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Ciencia: más que un debate entre el CRUCH y el Gobierno

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El actual estado del sistema educacional, en particular el de la educación superior, ha generado una serie de demandas por parte de los estudiantes y del Consejo de Rectores, entre ellas la necesidad de mayor y mejor financiamiento. Uno de los aspectos centrales que ha surgido por parte del CRUCH es la demanda de reformas en lo relativo a la investigación científica y tecnológica y a la formación de “Capital Humano Avanzado” (frase manoseada pero que se refiere, en términos generales, a la formación de estudiantes de postgrado). Esta demanda podría incluir, según algunas informaciones de prensa, la propuesta de incorporar a Conicyt (Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica) dentro de la hipotética Subsecretaría de Educación Superior. Si bien es valorable el interés por parte del Consejo de Rectores por avanzar en mejoras en esta materia, una propuesta de estas características posee implicancias negativas, tanto para el mismo sistema educacional como para la comunidad científica en general. 

1. Las actividades de investigación y desarrollo (I&D) en Chile son realizadas principalmente por universidades del CRUCH, con el aporte de sólo unas pocas universidades privadas. Una de las críticas que se hace del actual modelo educacional es que genera un exceso de profesionales en áreas donde el mercado laboral se encuentra saturado, y el mundo laboral científico ofrece precisamente lo contrario, ya que Chile posee uno de los promedios de número de investigadores más bajo entre los países OCDE, presentándose un importante escenario laboral. Pero, al hacer un pequeño repaso por las ofertas curriculares de las universidades privadas, observamos una ausencia generalizada de carreras relacionadas con la ciencia, especialmente en el área de las ciencias exactas y naturales. Y esto no es ninguna sorpresa: las carreras científicas no son “lucrativas”. De partida, son carreras costosas: se requiere no sólo de tiza y pizarrón, sino de costosos laboratorios de docencia, salidas a terreno, material pedagógico, docentes con formación de postdoctorado. En segundo lugar, son carreras de bajos aranceles: existe una baja demanda por estas carreras, dada la escasa valoración de la profesión científica en el país, lo que obliga a ofrecer bajos aranceles en comparación con carreras más tradicionales. El hecho de que en planteles privados no exista oferta de carreras científicas es un signo indirecto de su espíritu “comercial”. Sin embargo, el actual diálogo entre el CRUCH y el MINEDUC excluye a estos planteles del debate, privándolos de exponer sus necesidades, demandas y propuestas en esta materia. Y no sólo las universidades que no pertenecen al CRUCH quedan privadas de participar del diálogo. Lo mismo ocurre con el sector productivo: cómo facilitar la vinculación entre empresa y universidad en materia de I&D, o cómo promover la inserción de investigadores en el sector productivo, son preguntas que en el actual escenario de debate sobre reformas en materia de I&D difícilmente podrán ser abordadas con completa rigurosidad. 

2. No sólo universidades y empresas están siendo marginadas del debate. ¿Qué ocurre con la comunidad científica, los grandes protagonistas y afectados por las posibles reformas en esta materia? Los investigadores poseen sus propias visiones respecto a posibles reformas en materia de I&D. En esta dirección, el “Capital Humano Avanzado”, o los estudiantes-investigadores de postgrado (denominados así porque, además de su carácter de estudiantes, son el motor de la investigación del país a través del desarrollo de sus respectivas tesis de postgrado, especialmente doctorado) han indicado reiteradamente en los últimos años que se necesita una mejor institucionalidad científica con la autonomía y recursos suficientes para resolver los problemas que han ocurrido en los últimos años y que los han afectado en su desarrollo profesional. Por ejemplo, retrasos en convocatorias o entregas de beneficios de diversas becas para exponer los resultados de sus investigaciones a la comunidad internacional o para asistir a cursos de perfeccionamiento, actividades que permiten el desarrollo de sus actividades de I&D a niveles competitivos con los de investigadores de postgrado en los países desarrollados, han sido la tónica en el último tiempo.

Existe actualmente una vía que permite escuchar a los estudiantes de postgrado: la Asociación Nacional de Investigadores en Postgrado (ANIP), que existe desde hace pocos años, y ha realizado un serio trabajo interlocutor entre los estudiantes y otras instancias, como el mismo Conicyt. Sin embargo, la prensa ha fallado en otorgarle a esta institución la importancia que merece. Para mencionar un ejemplo, ante una serie de retrasos por parte de Conicyt en diversos programas de becas de postgrado, la ANIP realizó el año pasado una manifestación de esas que hoy se consideran “originales” o “atrevidas”, protestando con delantales blancos y libros, de manera pacífica, y entregando información a la ciudadanía respecto a sus problemas. Sin embargo, no apareció en ningún medio de prensa escrita o de televisión, demostrando la poca importancia que los medios en general otorgan a la ciencia.  

3. Finalmente, lo más grave es que una propuesta de incluir (más bien, sumergir) a Conicyt en una futura Subsecretaría de Educación Superior no hace más que reducir aún más la institucionalidad científica nacional. En este sentido, la ANIP, a través de la iniciativa “Más Ciencia para Chile”, ha propuesto que Chile necesita la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología o una institucionalidad de similar jerarquía, idea que coincide con las de otros organismos nacionales e incluso extranjeros. Y dicha propuesta no es antojadiza: más de 20 de los 34 países OCDE poseen Ministerios o Ministros de Ciencia y Tecnología, y son los países más sólidos en materia de I&D. Si miramos a nuestros vecinos, la situación es similar: existen Ministerios de Ciencia en Argentina, Brasil, Venezuela, e incluso en Trinidad y Tobago. De concretarse la idea de traspasar Conicyt a una futura Subsecretaría de Educación Superior, iríamos en la dirección totalmente opuesta a la de los países desarrollados o incluso de nuestros vecinos, con un modelo de institucionalidad científica poco común. Hay que añadir que dicho modelo mantendría separados a los mundos académico y productivo. Actualmente el mundo de la I&D “aplicada” al sector productivo se centraliza en el Ministerio de Economía a través de Corfo y la Iniciativa Científica Milenio, entre otros programas, mientras que la I&D “básica” que en gran parte las universidades realizan se centraliza en el Mineduc, a través de Conicyt y su programa Fondecyt, aunque resulta difícil entender esta separación o que al momento de resolver los problemas de los retrasos que afectan a los estudiantes de postgrado, nadie pareciera poder lograrlo pese a que el Capital Humano concierne al menos a dos Ministerios.

Sin duda, que el actual escenario de discusión de cambios en materia de I&D no es beneficioso, pues se requiere la participación de todos los actores relevantes, incluyendo a la comunidad científica joven. Existe el evidente riesgo de que estas reformas no tengan el alcance necesario, ni contemplen las necesidades del país. Chile necesita más ciencia, y eso incluye una nueva institucionalidad con carácter autónomo, mayor inversión, más formación de investigadores y su inclusión en el sector productivo, y mayor difusión y valoración de esta actividad, esencial para el desarrollo humano, tecnológico y económico.

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