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A 522 años, otro mundo aún es posible

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En un nuevo año de resistencia al colonialismo, recordemos: necesitamos producir socialmente un pensamiento antagónico al dominante.  Este será sólo posible si los sin voz, recuperan la palabra y gritan el mundo que quieren y sueñan.

La colonialidad iniciada con la conquista, y el capitalismo con el proceso de industrialización, corresponden a las dos fuerzas estructuradoras del hambre, despojo e infelicidad de los pueblos del sur. En su desarrollo histórico la dimensión epistémica ha jugado un rol crucial en su reproducción. Las formas de pensar, ver y comprender la realidad, hacen parte central de la institucionalización de la forma social, imperial y burguesa dominante.

En Chile este ejercicio ha sido decisivo para la digestión de los movimientos sociales y la domesticación de una sociedad en movimiento. El pensamiento único impuesto por el norte, y sostenido por un círculo de intelectuales nacionales que escriben los límites de lo posible sobre los muros de la ciudad, corresponde a una de las correas de transmisión entre la estructura económica-política y la reproducción psico-social.

El dolor en nuestra tierra tras 522 años de saqueo, enseña que la colonialidad no ha cesado, ni en sus formas de dominación-explotación-opresión (colonialidad del poder), ni en sus maneras que afecta la experiencia de vida de los sujetos (colonialidad del ser), como tampoco al efecto de invisibilización e inferiorización de saberes que no responden a las modalidades de producción de conocimiento asociados a la ciencia convencional y al discurso experto (colonialidad del saber)[1]

A pesar de los cinco siglos de violencia en el cuerpo, hay algo que nos dice que otro mundo es posible. La razón: para nosotros y nosotras las del sur, el socialismo no fue una idea ni un sustantivo, es una realidad, es verbo, es socializar, es acción, es de carne y hueso. Existe allí,  en la vida comunitaria, y con todo el cemento encima no deja de brotar sus flores de rebeldía.

En cada uno de esos frutos, hay aprendizajes, conocimiento acumulado de derrotas y victorias, saberes cotidianos de lucha y organización. Son estos saberes-experiencias un lugar de pensamiento para descolonizar-nos. No  son una respuesta o una verdad, sino una forma de caminar que mira el mundo no desde quien venía en su carabela, sino desde quien estaba en tierra observando su llegada[2].

En esa dirección se observan al menos tres quiebres necesarios:

Indisciplinar las ciencias. Es necesario asumir el largo desafío de hacer de la ciencia un instrumento para la libertad del género humano y no para el control del mercado sobre la naturaleza y la gente. Para ello lo primero es reconocer nuestro lugar, nuestra ubicación en el mundo, que es del lado de los oprimidos. Y lo segundo, hacer de ella otro medio de combate, diría Fals Borda, hacer ciencia guerrillera, “una donde el científico rebelde usando todas las armas de la crítica aborda los problemas del cambio de sistema social, ciencia politizada, cuya misión en la sociedad es participar directamente en el proceso de reemplazarla por otra mejor”[3].

Subvertir los límites. No es suficiente con una apertura funcional hacia nuevas perspectivas dentro del pensamiento hegemónico, lo necesario es cuestionar sus propios fundamentos, desestructurar los límites del pensamiento social. Señalaría Catherine Walsh “el problema no descansa simplemente en abrir, impensar o reestructurar las ciencias sociales, sino más bien en poner en cuestión sus propias bases”[4]. En efecto, este camino, que no representa algo nuevo o mejor sino simplemente un sendero distinto, “no busca fijar, definir, clasificar, ni quiere estipular principios generales, más bien pregunta y duda mirando hacia lo nuevo, hacia la creatividad humana que desborda los conceptos previos exhibiéndolos como límites de pensamiento”[5].

Des-cubrir saberes otros. Se requiere empezar a observar aquellas experiencias fronterizas, experiencias construidas por los no-ciudadanos desde su propio dolor que incorpora creativamente en sus luchas la esperanza por un mundo distinto. Estos son saberes de resistencia que emergen del ejercicio y construcción de autonomías, conocimientos vivenciales que han permitido a millones sobrevivir la devoradora destrucción colonial y capitalista. Diría Raúl Zibechi “tomar los relámpagos insurreccionales como momentos epistemológicos”[6].

En un nuevo año de resistencia al colonialismo recordemos: necesitamos producir socialmente un pensamiento antagónico al dominante.  Este será sólo posible si los sin voz, recuperan la palabra y gritan el mundo que quieren y sueñan.

Estos saberes y sabidurías que no provienen del Estado ni del Mercado, sino de la propia comunidad y sus luchas, desordenan el conocimiento científico atravesándolo con la filosofía de vida que corre las fronteras de lo permitido.

Hoy deberíamos, por abajo, erradicar en todos los ámbitos de la vida social los enclaves coloniales provenientes de la conquista, y por arriba, impulsar una descolonización de la economía y del Estado, avanzar en una segunda independencia donde recuperamos la soberanía sobre los territorios y la organización del conjunto de la sociedad.

Imagen: miguelmontoyo

 

[1] Ver Quijano, Aníbal. “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en EdgardoLander (ed.), La Colonialidad del saber: Eurocentrismo y Ciencias Sociales. Pers- pectivas Latinoamericanas. CLACSO, Caracas, 2000

[2] Mignolo, Walter.Historias locales/diseños globales. Colonialidad, conocimientos subal-ternos y pensamiento fronterizo. AKAl, Madrid, 2003

[3] Fals-Borda, Orlando. “¿Es posible una sociología de la liberación?”

[4] Walsh, Catherine. “¿Son posibles unas ciencias sociales/culturales otras? Reflexiones en torno a las epistemologías decoloniales”. En Nómadas, No. 26, 2007. pp. 102-113 y Walsh, Catherine “Introducción: (re)pensamiento crítico y (de)colonialidad”. En Catherine Walsh (ed.), Pensamiento crítico y matriz (de)colonial. Reflexiones latinoamericanas. Abya-Yala-Universidad AndinaSimón Bolívar, Quito, 2005

[5] Gutierréz, Raquel y Gómez, Luis, “Los múltiples significados del libro de Zibechi”, en: Zibechi, Raúl, Despersar el Poder  , Quimantú, Santiago, 2007

[6] Zibechi, Raúl, “Ecos del subsuelo: Resistencia y política desde el sótano”, en Ceceña, Ana Esther. De los saberes de la mancipación y de la dominación. Clacso, Buenos Aires, 2008. p.76

TAGS: Colonialismo

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16 de octubre

Quiero referirme al sufrimiento de los mapuches en Chile porque la solución de esta temática nos ilustra sobre la forma de actuar de nuestra “democracia”. Afirmo que el Estado debería entender que éste no es un problema judicial sino político, que está relacionado con una manera de proyectar el desarrollo, de comprender el país, la cultura y la convivencia entre pueblos diversos. Es un primer paso porque si no lo planteamos de esa manera y si por el contrario dejamos que se judicialice, los mapuches cansados de la ineficiencia neoliberal acuden a la protesta social mientras el gobierno les aplica la ley antiterrorista y nuevamente son violados los derechos humanos, incluso algunos tan esenciales como la vida misma.

Por desgracia esa es la forma característica de actuar del neoliberalismo en todos los aspectos: como no está en condiciones reales de solucionar los problemas de los trabajadores, de hecho gobierna en favor de las demandas de la patronal, intereses que por cierto son contrarios a los de los sectores populares, entonces recurre a la fuerza y a la represión agravando considerablemente los conflictos. La violencia es el único idioma que entiende porque se cree el final de la historia y el cénit de la civilización por lo que en esas circunstancias el diálogo nunca es posible.

17 de octubre

estoy de acuerdo con el señor REPETTO además de la necesidad de repensar una visión NUESTRA con nuestros sentimientos y pensamientos. Primero los españoles y después los del norte con su dominación en pro de sus intereses……

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