#Chile 2030

Reflexiones para quienes aspiran a ser élite

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Quisiera dedicar estas breves líneas a quienes pululan habitualmente las redes sociales y que dicen tener no sólo ánimo sino también la más férrea decisión de acabar con el capitalismo (y hacerse cargo de su sucesión, por supuesto) y además desplazar a la élite que ha aferrado para sí la conducción tozuda de esta sociedad.


Las élites no han cambiado, como verán. Sí lo han hecho las muchas generaciones que han tratado de arrebatarle la conducción del orden social, fracasando en el intento.

Estas líneas constituyen parafraseo de uno de los mejores ensayos históricos que nos brindó el siglo XX -a mi juicio- sobre las élites y el orden institucional, para que reflexionen un poco más sobre monstruo que dicen conocer pero que con tan poca pericia muestran describir:

Relación entre modernidad y tradición:

“En diversas publicaciones he sostenido que esta relación no es dialéctica. (…) En el XVIII, la élite criolla, no obstante erigirse sobre una base social y económica tradicional, aceptó fuertes grados de modernidad a fin de controlar el cambio. La independencia agudizó aun más esta estrategia; la élite dirigente no dudó en aceptar un orden legitimante -potencialmente revolucionario- como el republicanismo, porque lo podía matizar mediante mecanismos electorales censitarios.” Esta característica sigue siendo predominante en las élites, mostrando así su principal atributo: adaptación a los cambios, siendo los institucionales lo más cómodos, por supuesto.

Concluye luego -sobre la capacidad de respuesta de la élite decimonónica- que:

“En efecto, esta es una élite que no ‘reacciona’ ni ‘restaura’; no necesita hacerlo. (…)su afán cooptador bien podía hacerla encarar nuevos desafíos, fundamentalmente el republicano-liberal, sin que por ello dejara de ser eminentemente tradicional, es decir, basada en una economía agrícola y en un orden señorial.”

Los cambios versan sobre aquellas materias donde se puede presentar ciertas dosis de mutabilidad sin perder mayormente la esencia: el orden económico y social (su tradición de poder). Agrega luego:

La élite chilena (del siglo XIX) aceptó al estado mientras no alterara el orden social y político establecido. De ahí su preferencia ulterior por el parlamentarismo, régimen que erigió al congreso como puente entre la sociedad tradicional y el estado administrativo potencialmente absolutista. (…)De ahí también su repudio a Balmaceda en 1891 y, más recientemente, su rechazo a los gobiernos planificadores de los años sesenta y setenta del siglo XX apelando a la intervención y apoyo a las fuerzas militares, entidades contempladas en la institucionalidad pero en el fondo propias de la sociedad civil”.

El mismo autor esclarece el párrafo anterior, esta vez en una entrevista con un famoso entrevistador nacional de apellido croata, en un programa de televisión minimalista, señalando que el momento clave que detona el quiebre de la institucionalidad en el siglo XX es justamente una reforma que logra romper uno de esos órdenes en la década del sesenta: la agraria. Con ella se logra la expropiación no tan solo de la tierra, sino del voto, lo que rompe el orden señorial y encierra a la derecha en un único camino posible: “ahí la derecha se vuelve fascista” -agrega-.

Las élites no han cambiado, como verán. Sí lo han hecho las muchas generaciones que han tratado de arrebatarle la conducción del orden social, fracasando en el intento.

TAGS: élite Gobierno

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Comentarios

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Servallas

18 de noviembre

No se coloca la fuente del trabajo, pero sospecho de Alfredo Joselyn-Holt. La visión en blanco y negro de la elite criolla es parte de la miopía con la cual algunos historiadores, Salazar entre otros,  han caricaturizado el asunto, en parte porque hay allí un hecho que les incomoda, la elite y no las supuestas fuerzas sociales son las que han generado y desde temprano los cambios sociales más significativo, basta mirar los nombres y ver las familias de muchos “revoltosos”, y ello ocurre en parte porque la elite es vasca, un tipo de nacionalidad muy diferente a las otras castas españolas en América. Pero hay otro hecho aún más significativo, el chileno medio, la base del país adopta en parte esa misma forma de ser, con lo cual algunas ideas, como las colectivistas, los socialismos reales chocan contra una mentalidad tipo isleña, individualista, algo austera, pero sobre todo que confía en sus propios medios.

21 de noviembre

No puedes pedirle a la derecha algo que no puede dar. Esperar de la derecha tolerancia, respeto, pensamiento de avanzada, es una ingenuidad, por algo es derecha. Es la izquierda la que tiene que ser sensata, ubicada, moderna, si no lo es ella nadie lo será. Obviamente la derecha se rebelo contra eso, obvio, no se iba a quedar tranqulita. Pero se rebeló mucho más contra lo de los años 70, porque era mucho más radical. Imagino que en los 60 la izquierda pensaba que Chile era muy de derecha, comprensible a lo mejor para la epoca. Pero a ver como piensan que vivimos ahora, somos un pais de ultraderecha. Ese pais “tibio”, “que no se sabe si es de izquierda o de derecha” de los 60 resulta que es muchisimo mas de izquierda que nuestra propia epoca. Era tan de derecha ese Chile?, donde no se hablaba de educacion gratuita porque era un estandar aceptado?, donde habia muchas empresas estatales? Por supuesto ahora hablamos de educacion gratuita como si fuera una revolucion, el ultimo pensamiento de avanzada, como si viviesemos en 1895. Perdon pero temas como la educacion o la salud son “del año de la cocoa”, no son novedad, no se necesita una revolucion para implantarlos porque son de sentido comun. Detengamonos un momento a pensar cuanto se habia logrado en 1969 sin necesidad de extremar los cambios y cachemos cuanto perdimos? Cuanto? Tenemos salud y educacion gratis ahora? Cuanto de culpa tenemos como izquierda? Sin autocritica no hay evolucion.

Servallas

21 de noviembre

Mirar la historia de un país desde la perspectiva de las izquierdas o las derechas, porque hay varias versiones sobre lo mismo, es al menos no conocer a las personas, la izquierda a la que apuesta todas las fichas no es más que una ilusión del pensamiento, muy reforzada por cierto por la producción encadenada de miles de intelectuales, quizás no se puede decir lo mismo de las derechas, que se ven más bien como una línea de contención, pero allí, detrás de esas máscaras esta el país real, el que a veces se equivoca y a veces acierta, pero no es la izquierda su salvadora ni su guía. Las corrientes políticas velan por sus intereses, por sus camarillas, por sus cuadros y objetivos, pero no por las personas comunes y corrientes, esos son apenas insumo en sus ecuaciones. Sobre lo mismo, la “tolerancia, respeto, pensamiento de avanzada” pertenece a las personas, a sus convicciones, a su humanidad, no es patrimonio de la izquierda, en mi visión, tiene el aspecto de ser todo lo contrario.

22 de noviembre

Es poco serio hacer un análisis de una obra sin mencionar su título ni el nombre del autor, más aún si inserta citas textuales sin analizar el contexto al que pertenecen.

María Loreto Soler

23 de noviembre

Excelente reflexión sobre las élites.

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