Negacionismo científico: gurús, videntes y profetas versus la ciencia

El año 2009, un grupo de científicos, entre los cuales se encontraba un grupo de expertos chilenos, publicó un artículo científico en la revista Physics of the Earth and Planetary Interiors, de una importante editorial. En éste se reportan los resultados de mediciones y modelamientos que apuntaban a la posibilidad de un terremoto de gran magnitud en la parte sur de la zona entre Constitución y Concepción. De acuerdo a los cálculos de los científicos, el déficit en el desplazamiento de las placas sería suficiente para originar un terremoto de magnitud entre 8 y 8,5 grados “en el futuro cercano”.  Todos sabemos lo que ocurrió un año después. Sorprende la precisión en la observación y en el pronóstico de la magnitud del sismo. 

A poco más de dos años del sismo, un supuesto “experto” realizó una temeraria profecía: un terremoto de magnitud sobre los 9 grados azotaría Chile. Rápidamente un famoso “gurú” y experto en conspiraciones de otro mundo hizo eco de estas afirmaciones y se encargó de “informar” a la ciudadanía. Ocurrió, desgraciadamente, que dos sismos, uno de ellos de gran magnitud, sacudieron a la zona central y causaron pánico en una población temerosa ante el recuerdo de la catástrofe de hace dos años atrás y aterrada ante estas predicciones.

Causa extrañeza, evidentemente, la “idolatría” expresada ante tales gurúes por un número importante de chilenos, principalmente en las redes sociales, después del sismo de 7.1 grados de este domingo. Y causó más extrañeza aún la desenfadada afirmación de uno de los expertos en cuestión, quien expresa: "creo que en estos momentos toda la gente del mundo académico quedó desacreditada, porque en el fondo ellos están tratando de defender una postura indefendible. Lo que más me preocupa es que a la última línea de personas que le llega la información es a las personas comunes y corrientes, porque siempre hay filtros de por medio".

Aunque en este caso en particular la comparación es completamente desagradable, no puedo sino señalar lo evidente. Mientras los "académicos" acertaron con una precisión digna de elogio, sobre la base del método científico, en la magnitud y la ubicación del terremoto (más allá del detalle temporal de "un futuro cercano"), los profetas y gurúes no sólo no acertaron con su catastrófica predicción, sino que no dieron datos extremadamente precisos de la ubicación, limitándose a la vaga predicción de "durante el fin de semana", nada sorprendente en un país sísmico como Chile, en el que por simple probabilidad es esperable un sismo perceptible en cualquier momento. 

Entonces, ¿cuál es el supuesto descrédito del mundo académico? ¿Se justifica la excesiva idolatría que semejantes personajes adquieren después de una predicción tan ambigua? ¿Han superado los "videntes" la seriedad, precisión y profesionalismo de los científicos?

Lamentablemente, nuestro país ha comenzado a contagiarse de una enfermedad de rápida propagación y severas consecuencias: el negacionismo científico ("denialism"), que se caracteriza por la tendencia irracional no sólo a no "creer" la evidencia científica (como si la ciencia fuera un acto de fe y no de evidencia empírica que debe ser verificada y, en consecuencia, aceptada o rechazada), sino que a desacreditarla abiertamente. Esta enfermedad encuentra sus cuadros más virulentos en temas como la vacunación, los alimentos transgénicos o, el peor de todos, el calentamiento global. Grupos organizados despliegan sus esfuerzos para "informar" a la ciudadanía sobre los graves riesgos de vacunar a sus hijos o de comer alimentos con "genes". Grupos empresariales se encargan de escribir suculentas editoriales en medios de prensa (y vaya que abundan en los medios nacionales) en los que se plantean inexistentes "controversias" respecto al origen antropocéntrico del cambio climático o sobre la existencia misma del calentamiento global, cayendo incluso en la osadía de desacreditar a científicos por doquier, donde la expresión más grave de esta subcultura se halla en algunos grupos políticos. Y los medios de comunicación caen en el juego y muchas veces distan de ser un aporte real a la divulgación científica. Secciones de Ciencia plagadas de noticias sobre el último sistema operativo para celulares, el videojuego de moda o hasta de OVNIS son parte de la tendencia local en lo que a divulgación se refiere.

Este tema no es menor. En el caso de los grupos "antivacunas", ya se han registrado episodios de aumentos de la mortalidad infantil en algunas ciudades o estados, vinculados directamente al descenso en la vacunación infantil, o casos de reaparición de enfermedades de escasa o incluso nula ocurrencia en los últimos años (fenómeno que ha sido ampliamente "parodiado" por el Dr. House en la famosa serie). Para qué ahondar en el daño que los escépticos del cambio climático han producido a nivel mundial, a través del lobby y retrasando la adopción de medidas urgentes para disminuir el avance del calentamiento global.

Afortunadamente, no está todo perdido. Los científicos han cobrado conciencia de la necesidad no sólo de divulgar (educar), sino también del deber de defender la ciencia. Cada vez son más los científicos que escriben en blogs y columnas en medios digitales. Excelentes iniciativas de divulgación científica, como Tecnociencia, se han consolidado en el tiempo y se preparan para dar el salto a la TV, acompañadas de nuevas series e iniciativas (la nuevas series "Explora" y "Cuadernos de Ciencia" son notables ejemplos). Los Cafés comienzan a ser frecuentes en algunas ciudades, y existen iniciativas ciudadanas, como la de Science Slam o Fundación Ciencia Joven, que buscan popularizar la ciencia o acercarla al mundo escolar, respectivamente.

Y así, los científicos se alzan lentamente contra el establishment mediático, que profita de falsos gurúes, pulseras de los 11 y medio poderes, grupos anti-ciencia, y expertos en conspiraciones alienígenas y videntes de catástrofes, que generan probablemente jugosos ratings en horarios de TV antes abandonados a teleseries.

La lucha está lejos de ser ganada. Los científicos debemos pasar de la fase "reactiva" en la que nos hemos posicionado a una "proactiva". Debemos reclamar un rol más activo en la sociedad, cada uno desde su trinchera. Romper el cerco informativo (del que personalmente, desde la iniciativa "Más Ciencia para Chile", hemos sido víctimas en más de una ocasión), combatir el negacionismo y mostrar nuestro orgullo por pertenecer a una profesión que, aunque mal remunerada y pobremente valorada por la sociedad y los poderes, es maravillosa por esa capacidad tan única para ver el mundo que nos rodea desde una nueva perspectiva, entenderlo (a veces)… y explicarlo, sin mitos.

Pablo Astudillo