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Institucionalidad científica: la ciencia no puede seguir esperando

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Considerando que durante las últimas semanas se ha hablado con fuerza sobre la necesidad de priorizar, cabe preguntarse en qué pie se encuentra la ciencia chilena. Algunas señales tenemos al respecto, luego de que se entregara el informe de la comisión asesora nombrada por la Presidenta Bachelet, cuya misión fue delinear las bases para los futuros cambios a la actual institucionalidad científica, incluyendo la creación de un ministerio. Poco sabemos de si dichos cambios se concretarán, o los recursos con los que la ciencia contará en el futuro cercano. La propia Presidenta Bachelet puso “paños fríos”, al señalar que “crear un Ministerio es una tarea ardua, incluso cuando se tienen los recursos; por eso, vamos a estudiar en mucho detalle las alternativas que propone este informe para tomar las decisiones más adecuadas para que la ciencia y la investigación en Chile se vean efectivamente fortalecidas”. Sus palabras motivaron a dos medios de prensa a hablar de “suspenso” en la creación del prometido ministerio de ciencia.


Es probable que la Presidenta Bachelet tenga clara la urgencia de avanzar en la materia. Ya se ha reunido en anteriores ocasiones con la comunidad académica y científica, mostrando interés por el estado de nuestra ciencia.

Los eventos dados a conocer el pasado viernes tienen varias lecturas, obligando a hacer precisiones. La más urgente es la de la supuesta “falta de consenso”. La comisión no concluyó que no existe una sola opción en materia de institucionalidad, o que es mejor crear una especie de “consejo”. La comisión sí estimó necesario crear un ministerio para la ciencia en el país. Lo que está en discusión es cuánto de su influencia está dispuesto a perder el Ministerio de Economía.

Sólo de esta manera se puede entender que la comisión asesora presidencial (que se esperaba alcanzara acuerdos y generara propuestas concretas especialmente en este punto) haya optado por entregar dos propuestas de institucionalidad que, aunque coinciden en algunos aspectos, difieren en otros relevantes, incluyendo cuánta participación tendría el Ministerio de Economía en la materia. El “disenso” debe ser también evaluado con el debido peso: de las ocho personas que apoyaron la propuesta del “modelo de los dos pilares”, que crea un ministerio de ciencia pero mantiene un grado importante de participación de la cartera de Economía, cuatro son personas directamente relacionadas con el MINECON. De esta manera, queda claro que estamos ante una disputa de poder. Mientras, otras 24 personas, incluyendo al presidente de CONICYT y el del CNID, organismo llamado a liderar la visión estratégica en estas materias, apoyaron la propuesta de convertir a un futuro Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en el protagonista de la conducción política y pública de la estrategia nacional de fomento y desarrollo de la ciencia y la innovación del país.

Este desenlace no es inesperado. Mucho se discutía antes sobre las dificultades que encontraría cualquier propuesta de institucionalidad, al momento de decidir qué “se deja o no” en Economía (se asumía que Educación Superior permanecería en el MINEDUC), y aquel adagio de “a ningún ministerio le gusta perder poder (o recursos)” se hacía sentir.

No obstante, es importante saber si el modelo de “dos pilares”, el mismo que ha tenido Chile durante la última década (y que fue el apoyado por los miembros de la comisión asesora ligados al MINECON), funcionaría en una “versión 2.0”. El creciente protagonismo del MINECON en estas materias no ha traído los resultados esperados (sólo basta ver el desempeño del país en diversos indicadores y rankings de innovación y competitividad), y la propuesta mantiene grados importantes de fragmentación en el sistema, generando además una innecesaria dependencia de las posibilidades, buenas voluntades y/o capacidades de ministros, subsecretarios, jefes de división y un no menor etcétera, de coordinarse a nivel inter-ministerial. Otro punto controversial es la insistencia en la figura del comité interministerial, fuertemente criticada tanto en el caso específico de la de innovación, como a nivel general para este tipo de figuras. La propuesta mantiene al Ministro de Economía presidiendo dicho comité interministerial, con las previsibles consecuencias de perpetuar la visión de la ciencia como un “insumo” más de la innovación y -más importante aún- de quitarle a la ciencia la relevancia política que se le busca dar con el cambio institucional (falta de relevancia que, de acuerdo a la opinión de la comisión, explicaría parte importante de los problemas existentes), pudiendo el futuro ministerio de ciencia transformarse en la práctica en una suerte de “subsecretaría” de Economía.

Es probable que la Presidenta Bachelet tenga clara la urgencia de avanzar en la materia. Ya se ha reunido en anteriores ocasiones con la comunidad académica y científica, mostrando interés por el estado de nuestra ciencia. Y seguramente sabe también que la creación de este ministerio, a diferencia de otros recientes, no “parte de cero”, pues las agencias más relevantes implicadas en este cambio existen y cuentan con trayectoria, aprendizaje institucional, e incluso con infraestructura de reciente adquisición. En sus manos está hoy la decisión de avanzar en la propuesta que reúne un mayor consenso, la de crear un solo ministerio responsable de la conducción de las políticas y programas de fomento a la ciencia y la innovación, generando capacidades que fortalezcan y faciliten el bienestar y progreso del país. Alguna vez alguien dijo por ahí que Chile necesita una institucionalidad científica que sea buena para el país, no para los científicos. Ha llegado la hora de “refrasear” esta expresión: Chile necesita una institucionalidad científica que sea buena para el país, no para el Ministerio de Economía. La posición de la mayoría de la comisión asesora es clara, y la experiencia de los últimos diez años con el modelo de los “dos pilares” deja cifras preocupantes y frustraciones crecientes.

Lo que es claro hoy es que dilatar las urgentes decisiones en materia de institucionalidad amenaza con privar al país de soluciones a nuestros desafíos económicos, sociales, culturales y de políticas públicas. Aquí cabe recordar lo obvio: la ciencia es parte de la solución, y no parte del problema.

TAGS: #CienciaInnovación #PolíticasPúblicas Michelle Bachelet

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