a profesionales de otras áreas, sin distinción de tendencias política, económica o moral, y en definitiva, a todo chileno que estime que es un aporte al debate, desde mi óptica parece ser la vía correcta. Pero la difusión de las ideas debe dejar el sesgo del sector que representamos, aunque nos cueste. Esa parece ser la única forma de tener una nueva Constitución madura, moderna y que sea un verdadero cambio para el alicaído sistema económico y político. Pues el ímpetu de llamar a crear una Asamblea Constituyente debe extirpar las ideas de imposición influenciadas por el descontento masivo a las consecuencias creadas por la Carta vigente, lo que podría caer en el abuso de lo que se busca reformar desde la vereda política contraria.

* Si estás de acuerdo con cambiar la constitución política de Chile, firma aquí.

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Comentarios

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Jorge Manchini

24 de agosto

El tema de crear una asamblea constituyente es tan antiguo como rehusado por la clase política.
Si hacemos un recorrido por la Historia de Chile, veremos que nunca la élite política se ha abierto al debate con el pueblo en torno a los temas que realmente interesan a la ciudadanía, nunca he escuchado la voz (o el clamor) popular a la hora de crear una carta que rija el destino político de la República, muy por el contrario, todas han surgido en periodos de excepciones y de cortes en la democracia, a saber;
1833, los conservadores, liderados por Portales, Prieto y Egaña redactan una carta que fortalezca el poder del presidente y le de amplias libertades. Es redactada cuando el país está aún convulsionando por la fiebre política que supone la organización de la naciente república, y su redacción, así como también su promulgación fueron hechas en el más absoluto silencio, bajo medidas extraordinarias y en ningún caso consultando al pueblo. Las reformas que se dieron a esta por los liberales, si bien es cierto buscan cortar el influencia del ejecutivo en la toma de decisiones, tampoco toman en cuenta la voz de la calle.

La Constitución redactada en 1925 nace al alero de la Cuestión Social, por lo que algunos intelectuales “caídos del catre” podrían decir que es popular, sin embargo, Alessandri encargó su redacción a un grupo de juristas por él escogidos, quienes plasman los intereses de la aristocracia “consciente” más que buscar el verdadero progreso del pueblo.
Para que hablar de los ensayos de 1823, 1826, 1828…y la carta que nos da las directrices en la actualidad, la Constitución de 1980, que al igual que sus antecesoras, es fruto de un contexto caracterizado por las prohibiciones y recortes a las libertades civiles.
La Democracia Cristiana ha puesto el debate en el tapete durante la semana que termina, sin embargo, y como bien lo dice el autor del artículo, el pueblo está lo suficientemente preparado, y peor aún, empoderado, para participar en la elaboración de tan importante documento.
Los planes que emanan desde el MINEDUC para el subsector encargado de tocar estas cuestiones, reafirman que en el curriculum nacional la Educación cívica no es algo importante, y es por eso que concuerdo aún más con el jurista redactor, es necesario, antes de cambiar la constitución, estimular por medio de la educación a un pueblo que no se siente parte integrante en la toma de decisiones.

28 de agosto

No podría estar más de acuerdo con tu comentario estimado Jorge.

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